viernes, octubre 25, 2024

Reconstrucción amorosa del yo

 a Eva 

Resumen

Como el post es largo creo necesario hacer este pequeño resumen. 

El trasfondo teórico principal es la Teoría de la Autopoiesis desde la perspectiva de Niklas Luhmann complementado, hacia el final, con la Teoría del Apego en un arco que va desde la cultura hasta el espacio emocional del ser humano.

La idea de este viaje narrativo es buscar explicar desde una dinámica autopoietica la hipótesis que la cultura patriarcal corresponde a un sistema de comunicaciones que se organiza sobre el sentido de la competencia, de una manera funcional, y que esa dinámica va creando las estructuras que identificamos como la cultura patriarcal dominante y que también explica, de alguna manera, su resiliencia que la hace funcionar como un bajo continuo para los desarrollos civilizatorios.

Veo, también, que el futuro fin de la civilización industrial occidental sería una oportunidad para hacer un cambio de la cultura dominante, con lo cual propongo como alternativa lo que denomino la Cultura del Respeto que, a diferencia de la cultura dominante de la competencia, organiza las comunicaciones sobre el sentido de respeto. Hago, para ejemplificar el como lograr le dificil resiliencia en el respeto, un pequeño análisis de la expresión "inche kay che" de la cultura ancestral mapuche que, desde mi perspectiva, es un concepto que permitió preservar dicha cultura por tres siglos luego de la llegada de los españoles.

A continuación hago una conexión entre la Cultura de la Competencia y nuestra biología a través del uso de la Teoría del Apego de modo de explicar como modelos de apego inseguros permiten que una cultura que es violentamente inadecuada para el vivir humano puede preservarse de generación en generación.

Finalmente te invito a que te autoexamines desde la perspectiva de tu modelo de apego y busques si hay trazas de modelos inseguros que den origen a una sombra emocional y al ego que te ayudaría a manejarla: el "yo soy". Para, con ello, buscar la reconstrucción amorosa del yo y superar a ambos en una transformacion de nuestro sistema neuronal que, dada su plasticidad debería, a mi entender, permitirla.


Reconstrucción amorosa del yo 

En el año 2015 hice el último post de la temporada anterior. Aquella giró, principalmente, alrededor del concepto de transición energética derivando, hacia el final, en la exploración de algunos temas relacionados con la necesidad de una nueva cultura para nuestra especie. 

Este nuevo ciclo, que ahora termina, se centra en el desarrollo conceptual y práctico, en cierta medida, de lo que llamo la Cultura del Respeto, como una cultura que, opino, es más adecuada para el hábitat humano; una cultura, probablemente, mas amable para nuestra especie y para su relación con las otras especies y con la tierra que todos habitamos. 

El concepto clave aquí es el de Cultura y como tal, puedo decir que su desarrollo corresponde, se identifica, con la idea de Sistema Social propuesto por Niklas Luhmann usando como marco teórico la Teoría de la Autopoiésis de Humberto Maturana y Francisco Varela. 

Lo que se expone no es, en ningún caso, un ensayo que busca ser erudito sino que es, finalmente, una gran hipótesis que se sumerge, levemente debo reconocer, en las dos teorías anteriores para, por una parte, explicar y, por otra, proponer un camino de transformación, probablemente, inútil. 

Mi perspectiva, validada por los hechos y los datos, es que la Civilización Occidental Industrial está instalada en el camino usual de las anteriores civilizaciones que se han autodestruido. Un proceso que, probablemente, ya ha comenzado y que tomará algunas décadas, más bien siglos, hasta completarse al nivel que su reemplazo sean sociedades rurales no industriales de baja o mediana complejidad, locales y, ojalá, felices. 

Cuando digo "y, ojalá, felices" es porque espero que ese proceso pueda dar origen, también, a un cambio de la matriz cultural autodestructiva que ha guiado, probablemente, la mayoría de los desarrollos civilizatorios pasados que conocemos. Y cuando hablo de "matriz cultural autodestructiva" me refiero a una especial dinámica de comunicaciones que producen comunicaciones en el seno de una organización autopoiética, como ya veremos mas adelante. 

La lectura se inicia desde el exterior, es decir desde la cultura, para ir, poco a poco, adentrándose hasta llegar al espacio emocional del ser y, con ello, justificar la necesidad de reconstrucción de ese espacio como fuente última de transformación. Al mismo tiempo se propone un modelo simple de estructura emocional, centrado en la aceptación, que podría ayudar en ese proceso y, a la vez, plantearlo como fin último en la caracterización emocional del yo. Todo ello con la tradicional escasa profundidad que caracteriza estos post.


1.- Teoría de la Autopoiésis 

La Teoría de la Autopoiésis es una teoria científica desarrollada, desde la biología, por Humberto Maturana y Francisco Varela para, con ello, explicar lo que se entiende por vida. 

Así la autopoiésis es una respuesta a la pregunta: "¿cuál es el mecanismo que se pone en marcha cuando surge la vida en la tierra?". 

En esencia ese mecanismo, la organización autopoiética, es uno que, a nivel molecular, permite una dinámica de autoproducción estructural de un sistema que puede ser identificado como un ser vivo producto de realizar esta misma dinámica. En términos simples, una bacteria es un ser vivo porque corresponde a una dinámica molecular con organización autopoiética de primer orden. Y un conejo es un ser vivo porque corresponde a un agregado orgánico de sistemas autopoiéticos de primer orden y, con ello, forma un sistema autopoiético de segundo orden. La diferencia entre primer y segundo orden radica en que en el primer orden los sistemas autopoiéticos producen los componentes de su estructura, por ejemplo proteínas, mientras que los de segundo orden están formados por sistemas de primer orden, por ejemplo los metacelulares. Más allá los sistemas sociales, desde la propuesta de Maturana y Varela, corresponden a sistemas autopoiéticos de tercer orden (formados por sistemas de segundo orden). 

Los sistemas autopoiéticos son sistemas autoorganizados, abiertos al intercambio de materia con el medio y cerrados a la información. 

La Teoria de la Autopoiésis, además de entregar un mecanismo funcional de respuesta a la pregunta por la vida, ayuda a configurar un modelo de realidad que permite respuestas interesantes sobre otras dinámicas, como las psíquicas o sociales. En este último aspecto se destaca el uso que hace Niklas Luhmann del concepto de autopoiésis al aplicarlo a la caracterización de los sistemas sociales como sistemas autopoiéticos de comunicaciones para, con ello, verlos como sistemas de primer orden. 

Si bien Maturana y Varela se oponen al uso de la Teoría de la Autopoiésis en la formulación propuesta por Niklas Luhmann -probablemente por que aquella extensión la invalida como explicación para la vida. Maturana no la descarta del todo y  propone que tal perspectiva puede ser adecuada para el concepto de cultura.


2.- Cultura 

Así, más allá de las diferencias en la aplicación del concepto de autopoiésis, resulta interesante pensar en la cultura como un sistema autopoiético del tipo propuesto por Luhmann. Ya no para modelar sistemas sociales, sino como un modelo más amplio, llamémoslo de cultura, en el entendido que organiza procesos profundos y de mayor arraigo permitiendo, con ello, articular el devenir de las sociedades por tiempos mucho más extensos que los atribuibles a los sistemas sociales que en el contexto de este post se organizan sobre espacios temporales mas focalizados y específicos -algo como subsistemas de la cultura. 

Entonces, en forma similar a como la dinámica de autoproducción de una célula permite la síntesis constante de las estructuras celulares a partir de cadenas de aminoácidos, aquí son las comunicaciones las que cumplen el rol de sintetizar las estructuras que formarían los eventuales subsistemas y, sobre todo, aquella estructura que cristaliza la frontera del sistema y que Luhmann identifica como el "Sentido". La diferencia aquí, con la dinámica biológica es, eso si, profunda. En la dinámica biológica de un sistema de primer orden toda la autopoiésis ocurre en el plano material y lo que sostiene aquella dinámica se entrelaza con la misma adquiriendo, en la medida de la profundidad de éste entrelazamiento, el carácter estructural como componente del sistema. 

Por su parte, los sistemas sociales propuestos por Luhmann se diferencian de los biológicos al considerar como base los sistemas psíquicos de las personas que interactúan en la dinámica social. Es decir, Luhmann hace una super extensión de la base teórica,  diluyendo la raíz biológica, estableciendo planos de componentes como son los pensamientos en los sistemas psíquicos y comunicaciones en los sistemas sociales y, dentro de esa distinción establece dinámicas que son asimilable a la organización autopoiética de primer orden propuesta por Maturana y Varela. Todo ello en un ejercicio conceptual valioso que abre perspectivas importantes en la interpretación del mundo. 

Por lo tanto, esta dinámica autopoiética de comunicaciones de primer orden sería el resultado de una observación que abstrae todo lo biológico, lo psíquico, lo material y las acciones para establecer una capa única donde ocurre las interacciones de comunicaciones mediadas por el sentido. El sentido establece la frontera del sistema determinando lo que le pertenece o no. Del mismo modo las comunicaciones se entrelazan para dar origen a nuevas comunicaciones y con ello ir reformulando el sentido en la medida que la frontera, también, se reformula. 

