He sido cristiano durante la mayor parte de mi vida. De hecho sigo siendolo en el entendido que ser cristiano se relaciona con creer en cristo, en Jesús el Cristo.
No creo en dios, pero ello no me impide en creer en la figura de cristo, de Jesús el cristo. Además, las creencias desde mi perspectiva son ideas que yo tengo la libertad de cambiar, por lo cual esta creencia no me ata y tampoco me hace cómplice.
No creo, eso si, en la figura de Jesús como un ser divino o como un ser real. Jesús es un símbolo de algo.
Independiente de lo que uno crea, igual hay muy pocos antecedentes históricos de la figura Jesús. La principal fuente que prueba su existencia corresponde a los evangelios, pero dudo que los evangelios sean del todo objetivos (son como blogger con la orientación correcta).
Que la existencia de Jesús sea real o no no impide hacerse un par de preguntas respecto a su figura y su doctrina, por ejemplo, ¿porqué surge su figura asociada a al pueblo de Israel? y ¿porqué su doctrina se centra en el amor cuando la doctrina del padre se centraba en la obediencia?
¿Qué motiva este cambio tan profundo?
Riane Eisler, la autora del libro "El caliz y la espada" propone que la figura de Jesús es la articulación del resurgimiento de la diosa en oposición al dios. Según ella, la historia se articula en una especie de lucha entre valores femeninos (representados por el caliz) y valores masculinos (representados por la espada). Su tesis me hace sentido, de hecho cuando propongo la idea de dios-padre asociando su surgimiento a las culturas patriarcales de tribus de pastores con depredadores violentos, estoy haciendome eco de su tesis.
Pero ello no quita que le demos una vuelta más a la tuerca de la especulación y revisemos con total libertad una alternativa a la que le he estado pensando.
Cuando vemos actualmente las estrategias frente a la invasión de un ejercito poderoso (como el de Estados Unidos) sobre territorios con fuerzas armadas débiles (como Afganistan), vemos lo que podría ser un símil, guardando las proporciones, de lo que ocurria al pueblo de Israel en tiempos del imperio romano y del, eventual, nacimiento de Jesús.
Estrategicamente los talibanes afganos no enfrentan en una guerra convencional a los Estados Unidos (como tampoco lo hicieron con el Ejercito Rojo) sino que usan estrategias de guerra de guerrillas o terrorismo.
Es decir, plantar cara a un enemigo poderoso es, claramente, un suicidio estratégico.
Qué ocurre cuando el Imperio Romano ocupa las tierras del pueblo de Israel? Básicamente tenemos, por asociación, una situación similar. Un enemigo poderoso al cual el Pueblo de Israel no puede plantarle cara y, dado aquello, debe establecer estrategias distintas para articular la resistencia.
Una de aquellas puede ser el surgimiento de valores distintos que establezcan la diferencia, por oposición. Si los valores del padre son: poder, dominación y apropiación aquellos no podrían ser articulados y apoyados por el pueblo de Israel ya que con su validación estarían validando la ocupación y subyugación del Imperio Romano.
Así la figura de Jesús articula valores que se oponen a los valores del dios-padre y, con ello, articula una resistencia a Imperio y a los valores más ortodoxos de la tradición del Pueblo de Israel.
Es decir una situación de crisis coyuntural como es la ocupación Romana hace emerger valores que se contraponen a los valores tradicionales en parte por que la fuerza invasora también los sustenta.
Esos valores culturales contrapuestos se articulan en la resistencia, la cual permite hacer emerger un tercer frente de oposición tanto a la ortodoxia como al mismo Imperio. Esta guerra de guerrillas cultural prende en el seno mismo del imperio llevando a éste a su transformación y, finalmente, a su destrucción como tal.
Es probable que la figura de Jesús haya existido como un carpintero miembro de la resistencia ideológica que, probablemente, ha ayudado a organizar al pueblo en torno a valores que materializan la distinción. Pero también es dable que la figura de Jesús sea un tema literario recurrente de esa época, un mito sobre el cual se escribe. Una figura épica de la resistencia sin existencia real. Entre otras tesis de por qué de su existencia.
Finalmente, los valores que permitieron hacer el cambio y vencer la resistencia del Imperio se perdieron. La Iglesia, al retomar la posición de poder volvió a hacer emerger la figura del padre y junto con ello el poder, la dominación y la apropiación. Como lo prueba: la inquisición, su rol en la conquista de américa y muchos otros eventos.
Así, la figura de Jesús articularía una estrategia no violenta de oposición al Imperio y, por lo mismo, de oposición a la ortodoxia.
Gracias a aquello se instala en la cultura un valor nuevo: el amor.
Cuando actualmente estamos observando como la cultura del padre, autodestructiva, se aproxima en forma inminente a sus estadíos finales producto de la sobre explotación de los recursos naturales, especialmente el petroleo. Entonces tenemos la urgante necesidad de articular una nueva cultura que permita la reconstrucción posterior.
Los valores sobre los cuales se sustente esa nueva cultura ya no pueden ser los asociados al padre: poder, dominación y apropiación. Y, por lo mismo, debemos articular nuevos valores que permitan que la nueva cultura se pueda sustentar sin generar dinámicas destructivas y autodestructivas tan violentas como las que hemos vivido a merced de esta cultura del padre.
El amor es uno de esos valores.
Pero, la cultura autodestructiva se ha apropiado de él y ya no podemos usarlo para paliar el proceso. Requerimos de otro valor y, desde mi perspectiva, ese debería ser el equilibrio.
Pero ya no requerimos de otro Jesús y tampoco requerimos de un nuevo dios.
No podemos distanciarnos de la cultura del padre si esperamos la venida del padre.
De hecho no vendrá.
Como tampoco vendrán a salvarnos el gobierno, las industrias, los extraterrestres, el rayo cósmico, etc.
Nada nos salvará.
Sólo nosotros.
Sólo tu debes hacer el esfuerzo de mirarte y transformarte en un miembro de una nueva cultura.
Con valores nuevos.
En equilibrio.