Hoy en la tarde ha pasado por mi casa un joven, cristiano, con una invitación a conocer como dios nos salvará de esta, altamente probable, autodestrucción a la cual nos lleva la humanidad en su camino a ciegas al precipicio.
Le reafirmé el concordar con su apreciación de que ibamos todos al precipicio pero que lamentablemente yo no creía en dios y, por lo tanto, dios no nos iba a salvar de aquella inminente caída.
Si, pensando posteriormente, es probablemente aquella lógica de esperar que alguien nos salve es la que, por lo mismo, nos lleva al precipicio.
Desde mi perspectiva es la lógica autodestructiva subyacente a la idea del dios-padre y los valores relacionados con el crecimiento: el poder, la dominación y la apropiación lo que irremediablemente nos está conduciendo al precipicio.
Es aquella lógica la que ha permitido este desmedido aumento de la población, fuera de todo equilibrio para, y por lo mismo, pavimentar la senda a la escases producto de la finitud de los mismos recursos que han propiciado esta explosión.
Claro, es el dios-padre quién nos dice, crecer y multiplicaos, y es también quien nos entrega, a los humanos, la creación.para dar cuenta de ella como señores de la misma:
"1:28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra."
Así, obedientes, le hemos hecho caso al señor y hemos crecido, nos hemos multiplicado y hemos sojuzgado toda criatura del cielo, del mar y de la tierra y... finalmente, consumiremos todo y... cuando estemos próximos a el fin entonces el señor no vendrá a salvarnos.
No vendrá.
No vendrá por qué no existe, ha sido nuestra cultura y no al revés la que ha creado al señor.
Nuestra cultura autodestructiva se articula en todos los planos en la figura del padre: en el religioso ya lo hemos visto, en el politico antes teníamos a los reyes ahora hay presidentes y autoridades, en los negocios la figura del padre es omnipresente tanto desde la perspectiva del que dirige como desde la perspectiva de la salvación. Es una empresa la que nos salva de quedar a oscuras en la noche, una empresa la que nos salva de no tener agua, etc.
Así, la figura del padre es la que permea y lanza a la cultura autodestructiva hacia el precipicio.
El padre no tiene las respuestas.
No las ha tenido nunca.
Y sólo ha camuflado su ignorancia con la exigencia de obediencia.
Es adecuado que ya dejes de ilusionarte con que alguien o algo te va a salvar.
No hay nadie.
Sólo tu y tus circunstancias.
Sólo tu y tu nicho ecosistémico.
Sólo tu y las relaciones en equilibrio que puedas desarrollar van a evitar que caigas al precipicio.
Despierta de este sueño ilusorio.