Como lego en biología, psicología y ciencias sociales, extenderme mas en estos temas resulta infructuoso y, probablemente, erróneo. Lo dejaré hasta este punto con la sola salvedad de lo ya revisado en términos que, como opina H. Maturana, existe la posibilidad que aquella dinámica autopoiética de comunicaciones mediada por el sentido sea aplicable a la idea de cultura, eso sin perder de vista la idea de sistema social como un subsistema del sistema cultura. 

Para efectos de resto del post nos centraremos en la idea de cultura, más que en el concepto de sistema social, pese a que normalmente los procesos de la dinámica cultural ocurren como parte de o dentro de sistemas sociales.


2.1.- Cultura de la Competencia 

Suponiendo entonces que la propuesta teórica de Luhmann es asimilable a la idea de cultura, podemos rizar el rizo un poco y establecer que existiría una cultura subyacente a muchas de las expresiones culturales locales y, también, a los sistemas sociales. Es decir, es factible encontrar una cultura tal que sea la base sistémica de un conjunto de subsistemas culturales y sociales. 

Con lo anterior, finalmente, también estamos diciendo que existiría una cultura que engloba, con su frontera de sentido, a un conjunto de subculturas y sistemas sociales asociados, tanto desde una perspectiva temporal como territorial. Temporal en el sentido que históricamente, desde hace milenios, aquella cultura está presente en la humanidad. 

Dado aquello, es importante aquí poder hacer una distinción entre la especie, la nuestra: homo sapiens sapiens, y la cultura en que parte o la totalidad de nuestra especie está inmerso. Aquí la cultura, entonces, se distingue de la especie y, por lo mismo, no es propia ni inseparable de nuestra especie como dinámica biológica sino sólo un producto del ámbito social relacional y, con ello, relativo a la interacción con otros a través de comunicaciones. La especie así es un sustrato, un fundamento, sobre el cual se asienta la cultura y como tal nuestra especie podría optar por articular cualquier cultura seleccionando conscientemente el sentido intersubjetivo para realizarla y con ello, los seres humanos, entonces, podríamos vivir en cualquier esquema cultural que articulemos sobre aquel sentido seleccionado. 

Asumiendo este modelo cultural, entonces, el aspecto clave de aquel se organiza sobre la idea de sentido como "el" mecanismo selector de las comunicaciones válidas dentro del sistema. El uso del sentido permite negar aquellas comunicaciones que "no tienen sentido" desplazándolas fuera de las fronteras donde, quizá,  el olvido haga su trabajo y desaparezcan. 

Así la hipótesis central respecto de la característica del sentido de la cultura dominante en la actualidad sería la idea de "Competencia". Es decir, desde mi perspectiva, el "Sentido de la Competencia" es EL mecanismo selector de las comunicaciones de la cultura dominante en nuestra especie y, por lo tanto, aspectos como la idea de patriarcado, la dominación, la apropiación, el poder y la gloria que son características que hemos identificado en anteriores post como propias de la cultura dominante deberían ser explicadas desde la "Competencia". 

Como ejercicio para comprender la dinámica cultural de la "Competencia" y validar, de alguna forma simple la hipótesis propuesta (Cultura como Sistema Social Luhmaniano basado en el sentido de la Competencia) podemos hacer un ejercicio funcional/estructural que a partir de la función (operacionalización del sentido de la Competencia) llegar a la estructura (conceptos de Patriarcado, Dominación, Apropiación, etc.) 

No parece ser del todo complejo que en una dinámica de Competencia los bienes poseídos, apropiados, revistan una ventaja competitiva. Quien más posee de un recurso vital, por ejemplo agua, está en mejores condiciones de sobrevivir que quienes tienen menos. Con ello, no resulta difícil entender que la Apropiación sería una característica de la dinámica de la Competencia y no al revés. La Apropiación tiene sentido en la Competencia, sobre todo en condiciones de restricción, donde no hay abundancia. 

La Dominación por su parte tiene características similares a la Apropiación, con la diferencia que ella actúa sobre la voluntad del otro y no, necesariamente, sobre la materialidad. En la esclavitud o la domesticación ambos son indistinguibles, pero en un sistema en que el otro es sujeto potencial de libertad, la propiedad material se somete a través de un proceso que subvierte la voluntad a través de leyes o reglas orientadas históricamente a reflejar la dinámica de la Competencia. La Dominación es un patrón de comportamiento, probable, que permite al grupo ser mas eficiente, aunque no necesariamente mas efectivo. 

No resulta ser de una complejidad excesiva poder remitir las características de la cultura patriarcal dominante al modelo funcional propuesto por Niklas Luhmann. Tanto "el poder" como "la gloria" se pueden rastrear como dinámicas de comunicaciones que facilitan e incentivan la Competencia respectivamente. Es más, las normalizadas dualidades como bien/mal, luz/oscuridad, etc. responden también, en forma simple, a la dinámica de una cultura que realiza la Competencia. Es decir las comunicaciones que apelan al "bien sobre el mal", por ejemplo, tienen "Sentido" en un Sistema que usa la "Competencia" como un selector, lo mismo vale para la comunicación contraria aunque "moralmente " puede no ser tan "deseable". 

En anteriores post me he referido a que la Cultura Patriarcal es autodestructiva y lo mismo vale al introducir la caracterización anterior. Centrar las dinámicas sociales en el sentido de la competencia lleva, finalmente, a la autodestrucción de las estructuras sociales, es decir, si estas estructuras sociales las entendemos como una civilización entonces la civilización es la que se autodestruye. Más allá que la realización de la competencia requiere como dinámica la negación de un otro hay aspectos sutiles aquello que juegan en pro de procesos autodestructivos, un ejemplo es la idea de "concentración", que se explica detalladamente en este artículo para el caso chileno, que hace que la dinámica social se estratifique y se vuelva rígida, negando comunicaciones que ayudarían a una transformación social consensuada (cambio en el sentido social, por ejemplo, pasar de una sociedad neoliberal a una de derechos) e invitando al desarrollo de procesos de cambio más violentos -dada la necesidad vital que ciertas conversaciones no sean negadas- los que si se producen en épocas de declive energético y de recursos, como la actual, llevan a que la estructura civilizatoria (tanto social como física) sea destruida sin la posibilidad de ser reconstruida a los niveles previos. 

De hecho podemos ir un poco más allá de lo anterior y analizar, superficialmente, los cinco factores que Jared Diamond propone para explicar el colapso de las civilizaciones desde la perspectiva de la competencia de la misma forma que hemos planteado anteriormente para el patriarcado, es decir partiendo de la función llegar a la estructura. Tanto el (1) daño ambiental como (2) el cambio climático y (5) las inadecuadas respuestas de la sociedad a los problemas climáticos hablan de comunicaciones centradas en la idea de "utilidad" y de "recursos" que niegan las relaciones complejas asociadas a lo visto como "útil" y como "recurso" -de hecho la mirada sistémica que permite ver estas relaciones es reciente y está lejos de la corriente dominante y, también, no exenta de la idea de competencia, basta conocer la biografía de Norbert Wiener para entender esto último para la Cibernétca. Así, el sentido de competencia facilita el negar, o ignorar, las relaciones complejas de los sistemas naturales en favor de conceptos como "utilidad" y "recursos" permitiendo que emerjan desequilibrios que explican los tres puntos anteriores. Por su parte (3) vecinos hostiles y (4) pérdida de comercio son dos puntos que no requieren mayor explicación ya que son resultados casi naturales desde el uso de la competencia como selector de las comunicaciones en un entorno de reducción de la disponibilidad de recursos, ello en uno y otro sentido. 

En relación al párrafo anterior es preocupante como actualmente (2024) se están haciendo presentes y evidentes aquellas cinco condiciones, sobre todo las que dicen relación a (3) vecinos hostiles y (4) pérdida de comercio entre occidente y el "sur global", lo que confirmaría, probablemente, el proceso de fin de la civilización. 


2.1.1.- Origen 

Para analizar como encajan las comunicaciones que hablan de Patriarcado en la Cultura de la Competencia es interesante analizar libremente una propuesta del origen del Patriarcado hecha por H. Maturana. 

Básicamente propone que el surgimiento de las conversaciones patriarcales ocurrieron en grupos humanos de euroasia que eran nómadas asociados a ciertos rebaños de animales, -como los Lapones o las tribus asociadas al bisonte americano en el prehistórico EEUU- pero que en la interacción con otros depredadores, los lobos por ejemplo, se perdieron las dinámicas de respeto y, con ello, algunos grupos marginales, probablemente, dejaron de considerar un legítimo otro al depredador y fueron negando su libre acceso al rebaño. Así, en un probable medio ambiente de baja abundancia, formado en su mayoría por pastizales, en que dichos grupos se movían, tal estrategia confrontacional puede haber dado buenos resultados en términos de supervivencia y crecimiento, lo cual podría haber permitido que esta "cultura" incipiente haya sido asimilada por otros grupos, aún de manera forzada. Para esto último vale, también, el caso de que extensiones confrontacionales se hayan desarrollado sobre otros grupos humanos a través enfrentamientos y apropiación, que, dada las características actuales de la cultura patriarcal parece ser un camino usual. 

