Existirá una ecología de la mente? Y si existiera, qué forma tendría que tener?
Ya hemos revisado en post anteriores o en El Tarro de Lata aspectos relacionados con mi cosmovisión, en la cual la mente (como un sistema de pensamientos) es, finalmente, sólo un logro evolutivo, una casualidad, producto de otras casualidades y acciones de nuestros antepasado, muy probablemente la liberación de la mano, que finalmente devinieron en la modificación de la estructura del cerebro y el desarrollo del pensamiento más complejo. Nada muy diferente a los dientes del smilodón o del tiburón.
Así, la mente no es más que un sistema de ideas o pensamientos que se autoorganizan y que al estar fuertemente imbricados a nuestro sistema emocional, producto de su propio desarrollo, establece vínculos muy fuertes con nuestras emociones, tanto desde el propio emocionar que genera pensamientos como desde el pensar que genera emociones (pueden ejercitar en ambas direcciones para comprobar aquello).
Las culturas orientales han detectado esta dualidad (lo mismo que la cultura occidental) y han pensado que es un problema (lo mismo que la occidental) y han desarrollado métodos que se orientan a "apagar la mente" para resolverlo, a eso le han llamado meditación. Por su parte la cultura occidental también ha desarrollado métodos para resolver ese problema, cosa que han llamado el racionalismo, o sus derivados, en que hay un predominio de la razón por sobre los aspectos emocionales; aunque para los occidentales la "solución" se ha orientado principalmente a desacreditar las emociones.
Desde mi perspectiva es probable que uno u otro método tengan algunos resultados válidos. Aunque ambos, pienso, niegan más que integran. El oriental propugna una especie de negación del pensamiento, mientras que en el occidental la negación se orienta a las emociones.
Yo creo que es posible una vía alternativa relacionada con el título de libro de Bateson.
Siento que como occidentales nos resultaría más factible el profundizar el concepto de una ecología de las ideas, es decir un sistema en equilibrio dinámico, diverso y adecuadamente autosustentable que permita que las ideas surjan, se desarrollen adecuadamente y mueran -para dar paso a otras ideas- de modo que no haya una prevalencia de unas sobre otras que, de alguna forma, mantengamos múltiples vías de desarrollo de ideas, sin apegos a las mismas, sin obsesiones, patologías, etc. Y, junto con ello, tener una mente sana, libre de dogmas, de ideas fijas, una mente con libertad. Así, entonces, junto con esta mente en equilibrio ecosistémico nuestro sistema emocional sería el fiel reflejo de aquel otro, también equilibrado, donde no estaría la emoción del sufrimiento, de la angustia, del dolor permanente, de la tristeza depresiva, ya que no habría pensamientos que alimenten aquellas emociones. Un ecosistema donde todas las emociones están en su justa dimensión según las circunstancias y no las ideas.
Un sistema de ideas ecoequilibrado nos permitiría retrotraernos a un espacio emocional menos permeable a las mismas ideas y pensamientos, tanto por que ya las mismas emociones se equilibran como por que no hay preeminencia de algunas ideas sobre otras; con lo cual estas ideas dejan de tener la importancia que actualmente tienen y nuestra mente se mueve con naturalidad desde áreas de pensamiento a otras, sin detenerse patológicamente en alguna.
No sé, es sólo una idea.
Si aquel aspecto lo complementamos con aquella emoción del amor, desarrollada y madura, que actúa como un bajo continuo de nuestro sistema emocional... no lo veo como una mala posibilidad.
Si vives con el corazón, entonces es cosa de hacerse la pregunta por la ecología de la mente y, muy probablemente el mundo y la tierra te traerán respuestas.
Suerte
Yo creo que es posible una vía alternativa relacionada con el título de libro de Bateson.
Siento que como occidentales nos resultaría más factible el profundizar el concepto de una ecología de las ideas, es decir un sistema en equilibrio dinámico, diverso y adecuadamente autosustentable que permita que las ideas surjan, se desarrollen adecuadamente y mueran -para dar paso a otras ideas- de modo que no haya una prevalencia de unas sobre otras que, de alguna forma, mantengamos múltiples vías de desarrollo de ideas, sin apegos a las mismas, sin obsesiones, patologías, etc. Y, junto con ello, tener una mente sana, libre de dogmas, de ideas fijas, una mente con libertad. Así, entonces, junto con esta mente en equilibrio ecosistémico nuestro sistema emocional sería el fiel reflejo de aquel otro, también equilibrado, donde no estaría la emoción del sufrimiento, de la angustia, del dolor permanente, de la tristeza depresiva, ya que no habría pensamientos que alimenten aquellas emociones. Un ecosistema donde todas las emociones están en su justa dimensión según las circunstancias y no las ideas.
Un sistema de ideas ecoequilibrado nos permitiría retrotraernos a un espacio emocional menos permeable a las mismas ideas y pensamientos, tanto por que ya las mismas emociones se equilibran como por que no hay preeminencia de algunas ideas sobre otras; con lo cual estas ideas dejan de tener la importancia que actualmente tienen y nuestra mente se mueve con naturalidad desde áreas de pensamiento a otras, sin detenerse patológicamente en alguna.
No sé, es sólo una idea.
Si aquel aspecto lo complementamos con aquella emoción del amor, desarrollada y madura, que actúa como un bajo continuo de nuestro sistema emocional... no lo veo como una mala posibilidad.
Si vives con el corazón, entonces es cosa de hacerse la pregunta por la ecología de la mente y, muy probablemente el mundo y la tierra te traerán respuestas.
Suerte