Pienso que la humanidad, con el gran desarrollo tecnológico del siglo pasado, ha abandonado la escala humana para entrar en una escala que fácilmente puede distorsionar las cosas y hacerlas claramente más complejas de vivir y que, por lo mismo, requieren más energía.
Lo anterior es muy fácil de analizar desde la perspectiva de la escala humana y como esta escala cambia al introducir el automóvil.
El radio de acción que una persona que se desplaza caminando para un viaje de ida y vuelta desde un origen considerando un tiempo de una hora es máximo 2.5 kilómetros. Si aquella persona se traslada en un vehículo, este radio de acción se extiende a 40 kilómetros, suponiendo que el vehículo se desplaza a 80 Km/hr.
Un radio de acción de 2,5 kilómetros es el 0,37% del área de un radio de acción de 40 kilómetros. Es decir, habría alrededor de un 99% más de posibilidades de lugares que alcanzar si uno se cambia a la escala de un automóvil.
Ello significa que cuando se camina (a escala humana) las decisiones de donde ir son bastantes más simples de tomar que si uno tiene un automóvil, dado que las posibilidades son bastante menores.
Del mismo modo, una mayor cantidad de posibilidades son más difíciles de realizar lo que produciría mayor frustración a que si hubiese menos.
Así, al alejarnos de la escala humana tenemos tres posibilidades: (1) Invertimos mucha energía, y tiempo, para dar cuenta de las posibilidades o (2) desarrollamos algún tipo de tolerancia a la frustración o (3) tomamos conciencia que estamos a una escala que no nos corresponde.