Ahora, desde la perspectiva del sentido, este concepto "confrontacional" subyacente a la pérdida de la dinámica de respeto al otro puede haber sido tematizado desde, quizá, lógicas singulares de enfrentamiento a depredadores en la competencia por el rebaño. Quizá inicialmente enfrentamientos casuales que terminaron con resultado de muerte del depredador que fueron configurando la aceptación del evento en su reiteración y justificación. Probablemente épocas climáticas complejas, de recursos aún más escasos, exacerbaron la competencia y fueron deslizando la frontera desde el respeto, como aceptación del otro en la convicencia, a la competencia, entendida como la negación del otro. Ello desde los depredadores como especies diferentes (el lobo por ejemplo) a enemigos dentro de la misma especie (otros grupos humanos). Una dinámica que puede ser perfectamente explicada desde la Teoría de la Autopoiésis en su articulación propuesta por Niklas Luhmann y desde las dinámicas emocionales subyacentes relacionadas con la percepción de riesgo vital en entornos hostiles como grandes llanuras, desiertos u otras zonas donde algún grupo humano haya comenzado con la dinámica de la confrontación que, probablemente, es efectiva a corto plazo pero que se vuelve, en el fondo, autodestructiva. 

Vale aquí una pequeña disgreción. A las orillas del río Congo existen dos especies de simios, muy cercanos genéticamente a nosotros y, más cercanos aún entre ellos, me refiero a los chimpances, que viven al norte de río Congo y los bonobos, que viven al sur del río donde éste último, probablemente, actuó como el diferenciador de las especies ya que tienen un ancestro común. Ambas especies manejan, como nosotros, cultura; con la diferencia que la cultura de los chimpances es más agresiva y violenta que la de los bonobos que se caracteriza por ser matriarcal e igualitaria con un papel preponderante de la actividad sexual en su sociedad. Si bien, las investigaciones sobre los bonobos y chimpances en su hábitat natural son aun escasas y las preguntas por la diferencia culturales están respondidas parcialmente hay un aspecto que puede ser, hipotéticamente, la base de ésta diferencia cultural: los recursos. Al sur del río Congo hay una mayor abundancia de recursos que al norte. Fin de la disgreción. 

Independiente de la característica autodestructiva de la Cultura Patriarcal, o como prefiero llamarla actualmente la Cultura de la Competencia, ella ha resultado un esquema cultural extremadamente conservador y resiliente durante más o menos diez mil años. 


2.1.2.- Preservación Cultural y Resilencia 

Los sistemas, en general, son conservadores. Así, la cultura como sistema también lo sería. Por ejemplo continuando con nuestra hipótesis y asumiendo que el trasfondo cultural de la "Competencia" está detrás del auge y caída de las civilizaciones, entonces este último evento debería ser un punto de inflexión que hiciera replantearse las condiciones culturales que dieron origen a la civilización y, sobre todo, que contribuyeron a su fin; pero tal cuestionamiento histórico queda oculto o es minimizado, lo que, de alguna forma, permite que se vuelvan a crear la condiciones para el surgimiento de una civilización autodestructiva y, como ahora vemos nuevamente, las condiciones de su caída -que siguen estando ocultas para la mayoría de la humanidad. 

A partir de lo anterior y sumando otros elementos, podemos aventurar varios aspectos que hacen extremadamente conservadora a la Cultura de la Competencia: 

1.- La Cultura es usualmente invisible. Los aspectos culturales pasan normalmente desapercibidos y en muchos casos la función cultural como la descrita en el punto 2.1.- es desconocida -en sí la dinámica autopoiética es una propuesta teórica poco conocida y reciente, lo mismo que la Teoría de Sistemas- y lo visible son los resultados estructurales de esa función, por ejemplo: el poder, la dominación, etc. El funcional/estructuralismo asociado a la cultura, como se presenta en este post, no parece ser lo usual, lo normal es confundir características estructurales de la cultura de la competencia (la dominación, la apropiación, el poder,  etc.) como aspectos que son propios de nuestra especie desconociendo que humanos de otra matriz cultural presentan rasgos completamente distintos. 

2.- La cultura de la competencia, al permitir la negación del otro, suprime la posibilidad de reconocer otras perspectivas. No podemos desconocer que la historia de las civilizaciones, en muchos casos y en el nuestro en particular, está escrita sobre el genocidio de muchos pueblos y manifestaciones culturales que probablemente eran diferentes. Es decir, a la raíz de nuestra cultura está el mecanismo clave de su preservación: la negación del otro como un sujeto cultural válido. Note que estamos hablando de competencia en su estado más brutal, no en las versiones edulcoradas de los Juegos Olímpicos o del deporte. Las civilizaciones se crean (y destruyen) en patrones de competencia por los recursos y la supervivencia, no hay edulcorante para esa forma de competencia. 

3.- La cultura de la competencia permite un correlato biológico, personal, que ayuda a su conservación. La Teoría del Apego de Boyle describe que si un niño no recibe atención adecuada de su cuidador desarrolla lo que se identifica como "modelo de apego inseguro", que puede ser considerado, como veremos más adelante, una base biológica que ayuda a la conservación cultural de la competencia. 

4.- La cultura de la competencia es simple y eficiente. Cualquier otro patrón cultural ,probablemente, es más complejo de desarrollar, requiere más energía y, en el fondo significa un cambio desde dentro del sistema cultural dominante. Por ejemplo, el movimiento feminista logra identificar la Cultura Patriarcal y propone como medida de cambio cultural, entre otros, la introducción en el sistema de comunicaciones el lenguaje inclusivo, que aumenta la complejidad del sistema al considerar diferencias de género en las expresiones. Del mismo modo, y esto es invisible, el movimiento feminista, al nacer dentro de la Cultura Patriarcal es, en sí mismo, Patriarcal; por lo cual no resulta raro el apodo de Feminazi para aquellas feministas más extremas ya que al no reconocerse patriarcales, por ser de sexo femenino, hace que esta característica cultural heredada quede oculta o sea invisible y sus modos más profundos, por ejemplo negar al otro, sean parte constitutiva de las estrategias que buscan hacer el cambio hacia un sistema que, paradojalmente, espera que nadie sea negado. 

5.- La negación del otro puede ser un virus de alta transmisibilidad. La negación del otro en la competencia real, no edulcorada, es probable que someta a quién no es culturalmente patriarcal a una violencia inimaginable -no pierdan en mente la idea de genocidio, tan presente actualmente- de forma que las emociones de supervivencia hacen su tarea y en la práctica llevan al individuo no patriarcal a situaciones de negación del otro y a, en muchos casos, la materialización de esta negación con resultado de muerte y destrucción. Un ejemplo muy interesante de esto es la expresión mapuche "Inche Kay Che" que, como veremos más adelante, es un logro cultural extraordinario que actuaba como una especie de vacuna al virus de la negación del otro patriarcal. 

6.- Los sistemas con organización autopoiética son cerrados a la información. Finalmente el punto más importante es que no es posible en los sistemas con organización autopoiética, dada la clausura operacional, el que existan interacciones instructivas, por lo cual no resulta fácil articular un cambio de cultura desde el exterior, por ejemplo, a través de la interacción de la cultura de la competencia con otra cultura. Para muchos nacidos en la cultura patriarcal resulta imposible comprender a las culturas originarias de américa si es que no hacen la reintepretación de los hechos históricos desde el sentido de la competencia que, en cierta medida, obligaba a negar al otro en favor de la apropiación y la dominación. 

Es probable que haya más elementos que hagan que la cultura de la competencia no sea fácil de transformar y contrarrestar; siendo, por ello, actualmente, la cultura dominante para buena parte de la humanidad al extremo de llegarla a confundir con características propias de nuestra especie; pero esto último no es así, somos una especie que desarrolla y maneja un lenguaje complejo y eso nos confiere el rasgo distintivo de ser humano: podemos crear y transformar sistemas de sentido, lo que nos permite crear y transformar culturas.


2.1.3.- Cambio Cultural 

Como se ha descrito en el punto anterior una cultura como la de la competencia resulta un hueso duro de roer si pretendemos hacer un cambio más o menos radical hasta llegar a su base de sentido. 

Hay varios aspectos relevantes, siendo el principal la dificultad para las interacciones instructivas, sobre todo que la cultura de la competencia considera cualquier interacción dentro de marco de sentido confiriendo al otro conglomerado cultural la característica de "competidor" sino de "enemigo" o, en el mejor de los casos a alguien a quién dominar o, derechamente, esclavizar como inumerables ejemplos dan cuenta de aquello en la historia y en el presente. 

