miércoles, diciembre 12, 2012

Plan Chile III: Nivel Nacional, Parte I. Grandes Empresas


Sin ser un experto, para los detalles, en términos generales no es del todo complicado poder establecer cuales son los caminos más adecuados para enfrentar el Declive Energético de la Civilización Occidental a nivel nacional. Nuestra nación no es productora de petróleo, es decir, es un importador neto. 

Nuestra producción energética está dada por nuestra matriz hidroeléctrica y, en menor medida, la basada en carbón (mientras la densidad energética de éste y nuestras reservas lo permitan). Hay desarrollos incipientes de otro tipo de energías no convecionales, pero nuestro mercado es muy reducido para considerar que aquellos desarrollos prosperen del todo y, también están, vale decir, proyectos de mega centrales como HydroAysen o las anteriores sobre el río Bio-Bio, ambos muy resistidos por la opinión pública. 

Actualmente se está comenzando a notar una contracción que, por ejemplo, ha retrasado la decisión de comenzar con la construcción de HidroAysen. Probablemente, los inversores han trabajado mejor los escenarios de disponibilidad de recursos y se han dado cuenta que es un inversión de sumo riesgosa dado el escenario de disponibilidad de petróleo que deberá enfrentar la construcción de la represa. El último informe World Energy Outlook 2012 (WEO 2012) de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) describe este problema y, si se escarba un poquillo, la declinación del diesel producto de la disponibilidad de petróleo de buena calidad es preocupante, sobre todo en un escenario de demanda creciente en el entendido que las grandes economías de países emergentes (China, India, Brasil, etc.) se mantienen en crecimiento y que la oferta de exportación de debería menguar por el mismo efecto de la demanda interna de los países exportadores y que es el problema asociado al Export Land Model propuesto por Foucher y Brown. Este último aspecto del problema -del declive del petróleo- es de suma importancia ya que determina que los efectos para Chile de las últimas proyecciones del WEO 2012 serán desastrosas en cuanto somos importadores netos y, sobre todo, terriblemente chicos.

Grandes Empresas.

Así, por su parte, es probable que las grandes compañías mineras y las grandes empresas, en general, puedan suplir sus déficit energéticos dentro de su propio proceso productivo. Por ejemplo las empresas papeleras han incorporado la producción de electricidad usando la biomasa residual de la explotación de los bosques. Independiente de los problemas de la Biomasa y la escases de fósforo que acarrearía, aquella es un alternativa que sólo se sustenta si existe un combustible que permita adecuadamente el transporte de esos residuos desde los fundos a la planta de Biomasa.

Por su parte, las empresas mineras, que usualmente en Chile están en el norte árido, puede desarrollar centrales fotovoltaicas que les permitan mantener un flujo constante de energía electrica para la operación de las principales actividades de procesamiento de mineral -si ello fuera posible. Es un negocio secundario que permitiría, en muchos casos, recuperar inversión a través de la venta de la energía residual. Es, también, un modelo interesante de desarrollo de la matriz energética toda vez que es distribuido. 

Lo complejo para ese tipo de industrias extensivas en territorio y en masa transportada es que la principal fuente de energía que requieren para su subsistencia es una que permita mover maquinaria pesada y para ese tipo de energía no hay sustituto. Para el petróleo en las condiciones de uso que requieren la maquinaria pesada no hay sustituto y, muy probablemente, nunca habrá. Pese a que algunas empresas mineras intentarán generar biodiesel a partir del reciclaje de aguas de negras en plantaciones de jatropha (en este video pueden ver aquello) es poco probable que con ese biodiesel puedan sustituir al diesel dada la menor densidad energética del primero y los problemas de mantenimiento que producen a los motores.

Es, entonces, la producción industrial la que será más vulnerable a los problemas energéticos. Ésta, al requerir mayor volumen y variedad de energía, será dependiente de sistemas complejos que, dado el probable deterioro de la capacidad de desarrollo y de mantención de los mismos será difícil que permita a aquella operar sin ripios energéticos deteriorando por lo mismo, los niveles y la calidad de la producción. Además, considerando que la fiabilidad de los sistemas de energía está asociado a costos crecientes, entonces aquel costo es probable que sea traspasado al producto quitándole competividad a la empresa lo que, a largo plazo, determinaría su salida del mercado.  

Una de las principales ventajas de la producción industrial radica en las economías de escala que se pueden obtener al manejar volúmenes grandes de producción. Muchos de los productos que se desarrollan en la mayoría de las industrias son productos que pueden ser desarrollados a nivel local o artesanal, pero a un costo muy alto; entonces la economía de escala es aquella que permite, dado el volumen de producción, reducir costos. Alguna de las formas usuales en que esta reducción de costos ocurre es a través de la automatización y de la centralización de la producción, entre otras. Así, lo anterior hace que la producción industrial sea muy dependiente del uso de máquinaria y, sobre todo, de adecuadas cadenas logísticas tanto de materia prima como de distribución de sus productos. Lo que, en el fondo, la hace altamente dependiente de la energía y es aquí donde está el punto débil del entramado industrial en nuestra civilización y, especialmente, en Chile.

