Hoy hablaba con mi mujer sobre temas diversos hasta que ella encendió, vía algunas palabras claves, el tema que me entretiene que es la historia no escrita de la cultura autodestructiva que nos somete a su arbitrio y alimento.
Todo comenzó con el cuento de "Los Tres Chanchitos" que a veces me entretengo en transformar con segundas y terceras partes, para mi hija, y en que busco reinvindicar a ese inocente que es el lobo, recuperar el valor de construir en madera y en paja, someter a ese chancho Práctico a la hipoteca de un banco malvado, etc.
Si la cultura autodestructiva nos ha podido torturar con ese cuento desgraciado en nuestra niñez tengo todo el derecho de inventar cuentos, variaciones al mismo, que permitan translucir los nuevos valores y desenmascarar las mentiras que, subliminalmente, aquel cuento y otros nos han inculcado.
Un lobo nunca es un lobo. Nunca es solitario sino una manada. Y mata para comer. Es decir, es un ser equilibrado y respeta la diversidad. Un ejemplo para algunos próceres de la cultura autodestructiva.
De ese cuento pasamos al de Hansel y Gretel y ahí la cosa se me pone más compleja. La bruja es un invento que, con alta probabilidad, se desarrolló en la edad media como una forma de alejar a las mujeres de la práctica de la medicina y hacer, de dicha práctica, una exclusiva de hombres. Creo haber leído algo de ello en el libro El Cáliz y la Espada.
En el mismo prólogo del libro, Humberto Maturana hace referencia a uno de los probables orígenes de la cultura que nos autodestruye y la sitúa en tribus pastoriles (como bien hace Riane Eisler el interior del libro) con la salvedad de realizar una asociación más fuerte a la figura del lobo (o eso lo hace en el libro "Amor y Juego"?).
Bueno, pero la cosa es simple y la podemos resumir en los siguientes aspectos:
[1] Las sociedades matrilineales devinieron, en su mayoría, en sociedades patriarcales en algún momento de la historia.
[2] Este momento de surgimiento del patriarcado está, muy probablemente, asociado a la domesticación (de plantas y animales) y, con ello, a la idea de creación y pertenencia. La fuerza física (para arar y cuidar el ganado), en este contexto, da una ventaja a los hombres sobre las mujeres, cosa que no ocurría en la época en que la humanidad era recolectora-cazadora. Además hace surgir el asentamiento permanente (pueblos y ciudades) gracias a los excedentes y a que no es necesario moverse para obtener alimento.
[3] Estas sociedades patriarcales inventaron al dios-padre (no así el concepto de dios) con objeto de culturizar a niveles místicos y religiosos la idea de la creación (dios padre creador que entrega en uso, comodato, la tierra a sus hijos) y, con ello, la apropiación.
[4] Con la apropiación aparece el derecho sobre el bien y el no derecho de los otros. Los otros, como el lobo, distintos depredadores y otros humanos pasan a ser una amenaza y la emoción predominante de la cultura es el miedo (y su subproducto: la angustia a algo imaginado).
Lo demás es historia conocida. Pero lo importante es lo que acabo de escribir. Los hitos claves de la evolución de la tontera.
El mundo no tiene por qué guiarse de esta forma y menos por esos valores desvalorizados.
Hay que hacer un esfuerzo y rápido para instalar nuevos valores y, con ello, desarrollar una nueva cultura. No una que impida la autodestrucción que es inevitable, sino una que quede como herencia a los hijos de nuestros hijos.
En ello considero que es clave despejar las ideas.
Y las ideas son claves.
Hay que eliminar la mayoría de las ideas tontera que plagan nuestro universo intelectual.
No existe nada más allá de nosotros y la tierra.
Nuestra capacidad de pensar es un logro evolutivo comparable a la mandíbula de un tiburón, la velocidad del chita, la clorofila en los vegetales, etc.
El pensamiento no es un don entregado a nosotros por un dios que no existe.
Tampoco somos de origen extraterrestres.
Y somos muy parecidos a una mosca en cuanto especie animal.
Aunque si somos distintos, ya que la mayoría de nosotros somos más desequilibrados e infelices que una mosca.
Somos una especie más (desequilibrada y loca eso sí).
En estado natural, es decir, equilibrados y respetando la diversidad, somos una especie que puede y debería encontrar su adecuado nicho ecológico.
Pero para ello hay que bajar del cielo y venirse a la tierra.
Y cuando digo a la tierra es a la tierra no al cemento del mall.
Suerte