De la misma forma, cualquiera que desde el interior pretenda hacer cambios se encuentra, por una parte, participando de la misma cultura y los cambios entonces son más bien estructurales y no funcionales. Puede cambiar la estructura del poder como en las revolución francesa, o la estructura de la propiedad como en la revolución rusa o la estructura de la dominación como en las guerras de independencia pero, en el fondo, el sentido de la competencia sigue ahí. Es decir las nuevas sociedades que surgen luego de esos cambios son, claramente, una reproducción, con matices, de las antiguas sociedades que reemplazan, articuladas, también, sobre el sentido de la competencia. Configurando así, un eterno retorno que justifica el fondo de la idea que "todo cambia para que quede igual". 

De hecho, cualquier cambio no destructivo del sentido involucra a las comunicaciones que lo reproducen. Así por ejemplo, si este post se logra escribir adecuadamente, su contenido le hace sentido a un número creciente de personas, se traduce a muchos idiomas y comienza generar debates en cada vez círculos más amplios produciendo con ello nuevos documentos, documentales, podcast, etc. entonces es posible que la dinámica de comunicaciones tenga la suficiente fuerza para lograr que el sentido de la competencia pueda ser reemplazado por otro como el propuesto. Este fenómeno, eso si, para que sea exitoso, debe ser aceptado dentro del particular punto de vista del sentido dominante para que, con ello, no ser observado como una amenaza, lo que llevaría a activar de inmediato conversaciones que buscarían neutralizar el proceso (se pueden ver innumerables y variados ejemplos de este mecanismo operando en la actualidad, como el uso apodo de feminazi, por ejemplo, o los intentos de cambios de la Constitución en Chile). 

El otro aspecto complementario a la dinámica de cambio descrita en el párrafo anterior está ligado a la hipótesis de que la Cultura de la Competencia sería la base cultural de los desarrollos civilizatorios y que, por lo tanto, cualquier dificultad de la civilización probablemente es producto de esta base. Sabemos con algún grado de certeza que dentro del presente siglo la civilización industrial occidental se verá en serias dificultades y, es probable, su fin o las primeras etapas de su fin. Una tragedia pero también una oportunidad para que una nueva cultura reemplace a la, en ese punto, debilitada Cultura de la Competencia.


2.2.- Cultura del Respeto 

Si se quiere aprovechar adecuadamente la oportunidad que se abrirá a un cambio cultural dado el escenario del fin de la civilización industrial occidental entonces es necesario el esbozo de una Nueva Cultura. Las candidaturas están abiertas y una rápida búsqueda entregaría múltiples alternativas.  

Desde mi perspectiva un candidato adecuado para reemplazar el sentido de la Competencia es la noción de Respeto que es posible definirlo en base a la idea de amor propuesta por Humberto Maturana: "la aceptación del otro como un auténtico otro en la convivencia". Considerando "el otro" como una multiplicidad de otros, humanos, no humanos: animales, vegetales, paisaje, etc. con quienes, todos, con-vivimos. 

El respeto como el centro de una cosmovisión y, por lo mismo, de una cultura no es algo inédito, muchas culturas en el pasado pusieron por delante un concepto de respeto similar al definido en el párrafo anterior. El proceso de búsqueda me llevó a la cultura ancestral Mapuche que, muy probablemente, se articuló en torno a una de éstas nociones de respeto. Es probable que haya existido otras culturas de la América prehispánica que también pueden haber considerado nociones similar al respeto como base de su cosmovisión, pienso en la cultura Tiawanaku o algunas otras culturas de las grandes llanuras en américa del norte que, si se analizan, den características similares.  


2.2.1.- Cultura Ancestral Mapuche 

Los Mapuche son el antiguo pueblo que habitaba el centro de Chile en la época prehispánica, sus decendientes, duramente aculturizados por el Estado Chileno continúan en la actualidad habitando el centro del país, y desde más o menos la década de 1970, o quizá antes, han comenzado un interesante proceso de recuperación de la cultura y cosmovisión de sus ancestros. El resto, con algunas excepciones, somos mestizos. 

De la prehistoria Mapuche sé, y tengo la impresión que se sabe, poco; más por desinterés que por falta de información, pero por la calidad, complejidad y extensión territorial del lenguaje, el mapuzungun, y las prácticas subyacentes que permitían conformar una unidad cultural que cuya área cubría aproximadamente 240 mil kilómetros cuadrados (el tamaño de la actual Gran Bretaña) y se extendía algo más que 1000 kilómetros lineales en el Chile central, desde el actual Chiloé hasta el norte de Santiago sin, y esto es importante, un centro administrativo identificable como una ciudad capital que hubiese entregado dicha unidad, sin un rey, sin un estado, sin impuestos o sin nada que haya podido identificarse como la unidad de control que lo explicara. Los mapuche, al parecer, configuraban su unidad a partir de una compleja red de parentescos muy activos basados en relaciones, en algunos casos poligámicas, y en una valoración muy alta del visitarse y de la conversación, donde las mujeres cumplían un rol fundamental. No era, en ningún caso, desde mi perspectiva, una sociedad patriarcal pese considerar relaciones poligámicas por qué como argumento en este post las sociedades patriarcales son sociedades de la competencia, cosa que no sería el caso. Todo ello habla, a mi entender, de una singularidad cultural a la que deberíamos ponerle más atención. 

Del mismo modo que no sé mucho de prehistoria mapuche, tampoco puedo extenderme en lo poco que sé de su historia. Pero hay algunos hitos que son relevantes. Por ejemplo, la conquista española en Chile se desarrolla desde mediados del siglo XVI y un aspecto importante es la fuerte resistencia que imponen al conquistador el pueblo Mapuche, resistencia que se materializa, finalmente, luego de casi un siglo de lucha, en un tratado de paz con la Corona Española, el único existente entre un pueblo nativo americano y lo que era en ese entonces el imperio más poderoso de la tierra. También hay otros aspectos sutiles que adquieren una dimensión especial si se usa el prisma de la Cultura del Respeto para dimensionarlos, por ejemplo: la vida, y muerte, de Lautaro o la situación que se desencadena a partir de la muerte del Gobernador Martín Oñez de Loyola en la Batalla de Curalaba en 1598, etc.  Aquellos también dan cuenta de una singularidad cultural a la que deberíamos ponerle más atención. 

Quizá hay muchas historias similares en el mundo a la de los mapuche, pueblos con una cohesión no estatal y de fiera resistencia al invasor. Pienso en los Pastun Afganos y el pashtunwali en clave contemporánea, pero debe haber otros, no me cabe duda. Pero la singularidad mapuche no se limita sólo a eso y ahora veremos un aspecto que me resulta significativo. 

Los mapuche tienen articulado en su lenguaje la noción de respeto, la expresión Itrofill Mongen que significa algo así como: "composición de muchas vidas con todos los seres sin exclusión y sin fragmentación de todo lo viviente, todas las vidas una sola vida". Esa definición es perfecta para describir una idea universal de respeto. 

Aunque, más allá, el concepto que considero revelador, y que no parece tener nada comparable en el mundo, es la expresión "Inche Kay Che". Si mi profesión fuera la de filólogo o lingüista y trabajara duro para relacionar el mapuzungun con la dinámica cultural del pueblo mapuche, la expresión "Inche Kay Che" por lejos sería "la" construcción cultural clave del pueblo mapuche asimilable a una de las maravillas de la humanidad del mundo antiguo. Explicaré por qué. 

Tengo la impresión que existen numerosas crónicas españolas de la época que relatan que los antiguos guerreros mapuche usaban la expresión "Inche Kay Che" como grito de guerra. Antes y durante la batalla se podía escuchar algo que traducido al castellano es "yo, la persona, permanece". 

Es importante entender que este concepto probablemente fue elaborado con posterioridad a la llegada de los españoles en un proceso de conversaciones que requirió mucha reflexión adicional, en la cual participó un porcentaje alto de la población -recordemos que no había una organización centralizada-, buscando la solución a un problema complejo e importante para la sociedad mapuche de la época, que se enfrentaba a un peligro existencial y a una violencia que era inexistente en una cultura del respeto como la de ellos. 

Lo que tenemos entre manos es un ejemplo, quizá el único caso histórico, de como una Cultura del Respeto se enfrenta a una lucha existencial violenta con una Cultura de la Competencia -ella, sin educorante, sanguinaria y brutal, no te quepa duda- y logra triunfar al punto de ser reconocida en un Tratado de Paz. Y en ello juega un papel importante, para mi, aquella pequeña expresión que permite al guerrero que está siendo obligado a ir en contra del respeto, a no perderse por la violencia de la lucha, de la muerte, de la sangre, y con ello a dejar de ser "che", a dejar de ser una "persona que vive en el respeto". 