El deterioro de las grandes empresas será inevitable, su huella energética es alta y la disponibilidad de energía mermará rápidamente. Es probable que estas empresas se mantengan en el mercado realizando economías en aspectos claves. Por ejemplo este caso de la Aerolinea Sky en que se ha institucionalizado un ranking de pilotos que ahorran combustible describe dramáticamente lo que les hablo. Estas economías o reducciones de costo serán a riesgo de los clientes, como en el caso de la aerolínea, o en aspectos que no impacten en la línea principal de producción de la empresa como son personal, bienestar, ambiental, etc. lo que es comprensible dada la necesidad de supervivencia de la empresa, pero no es aceptable dado el costo que aquellos ahorros significarán. El manejo de las mal llamadas externalidades serán claves en este proceso, en este link se puede ver la opinión de nuestra ministra del trabajo, Evelyn Matthei, validando aquel tipo de prácticas a partir del viejo argumento del empleo

Luego de muchos años de desarrollo tecnológico es poco probable que haya innovaciones tecnológicas que permitan, en las líneas principales de producción, obtener ahorros significativos y, que las empresas se orienten adecuadamente a prácticas más sustentables en este nuevo escenario de estrechez.

Así, la primera medida que un país como Chile debería realizar es evitar seguir subsidiando a las grandes empresas. Un buen ejemplo de aquello es el subsidio al desarrollo forestal dado por el Decreto Ley 701. Este artículo escrito por Claudio Donoso Z. da una clara visión de las características de aquel subsidio y de la necesidad que el estado, es decir todos nosotros, dejemos de entregarlo y, por lo mismo, focalicemos nuestra acción de ciudadanos en otros sectores que requieren de forma más urgente ser apoyados. Observen que los argumentos de don Claudio sólo están orientados por las externalidades negativas que ha significado la industria forestal en un escenario de alta disponibilidad energética, presupondrán que en un escenario de merma energética aquellas externalidades serán más acentuadas y más negativas (no hay otra posibilidad). En el mismo contexto, el forestal, la opinión de don Claudio también propone aquellos pasos que considera más adecuados dado este escenario: perfeccionar la Ley del Bosque Nativo de modo que realmente sea un incentivo desarrollar y, sobre todo, recuperar el bosque que nos permite almacenar y obtener agua de alta calidad con un coste energético mínimo, cosa que han comprendido hace años en Nueva York. Del mismo modo y desde la perspectiva de la disponibilidad de alimentos futura, para nuestra seguridad alimentaria -de la que ya se ha comenzado a hablar- un subsidio específico a bosques mixtos que contemplen castaños u otros árboles de frutos suculentos permitiría el desarrollo de una base de boscosa de alimentos que ayudaría a paliar el seguro declive de nuestra industria agrícola basada en combustibles fósiles y, de la misma forma, ayudaría a superar más fácilmente eventos de origen climático.

El estado, es decir todos nosotros, debe invertir en sistemas que sean menos dependientes de la energía. Las grandes empresas son muy vulnerables al uso de la energía en grandes cantidades (ya hablamos que es la economía de escala la razón de ser de una gran empresa, eso en desmedro del uso eficiente y sustentable de la energía) y, por el contrario, son las pequeñas y medianas empresas las que, al tener su esquema de producción a escala humana, podrían generar mecanismos que ayuden a paliar el declive energético y mantener los sistemas de producción. Por ejemplo, un pequeño huerto puede ser mucho más resistente a eventos como una sequía extrema o un corte de energía que una gran plantación de base mecanizada.

[1] Así, la primera medida que debe comenzar a tomar el país para virar a una economía que sobreviva adecuadamente al fin de la civilización industrial es dejar de subsidiar a las grandes empresas y refocalizar esas ayudas a fortalecer un entramado local de pequeñas empresas orientadas al desarrollo de productos y servicios en orden de prioridad: alimentación, vestuario, vivienda, transporte, etc. 

Este primer punto no es fácil ya que las presiones económicas que habrá detrás de su materialización serán fuertes. Pero yo me remito a exponerlo, las formas que como país elijamos para desarrollarlo determinarán a la larga el éxito de nuestra propia estrategia de transición y supervivencia.

Me imagino que tu, como consumidor y, al mismo tiempo, como empleado y, sobre todo, como contribuyente y ciudadano tienes el deber de plantearte con opiniones fundadas con respecto a este aspecto clave en el camino del fin de la civilización industrial. Es nuestra modesta contribución al futuro.

En fin, se trata de donde invertimos el dinero que se recauda en impuestos. Las grandes empresas no serán rentables para los ciudadanos, por lo tanto no nos conviene invertir en ellas como país. 

Este plan a nivel nacional continuará en otros post ya que hay varios aspectos que deben ser revisados: las grandes ciudades, el sistema de transporte, etc.

Suerte
Gus