sábado, diciembre 17, 2011

Equilibrio

Un valor sobre el que deberíamos trabajar como humanidad, para atenuar el colapso inminente y, con ello, fundar las bases de la nueva cultura posterior es el valor del equilibrio.

De qué hablo cuando hablo de equilibrio?

Hay muchos tipos de equilibrio. Hay un equilibrio de máxima entropía que podríamos describir, en forma gruesa y pertinente, como lo que representa el planeta Marte. Supongamos que Marte en algún momento fue como la Tierra (alguna evidencia hay) es decir, había un cierto grado de orden fuera del equilibrio entrópico, probablemente había agua y, con ello, algún tipo de nubes, clima, hielo, rios, etc. había diferenciación y esa diferenciación era producto de la energía: la energía del sol.

Ese sistema abierto a la energía, como cualquier otro sistema abierto, estaba en camino a la degradación indiferenciadora. Aquella es la inevitable tendencia a la entropía a la que cualquier sistema abierto está condenado. La única forma que se conoce de ralentizar esa tendencia es el consumo de energía que, como sabemos, en el proceso se degrada, transformándose, por lo cual siempre la energía disponible será de menor calidad en todo el sistema.

Marte, al igual que la Tierra en el futuro, perdió su dinámica energética, su ciclo de aprovechamiento de la energía solar, al no tener un fluido disponible (probablemente ahora hay sólo hielo), dejó de funcionar y Marte perdió su diferenciación (ya no hay nubles, rios, lagos, etc.) y todo el planeta está más cerca del equilibrio entrópico.

Es probable que Marte haya perdido su organización por que el Sol, al estarse enfriando, haya dejado de proveer energía de la calidad requerida por el sistema que Marte había desarrollado para sostener esta diferenciación.

Como observarás, no es a ese tipo de equilibrio, de alta entropía, al que me refiero cuando hablo de nuevo valor. Sino que el valor que pienso puede sernos útil en esta época de transformación es un equilibrio dinámico que permita preservar la diferenciación del sistema a la vez que retrase, lo más posible, su degradación.

La cultura autodestructiva con su énfasis valórico puesto en el crecimiento, y no en el equilibrio, lo que hace es acelerar las dinámicas de utilización, y degradación, de la energía disponible, finita de los combustibles fósiles o relativamente infinita pero de menor cuantía como la del sol.

La necesidad de crecimiento que impone la cultura autodestructiva acelera este proceso volcando a la humanidad a un inevitable colapso toda vez que la energía disponible de los combustibles fósiles se degrada aceleradamente y la energía disponible del sol no tiene la capacidad de reemplazarla.

Las fuentes de energía fósil son un reservorio natural finito de energía solar (similar a los árboles) que nosotros quemamos para que esa combustión pueda realizar un trabajo que, dependiendo de la tecnología, puede reemplazar a miles de horas de trabajo humano o animal.

La finitud y, sobre todo, la reducción paulatina de la disponibilidad de energía fósil es el aspecto clave de la crisis coyuntural que comenzaremos a vivir, en esta época, como humanidad.

Este valor: el crecimiento y los valores asociados como: el poder, la dominación y la apropiación han, históricamente, generado una presión desmedida por los recursos naturales y, al mismo tiempo, una ceguera endémica a los peligros de la sobre explotación de los mismos.

Así, volviendo al hipotético equilibrio dinámico de Marte como sistema abierto a la energía del sol y su degradación como tal para que, actualmente, sea un sistema más bien en equilibrio entrópico que no tiene una estructura diferenciada que pueda aprovechar esa energía. Podemos ver que el equilibrio que nos interesa es aquel que permite mantener y, ojalá, profundizar esta diferenciación que ayuda a la sustentación del sistema como tal.

En nuestro caso, es probable que el debilitamiento del la energía del sol haga insostenible la vida en la tierra en un futuro lejano así que la principal amenaza para la vida en general y la humana en particular está en la degradación que significa la sobre explotación de los recursos por perseguir un valor ilusorio, el crecimiento, en un contexto que no lo permite: la finitud del espacio físico, una isla planetaria.

El principal ejemplo de esta degradación autodestructiva lo encontramos en la sustitución de los bosques naturales por cultivos agrícolas o por plantaciones artificiales de bosque en esquemas de mono cultivo. No es dificil observar, en un viaje al campo, la diferencia entre un bosque natural (caótico, diverso, sucio, autosustentable, etc.) y una plantación artificial (ordenada, limpia, vulnerable, etc.) y con ello la pérdida de diversidad en pro del crecimiento (el poder, la dominación y la apropiación).

Un bosque natural no permite la expresión de esos valores, principalmente la ilusión del control (asimilable el poder, la dominación, etc.), valores que si permite un bosque artificial. Un bosque natural crece desordenadamente, con variedad de especies, muchas de ellas no productivas, generando escenarios complejos para la proyección, la estimación, el retorno, etc. en cambio un bosque artificial si permite la evaluación del éxito futuro y se adecúa más a los valores de la cultura autodestructiva.

Te has preguntado por qué te gusta un bosque artificialmente ordenado?

Te has preguntado por qué te intimida un bosque natural?

Por su parte y a modo de disgresión, un bosque como recurso energético (biomasa) tiene una eficiencia mucho menor al combustible fósil. Un bosque transforma la energía del sol en una fuente calórica que es mucho menor, en ordenes de magnitud, que la energía proveniente de los combustibles fósiles. Para ello puedes hacer un pequeño ejercicios asociado al volumen de leña que necesitarías para mover un tren y, compararlo, con el volumen de combustible fosil (petroleo) para lograr el mismo resultado.

Imagina un automóvil a leña.

Así, el equilibrio dinámico que se organiza como el principal proceso de auto-sustentación de, por ejemplo, un bosque natural es, desde mi perspectiva, el valor que debemos, en forma urgente, instalar como el principal valor de la nueva cultura en contraposición al valor del crecimiento que nos autodestruye.

Este equilibrio dinámico, como la homeostasis de Canon que da origen a la Teoría de Sistemas de Bertalanffy es y debería ser, desde mi perspectiva, el aspecto central de nuestra preocupación valórica de aquí en más.

Más adelante veremos la ventaja que este valor puede suponer para nuestra vida y para la vida en general.