Los mapuche, en el enfrentamiento con el Imperio Español de aquella época no pierden su cultura, siguen siempre en el "Itrofill Mongen", hay matices como siempre, pero siguen siendo culturalmente una unidad que se articula sobre el respeto y, eso lo pueden comprobar, más o menos, fácilmente si leen el libro "Cautiverio Feliz" de Francisco Núñez de Pineda. Pese a que ya ha pasado casi un siglo de guerra y las costumbres ancestrales deben haber cambiado, aún es posible vislumbrar la Cultura del Respeto en su relato. 

"Inche Kay Che", si lo podemos traducir con el espíritu que probablemente fue creado, significa "yo, la persona, permanece en el respeto". 

Posteriormente, dos siglos más tarde, los mapuche finalmente son derrotados por el ejercito chileno (y argentino), más modernos y mejor preparados, y comienza un duro y doloroso proceso de pérdida de la integridad cultural y territorial que se extiende hasta la actualidad. Pese a ello la pérdida cultural no fue completa y el pueblo mapuche está reconstruyendo su cultura. 

Quizá podemos reconocer en la actualidad muchos elementos patriarcales en alguna de las nuevas propuestas que surgen del mundo mapuche y ello debido, principalmente, a la derrota militar contra los estados nacionales en formación tan propios del siglo XIX y también producto de los años de asimilación, forzada o voluntaria, a la cultura de la competencia propia de la herencia europea que da origen a aquellos estados nacionales. 

Pero sabemos que la cultura patriarcal de la competencia es autodestructiva y sólo es cuestión de tiempo, ojalá, para que aquellos aspectos puedan ser reemplazados por fórmulas orientadas al respeto como aquella tan poderosa que le dio al pueblo mapuche ancestral dos siglos más de libertad y vida en el respeto: Inche Kay Che.


2.2.2.- Algunas características de una Cultura del Respeto 

Lo central en una Cultura del Respeto es la aceptación del otro. 

En general aquella aceptación, si nuestra arquitectura emocional es equilibrada, nos permite la mirada más realista del otro como un auténtico otro. 

Aceptación no significa convivencia, ni tampoco sentimientos de bondad poco realistas para con un otro que probablemente puede no tener ningún interés en mantenerte con vida. Significa solamente que ves al otro como un uno diferente que tiene derecho a existir tan cerca de ti como tu decidas, las circunstancias lo permitan o el otro considere. Hay que entender que el otro, como les ocurrió a los mapuche, puede no tener ningún interés en respetarte y en eso hay que ser especialmente consciente. 

También, y esto es importante, es probable que actualmente ya no exista ninguna Cultura del Respeto, lo que significa que probablemente naciste y te criaste en una Cultura de la Competencia, una Cultura Patriarcal Autodetructiva. Es decir, tu matriz cultural será naturalmente competitiva y patriarcal. Puedes vivir en la ilusión que por ser mujer o "buenito" o perteneciente a un pueblo originario o descendiente del pueblo elegido o hermano de Jesús, etc. en resumen, creer que eres diferente y no eres patriarcal autodestructivo o no participas de la cultura de la competencia, pero eso NO es así, la probabilidad que no seas patriarcal es mínima tendiente con mucha fuerza a cero. El patriarcado o las Culturas de la Competencia son absolutamente dominantes en el mundo, y por lo tanto ERES patriarcal si no logras demostrar lo contrario. Aunque aquello puede ser una tragedia, no impide que podamos trabajar duro para ayudar a reconstruir una Cultura del Respeto, aunque sí nacimos patriarcales nos será imposible transformarnos en nativos de otra cultura cosa que, por supuesto, no desmerece nuestro esfuerzo constructivo. Sólo niños que nazcan, en un hipotético futuro, dentro de una Cultura del Respeto serán los verdaderos nativos de esa cultura.

La Cultura del Respeto usa la conversación para relacionarse con el otro y la reflexión para relacionarse con el uno mismo. Pero es en el equilibrio emocional donde está la clave de los sistemas de decisiones en el Respeto. El concepto de "Inche Kay Che" es, probablemente, el resultado de muchas conversaciones y reflexiones pero lo definitivo fue que los antiguos mapuche finalmente "sintieron" que era el concepto correcto. Así, las decisiones en una Cultura del Respeto serán muy ineficientes pero, también, es probable que sean muy efectivas.

La Cultura del Respeto, al buscar la efectividad, considera muchas miradas y perspectivas, y se puede tomar tiempos muy grandes, también silencios. Hay, de alguna forma, signos a la espera de ser develados. Por ello es factible que pueda manejar de mucho mejor forma la complejidad evitando que ella le estalle en la cara.

Finalmente, es claro que frente a la resiliencia de la Cultura de la Competencia, el ayudar a construir una nueva Cultura del Respeto y tener éxito es una tarea improbable, pero tiene sentido acometerla en esto tiempos futuros donde el fin de la civilización más grande de la historia dejará un vacío inmenso de sentido que será el punto ideal para ser copado por una Nueva Cultura. Es una oportunidad, no te la pierdas.


3.- Sistemas Psíquicos

Los Sistemas Psíquicos, en el contexto de este post, son una extensión teórica que hace Niklas Luhmann para sustentar a los Sistemas Sociales.

Básicamente él dice que los Sistemas Psíquicos son Sistemas autopoiéticos de primer orden en que las unidades que se reproducen según la dinámica autopoiética son pensamientos. Es decir, un Sistema Psíquico es un Sistema Autopoiético de Pensamientos.

Suponemos que, del mismo modo que todos los Sistemas Autopoiéticos de primer orden, estos sistemas son cerrados a las interacciones instructivas y, con ello, resultan ser parte del medio ambiente de un Sistema Social (Cultura en nuestro caso) y no constitutivos del mismo. Podemos entender así que los pensamientos son "tematizados" por el Sistema Social según la perspectiva que da el sentido del mismo, es decir, habría una "correlación" entre pensamientos y comunicaciones pero no se puede asegurar en uno u otra dirección que son "iguales", sino, más bien, "equivalentes" ya que tanto uno (pensamientos) como otro (comunicaciones) son elementos estructurales de sistemas con clausura operacional y organización autopoiética distinguibles como tales por una frontera de sentido que los singulariza.

Como suponemos, los sistemas de pensamientos deben manejar alguna coherencia, una frontera de sentido. Los pensamientos pueden ser pensamientos en el lenguaje escrito, como estas frases, pero también imágenes, sonidos, olores y recuerdos en general que no existen materialmente sino que son representaciones, como pensamientos, de un algo significativo del pasado y que tienen sentido como tales. Lo mismo para lo imaginado, la creación, etc. Los sueños son también pensamientos con su propia dinámica simbólica, quizá mediados también por alguna forma de sentido. Y así, en fin, podemos seguir incorporando más o menos características de lo que nos parecen son pensamientos pero, más allá de aquello, un aspecto que sí debemos señalar es que la dinámica del sistema de pensamientos es constante, no se detiene, de la misma forma que una célula no detiene su dinámica autopoiética mientras vive, por eso vive realmente, y, como le digo a mi hija, más del 98% de lo que uno piensa en un día cualquiera, incluidos lo que se sueña, es algo sin importancia fundamental, solo dinámica autopoiética que permite mantener las estructuras ya creadas o ajustar las nuevas estructuras; del mismo modo que mucha de la dinámica celular de autoproducción molecular tiene, también, ese fin: preservar el sistema. De ahí, probablemente, la idea expuesta por Maturana de que "los sistemas son conservadores". 

Tanto la cultura o el sistema cultural como el sistema neuronal y biológico son sistemas que están en interacción no instructiva y constante con el sistema de pensamiento, por lo cual no habría relaciones claras de causa/efecto universales, objetivas, identificables entre estos sistemas y aquellas relaciones dependerían de muchos factores contingentes y estructurales. Todos son sistemas complejos con retroalimentaciones complejas que pueden desencadenar cambios estructurales imprevisibles dentro de algunos límites. Por ejemplo, sabemos que un cambio de sentido en un sistema cultural tiene que ocurrir dentro y a partir del sentido dominante, es decir, los cambios de sentido deben realizarse por comunicaciones que cumplan con el sentido dominante, por ejemplo para la competencia probablemente en los márgenes, en las fronteras de la misma, quizá entre "los perdedores", que también realizan, o realizamos, la competencia. Coherentemente con ello debería existir, como ya revisamos, en forma consciente o inconsciente, una especie de "correlato" de pensamientos, para un individuo, que pueda "interpretar" las comunicaciones que ocurren en la dinámica cultural y al revés, esta dinámica cultural debería también poder "tematizar" esos pensamientos. Quizá, en muchos casos inicialmente o en los primeros pasos de una dinámica de cambio cultural podría no existir ese "correlato" en muchos de los individuos identificados como "medio ambiente" del sistema cultural, y puede haber individuos a los que, por sus propias dinámicas estructurales, sí les hace sentido éstas comunicaciones, interpretadas como pensamientos -que no son lo mismo-, y, con ello ir articulando un "correlato" que permita a su vez tematizar, de vuelta, comunicaciones en el Sistema Cultural. Como dije anteriormente estos individuos pueden ser "los perdedores" que como tales validan las comunicaciones de la competencia. El mismo ejemplo anterior puede aplicarse para el Sistema Nervioso y, a su vez, para el Sistema Biológico, todos determinados estructuralmente y con clausura operacional.

Para explicar lo descrito en el párrafo anterior revisaremos superficialmente el ejemplo del submarino que proponen Maturana y Varela en el libro El Arbol del Conocimiento. Ellos argumentan que el Sistema Nervioso puede ser ejemplificado por la tripulación de un submarino que únicamente interpreta señales sobre distintos dispositivos indicadores y, dada esa interpretación, genera las maniobras, sobre otro conjunto de dispositivos, que son necesarias para el correcto desplazamiento del submarino desde la perspectiva de un observador externo. Es decir, el universo de indicadores y mandos que dispone el submarino para su tripulación es, en cada instante, una especie de "correlato" de una "realidad exterior" que, en sí, no existe en la dinámica desde dentro del submarino; de hecho, un simulador de navegación -si existiera- debería poder generar los mismos indicadores y responder a las maniobras de modo tal que la tripulación no podría distinguir entre un submarino que navega o el simulador. Nuestro Sistema Nervioso y, por extensión cualquier sistema con organización autopoiética, al ser cerrado a las interacciones instructivas, con clausura operacional, funciona como la tripulación del submarino, es decir, interpretando y generando cambios estucturales que desde afuera un observador externo puede interpretar como conducta. 

El sistema de pensamientos, desde una perspectiva individual, está en el centro del espacio de lo humano, como una forma de bisagra entre una puerta y el marco que la fija a la estructura de la casa. Los pensamientos conectan de alguna forma misteriosa el espacio de lo cultural (y social) con el espacio de lo biológico ( y neuronal). Es decir lo humano, nuestro espacio vital, nuestro espacio de influencia va desde las comunicaciones en un extremo (lo social/cultural/ relacional) hasta lo biológico en el otro (lo celular/molecular). Por mucho que algunos digan que "somos energía" y apelen a lo cuántico, a lo subatómico, para alguna transformación sanadora, nuestro ámbito influencia no llega hasta esos niveles, así como tampoco a lo cósmico. Tanto lo subatómico como lo cósmico que conocemos y en los cuales, para bien o para mal, participamos marginalmente son logros epistemológicos de la civilización que, pese a estar formada por humanos, tiene capacidades super humanas, lo propio de un colectivo creativo. Esos logros durarán lo que la civilización, con dichas capacidades, dure. Es probable que en un par de siglos no haya ninguna conversación sobre lo subatómico o lo cósmico más allá del recuerdo y la relectura de Lovecraf  y sus referencias a CThultu.

Los ámbitos de un humano individual son más modestos.

No tenemos ninguna importancia para las galaxias, los soles, los planetas y asteroides que se mueven a velocidades imposibles para nosotros. Del mismo modo que los átomos y su vacío participan de nuestra estructura con una indiferencia que ya quisiera nuestra élite; ellos, los átomos, han estado antes que nosotros y seguirán estando ahí después que no quede ningún vestigio de nuestra existencia, de nuestra civilización y de nuestra especie.


4.- Persona y Cultura

"Inche Kay Che" era la expresión clave que permitía al guerrero mapuche mantenerse firme a la influencia transformadora de la cultura de la competencia. La Persona, Che, permanece. Yo, Inche, el ser cultural, nacido y criado de padres nacidos y criados en la cultura del Respeto, permanece.

Así es como la antigua cultura mapuche crea el antídoto a la influencia de la cultura de la competencia. Además, lo que también nos muestra es que hay una consciencia cultural que se refleja en el lenguaje y, más aún, que esa conciencia y la cultura subyacente pueden ser protegidas con fórmulas que se articulan en el mismo lenguaje.

No es inusual que podamos ver cómo fórmulas del lenguaje permiten la conservación de la cultura. Bien lo señala Maturana cuando describe como en las fórmulas patriarcales se usa el concepto de "lucha": "lucha contra la pobreza", "luchar contra la desigualdad", "combatir la delincuencia", etc. Lo que remite, de alguna u otra manera, a este sentido de la competencia con el cual reinterpretamos aquí la idea patriarcal y que podemos encontrar hasta en textos feministas como éste: "El feminismo no habla de superioridad. No discrimina, menosprecia o castiga al otro género. Simplemente combate las desigualdades que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo. No luchamos por ser "más", luchamos por ser igual". 

Así la persona como sujeto que realiza con sus comunicaciones la cultura es, también, uno que la cultura realiza para si. El ejemplo del feminismo, y la autora que escribe en el artículo anterior, que "combate" y "lucha" por el objetivo de "ser igual", de alguna manera está realizando el sentido de la competencia y, en el fondo, estaría realizando la cultura Patriarcal. Lo cual es esperable ya que estructuralmente los múltiples sistemas que correlacionan con la cultura en una persona (social, psíquico, nervioso y biológico) han estado expuestos a la misma durante toda su vida, hasta se podría decir, exagerando, que el sistema biológico está expuesto a la cultura desde antes del inicio del proceso que le dio origen en el entendido que los gametos tienen trazas culturales en los cruces sexuales factibles o no; por ejemplo, la hemofilia que la Reina Victoria I de Inglaterra hereda su descendencia y que se disemina en las familia reales de Europa o, también, los numerosos ejemplos similares que es posible encontrar en la endogamia social y religiosa.

Aunque el ejemplo de la hemofilia podría refutar la idea de clausura operacional del sistema biológico y validar la perspectiva de causa/efecto, el contexto en que ocurre y se expresa la genética es tan extremadamente complejo y tiene tantas capas de implicancias (biológicas, neuronales, psíquicas, sociales y culturales) que apelar a causa/efecto no sería correcto pese a ser operacionalmente atractivo en un contexto más bien reduccionista o que busca el control como paradigma reductivo.

Así, una importante pregunta que surge al analizar el porqué un sistema cultural que es, en el fondo, autodestructivo puede permanecer en el tiempo y, más aún, confundirse con la "naturaleza" de nuestra especie?

Ya revisamos en un punto anterior algunos aspectos de la resiliencia pero hay un aspecto biológico que es necesario profundizar.

A diferencia de las otras especies animales, el homo sapiens tiene un nacimiento prematuro y gran parte de su desarrollo físico se produce en condiciones de cuidado externo, donde el grado de dependencia al cuidador es total. Sabemos que en otras especies de animales que cuidan a su progenie, especialmente mamíferos, que algunos rituales de cuidados que se realizan con el nacimiento son especialmente importantes en el desarrollo de un adulto neuronal y emocionalmente sano. Lo mismo es válido para un humano, con la diferencia que el rango temporal que se requiere de atención y cuidados en tranquilidad y amor incondicional es mayor, en el entendido de que hablamos de los primeros años y no sólo de los primeros segundos o minutos como es el caso de los bovinos, por ejemplo.

Hay numerosos ejemplos de pueriultura, que Carlos González en el libro Bésame Mucho, llama "Puericultura Facista", en que se da cuenta detallada y se recomienda prácticas de crianza que se alejan consciente o inconscientemente de la idea de "atención y cuidados en tranquilidad y amor incondicional" en pro de obtener, probablemente, individuos que como adultos sean sumisos y obedientes. Éstas características deseables en sistemas totalitarios, -no sólo facistas por lo que vale la referencia aquí a Pol Pot y el genocidio Camboyano, como ejemplo- pueden lograrse al condicionar las circunstancias en la relación del niño con su cuidador.

Una de las prácticas "recomendadas" por la "Puericultua Facista" es dejar llorar al niño ya que pasado un tiempo él se dará cuenta que es inútil su llanto y se silenciará.  Si observamos con más detalle esta práctica veremos que al no responder el adulto al llanto, el niño en forma instintiva deducirá algo como lo siguiente: "mis cuidadores han sido asesinados por un depredador y mi llanto lo alertará, debo callarme para sobrevivir". Bueno, no realmente así pero en el fondo es la angustia adaptativa al abandono, el estrés autoinducido lo que hace que finalmente aquel niño se silencie y, si eso, además, es una conducta reiterada como se recomendaba en la "Puericultura Facista" entonces el desequilibrio emocional de aquel niño, cuando ya adulto, será importante. Tendrá en el fondo un hoyo emocional, una sombra inconsciente de abandono "impresa" en un conjunto importante de neuronas que determinará mucho de su comportamiento afectivo y emocional de adulto, al punto que puede ser clasificado en algunas de las categorías de apego inseguro definidas por Mary S. Ainsworth o quizá peor.

Así, algunas prácticas conscientes o inconscientes de relaciones cuidador/niño pueden incidir profundamente en las características del adulto y esas características pueden quedar "impresas" de alguna forma en una estructura neuronal que asumimos inconsciente, una sombra si es que esas prácticas han determinado que exista algún esquema de apego inseguro subyacente. De la misma forma, no es difícil deducir que la Cultura de la Competencia podría fácilmente, en la práctica, incrementar la relación de individuos con apego inseguro dado que las condiciones de "tranquilidad y amor incondicional" no son necesariamente las que realizan el sentido de la cultura y, por lo tanto, es natural que aquellas sean conversaciones y, por lo mismo,  prácticas marginales. Por ejemplo, las guarderías o salas cuna son un caso actual, muy evidente, de como "tranquilidad y amor incondicional" son absorbidos por la necesidad de productividad o, en el fondo, por la "necesidad de seguir siendo competitivo"; eso sin siquiera considerar la omnipresencia, actualmente, de las redes sociales y el uso de smartphone. Una madre, o cuidador, que tenga presencia emocional permanente de sus hijos en los dos o tres primeros años es muy marginal a la línea dominante de la guardería infantil; no hablemos del padre que usualmente está ausente.

En términos generales es esta forma de "abandono", entre otras, la que induce la Cultura de la Competencia y, con ello, de alguna manera, se prepara los nuevos cuadros de individuos que ayudan a la preservación de la misma. Son "preparados" de modo que neurológicamente presentarían condiciones favorables a la reproducción de las comunicaciones compatibles con el Sentido de la Competencia. Para complementar, si reflexionamos por un instante sobre cual es la principal consecuencia del apego inseguro en una persona, probablemente nos daremos cuenta que aquella es la búsqueda, imposible, de sentirse seguro y ello en un entorno competitivo corresponde a competir, es decir a realizar y reproducir el mismo entorno. Digo búsqueda imposible ya que la inseguridad en este caso es una característica fijada neuronalmente.

Es decir, finalmente, habría una importante cuota de la dinámica biológica y neuronal involucrada en estructurar las comunicaciones que permiten preservar la Cultura de la Competencia.


4.1.- Teoria del Apego y Sistema nervioso

En un interesante post llamado "La Sociedad Adictiva" -del cual recomiendo su lectura- y que en forma similar al presente post, pero con más erudicción, el autor desarrolla la hipótesis en que habría ciertas características del "paradigma" actual que lo hacen sostenible a sí mismo, para ello señala que existe desde la biología un proceso de fijación de ciertas conductas en el sistema neurológico y lo explica con hay una densidad sináptica diferente dependiendo de la edad del niño. Un recién nacido tiene una densidad mucho menor que un niño de 7 años y éste a su vez tiene una densidad mayor que un adolescente de 15, también se sabe que la mayor densidad sináptica se produce alrededor de los 2 años; eso entre otras cosas.

Lo señalado respecto a las diferencias en la densidad sináptica, en el párrafo anterior, describe un fenomenal proceso de aprendizaje que ocurre en la infancia, en que el elevado número de conexiones sinápticas permite un elevado espacio de posiblidades de aprendizaje que gracias a una alta plasticidad ayuda a facilitar la deriva del desarrollo mental del niño. En la medida que el niño crece en la dinámica de su ambiente, nicho diría Maturana, estas posibilidades se van reduciendo en consonancia con las propias características del medio, es decir, ciertos circuitos sinápticos van siendo desechados para preservar los que el sistema evalúa como relevantes, probablemente por experiencia.

Si volvemos a la metáfora del submarino, entonces es como si aquel tuviese, en un momento dado, cientos de dispositivos indicadores y de maniobras disponibles pero que luego de varias navegaciones sólo algunos de ellos han sido útiles; haciendo, con eso, factible que sólo los dispositivos útiles se preserven mientras los no utilizados o utilizados marginalmente sean desechados físicamente en la situación de navegación final.

Si bien este proceso de selección y sus tiempos son más o menos comunes a todos lo humanos, la configuración final del Sistema Nervioso es propio de la dinámica particular, donde la clausura operacional posibilita tantas configuraciones sinápticas diferentes como Sistemas Nerviosos haya. Lo que no quita, por cierto, que sea posible hacer una asociación conductual, una observación, entre las formas de los cuidados al que el niño ha sido sometido con sus características de apego como adulto; es decir estructuralmente el Sistema Nervioso está, de alguna forma, orientado a ser "entrenado" de cierta manera, y sus posibilidades hablan de su determinismo estructural, pero pese a que distintos Sistemas Nerviosos pueden ser entrenados de la misma forma ellos pueden diferir en el detalle aunque, en grueso, pueden ser clasificados en algunas pocas categorías. Es decir, puede que los indicadores y palancas sean diferentes y su comportamiento en la navegación difiera en matices pero es posible, mediante observación, determinar la clase de submarino que se trata.

La Teoría del Apego entonces refleja estas categorias al poner énfasis en la relación del niño con su cuidador principal. Impulsada por John BowIby con la publicación del libro "The nature of the child's tie to his mother" en 1958 ha sido, posteriormente, incrementada por los aportes de un conjunto de investigadores de los cuales me parece que las extenciones de Mary S. Ainsworth que logra identificar distintos tipos de apego en niños y relacionarlos con el apego de adulto al categorizarlos entre seguros e inseguros y los aportes de Mary Main que extiende la categorización anterior y crea la Adult Attachment Interview que le permite comprender la forma en que los estilos de apego de los cuidadores pueden influir en el estilo de apego de los niños.

Si bien hay abundante literatura sobre los estilos de apego desarrollados por Mary Ainsworth es adecuado señalarlos. Por una parte está el modelo de Apego Seguro donde el desarrollo emocional del niño utiliza al cuidador como una base segura y éste por su parte reacciona de forma apropiada, rápida y consistente con las necesidades del niño. Por el contrario, una relación con el cuidador que no cumple de alguna forma con los parámetros anteriores -principalmente base segura, disponibilidad y consistencia- genera en el niño modelos de Apego Inseguro que es posible clasificar en tres categorías: ansioso, evitativo y desorganizado. Por su parte, para los adultos existe una clasificación similar que de alguna manera determina su comportamiento en las relaciones románticas. Recomiendo profundizar más este tema que me parece fundamental para mejorar la salud mental de cualquiera.

Los modelos seguros de apego tienen la cualidad que permiten la modificación según la nueva experiencia, mientras que los modelos inseguros tienden a ser más rígidos y, por ello, se encuentran más limitados para integrar la nueva experiencia con las anteriores, es decir, tienden a ser menos plásticos.

Por su parte el aporte principal de Mary Main, además de articular la categoría de apego inseguro desorganizado, es la de crear la Adult Attachment Interview que le permite comprender la forma en que los estilos de apego de los cuidadores pueden influir en el estilo de apego de los niños. Es decir los modelos de apego de los padres ejercen una influencia importante en la calidad de las interacciones tempranas y, a su vez, moldean los modelos de apego de los hijos.

Con ello, las investigaciones de Mary Main nos permiten concluir que los modelos de apego resultan ser, en gran medida, una herencia cultural que se traspasa de padres a hijos.

Ahora, es altamente probable que la Cultura de la Competencia que caracterizamos a través de la dinámica del Sentido de la Competencia, es decir, la, también, Cultura Patriarcal Autodestructiva que hemos caracterizado estructuralmente como aquella cuyos valores son: la dominación, la apropiación, el poder y la gloria; tengan detrás el impulso de modelos de apego inseguro. El aporte en seguridad que la dominación, la apropiación, el poder y la gloria entregarían a algunos individuos con modelos de apego inseguro en un ambiente de competencia me parece que, por sí sola, justifica que haya una alta correlación entre los modelos de apego inseguro y la relevancia de los aspectos estructurales centrales de la Cultura de la Competencia.

Es más, aquello justificaría aún más las recomendaciones señaladas de la "Puericultura Facista" donde individuos inseguros con un "ego perdedor" permiten que otros, también inseguros pero con un "ego ganador" -ya veremos de qué se trata el ego en este contexto- puedan sacar provecho de su posición aparentemente mejor en una Cultura de la Competencia que "premia" al ganador con la posibilidad de ejercer más dominación, más apropiación, más poder y más gloria; es decir en el fondo más "concentración" como se caracterizaba el fenómeno social que degrada al sistema actual. Entonces, mirado desde la competencia, el apego inseguro es un bien que permite la reproducción adecuada del sistema, al contrario del apego seguro que haría más difícil tales dinámicas estructurales y, por lo mismo, la reproducción de las comunicaciones con sentido.

Con lo anterior, se puede apreciar un hilo coherente de relación que explica la posibilidad cierta de una raíz biológica en la reproducción de la Cultura de la Competencia a través de los modelos mentales, de base neuronal, que los apegos inseguros facilitan; del mismo modo se puede ver claramente como hay retroalimentaciones importantes desde la cultura a la biología, sobre todo en áreas urbanas, que facilitan la reproducción de la cultura y sus manifestaciones tanto a nivel psíquico, como neuronal y biológico. Ello si, atenuado por la importante plasticidad que presentan todos los anteriores sistemas.

Hago la salvedad anterior sobre "áreas urbanas" producto que las ciudades tienen la característica de proyectar la cultura. Por ejemplo muchas ciudades europeas tienen, en su casco antiguo, murallas que "hablan" de "lucha", "invasión", intentos de "dominación", etc. O las actuales donde predominan los automóviles y su extensión en una complejidad que nuestra mente no puede manejar fácilmente.

Ahora, la pregunta que surge en ese punto es cómo sería posible transformar este sistema cultural considerando el aporte que hace la Teoría del Apego? Una respuesta simple, a esta interrogante, es seguir las recomendaciones de la Teoría del Apego en la crianza de los niños, pero no es tan fácil. Si recordamos a Mary Main, ella dice que en la mayoría de los casos, quizá más del 75%,  el modelo de apego se hereda culturalmente de padres a hijos, es decir por mucho que apliquemos las recomendaciones seguiremos en un escenario similar ya que se necesita sólo un porcentaje mínimo de individuos con poder para que una estructura patriarcal se autoreproduzca -mira afuera.


4.2.- La Sombra, el Ego y el Yo

La posibilidad de transformación de la Cultura de la Competencia en una Cultura del Respeto, como revisamos en el punto anterior, es bastante reducida, más si le sumamos lo del punto "2.1.3.- Cambio Cultural". Por lo cual, el escenario entonces de una debacle civilizatoria profunda podría ayudar, aunque no es ideal dado el sufrimiento que aquella acarrearía.

Lo que si puede ser más factible es un cambio personal. Si la revisión que has hecho de las características de los apegos y, por lo mismo, el análisis de tu infancia te han dado pistas que tu modelo de apego es inseguro quizá porque: estuviste en incubadora o tus padres eran a su vez inseguros o quedaste huerfano a temprana edad o viviste abandono, etc. entonces puede que te interese hacer un cambio que te ayude a mejorar tu base emocional y, por lo mismo, tu bienestar psicológico.

Hipotéticamente ese cambio puede ser posible dado que estamos hablando de modificar nuestro modelo emocional, nuestra base emocional, con la cual actuamos en el mundo y es probable que aquel modelo se encuentre en nuestro Sistema Nervioso. A diferencia de otros aspectos de nuestra fisiologia, como la vista por ejemplo, que tienen un umbral de intervención temporal limitado para activarlo, podemos asumir que nuestro modelo emocional es bastante más plástico y permite intervenciones profundas a toda edad.

Pero antes es necesario desarrollar algunos conceptos, más bien reformular, la idea de sombra, de ego y de yo. Además describir un modelo emocional ideal al que aspirar y contrastarlo con lo que podría ser un modelo con sombra -o de apego inseguro. Todo lo que desarrollaremos a continuación es bastante especulativo y puede no ser necesariamente así, lo que es usual cuando hablamos de alguna forma de la "mente".

La sombra la podemos ver como el establecimiento inconsciente, por lo tanto en las primeras etapas de formación del apego, en el Sistema Nervioso, de un conjunto de emociones que interpretan la relación de apego inseguro del niño. Es decir, hay un conjunto importante de neuronas que "almacena" la estructura del modelo de apego. La llamo sombra, en referencia a Jung, porque este modelo tiene características "oscuras" con, probablemente, la preemiencia de emociones de inseguridad profundas e inconscientes que responden o se activan en situaciones relacionales cuando el Sistema Nervioso, de niño o de adulto, interpreta ciertas situaciones como "haciendo saltar las alarmas" y generando con ello "respuestas predefinidas". Usualmente este proceso de alarma/respuesta es bastante primitivo y genera una referencia emocional (ira, miedo, verguenza, huída, etc.) profunda.

El ego, por su parte, sería una "respuesta" más o menos consciente a la sombra. Podemos pensar que es una construcción psíquica que busca resolver las emociones de la sombra de modo que "las alarmas" y "las respuestas predefinidas" puedan ser "controladas" o puedan tener un correlato explicativo en el ámbito social. De la misma forma el ego sería una construcción psíquica que permite resolver la inseguridad que estaría asociada al modelo de apego; por ejemplo, la timidez, que se articula en el ego como un "yo soy tímido" podría ser un mecanismo que resuelve a nivel psíquico un modelo de apego inseguro evitativo.  Aunque pese a que puede haber el desarrollo de otros "yo soy..." para resolver el mismo tipo de apego, tantos como personas,  la timidez, como ejemplo,  parece ajustarse bien a ese tipo de apego.

Así la sombra como el ego están relacionados y corresponden a una intervención psíquica y cultural en el espacio emocional del niño. Por ejemplo, la idea de timidez no nace espontáneamente sino que se aprende desde, probablemente, una observación hecha por terceros sobre la conducta del niño: "Juanito es tímido" o por el mismo niño buscando explicación a su conducta: "las personas tímidas son aquellas...".

Las manifestaciones de la sombra como del ego son relacionales ya que su origen es, escencialmente, relacional en el entendido que son productos de modelos de apego inseguro. Así ellas difieren según sea la dinámica social y relacional donde la persona participa. Usualmente las relaciones de adulto con padres y hermanos pueden desencadenar "episodios" de "haciendo saltar las alarmas" emocionales que no ocurren en otros ámbitos sociales.

Finalmente,  el modelo de apego inseguro exige cierta estabilidad, ciertas certezas, "convicciones" o "verdades". Aquí cumplen un papel las creencias que son, básicamente, ideas que se han fijado o resultan inmutables lo cual aporta estabilidad pero, por lo mismo, resta realidad. Es en el ego donde usualmente se organizan estas "convicciones" o creencias.

Al contrario la ausencia de sombra facilitaría la emergencia de un yo,  que respondería, por ejemplo, a un modelo de apego seguro que en su forma ideal equivaldría a un equilibrio emocional, es decir las emociones, todas, están presentes y se viven como eventos normales que no son alimentadas por la sombra, en forma inconsciente, o el ego en forma consciente.

Es decir, desde la perspectiva del yo, un susto -quizá el crujir de una rama en un bosque- es un evento puntual que se gatilla a partir de una situación particular y que se resuelve usualmente en pocos minutos. Por su parte, desde la perspectiva del ego, es posible "alimentar" un susto, quizá la sombra "enciende alarmas", usando por ejemplo la imaginación y de esa forma transformar un evento puntual en un miedo, que puede perdurar y reproducirse por un largo intervalo de tiempo.

Usualmente digo que hay emociones que van de los "pies a la cabeza" -del yo: el susto, la pena- y emociones que van de la "cabeza a los pies" -del ego: el miedo, la tristeza. Es decir, éstas últimas son "alimentadas" por el sistema psíquico mientras que para las primeras el sistema psíquico funciona más bien como intérprete o "tematizador" de las mismas en un entorno de comunicaciones o reflexivo.


4.3.- Reconstrucción Amorosa del Yo

Como dice Facundo Cabral citando a Krishnamurti: "la verdadera revolución es revolucionarse". Así, la reconstrucción amorosa del yo es, si fuera posible, un revolucionarse emocional que nos permitiría cambiar profundamente la forma en que vivimos. Digo "si fuera posible" puesto que no es un proceso simple ni cierto pero puede ser factible considerando que: el modelo de apego inseguro se deja identificar, también existe la caracterización del modelo de apego seguro que sería nuestra meta y, finalmente, nuestra biología y, sobre todo, nuestro sistema nervioso -donde suponemos reside la sombra y el ego que son nuestras personales interpretaciones del modelo de apego inseguro- son sistemas muy plásticos que podríamos reorganizar de la forma usual: mediante aprendizaje.

Como disgresión, vale para este punto la misma aclaración que para el punto anterior y, en general, para todo el post. Todo lo que se señala es altamente especulativo, son reflexiones, conocimientos y experiencias personales que se organizan en un plan de transformación desde una supuesta Cultura de la Competencia en una Cultura del Respeto. El presente punto busca esa transformación a nivel individual desde la hipótesis que un modelo de apego inseguro puede transformarse en un modelo de apego seguro y, aquello, facilitaría, a la larga, la transformación cultural. Fin de la disgreción.

Si bien la sombra podemos identificarla fácilmente como aquel "enjambre" emocional más o menos fuerte que "enciende alarmas" y nos colocaría en una posición "especial" en el entorno relacional que vivimos en ese momento, tengo la impresión que sería una estrategia mas adecuada, para hacer los cambios que nos lleven a un modelo de apego seguro, el comenzar por el ego que técnicamente puede ser más abordable al considerar aspectos conscientes que pueden ser manejados desde la conversación y la reflexión,  logrando con ello transformaciones que, en forma ideal, deberían hacer desaparecer tanto el ego como la sombra y, que por consiguiente, permitan la emergencia del yo. Así, del mismo modo que necesitamos caracterizar una nueva cultura para superar la Cultura de la Competencia, para superar la sombra y el ego necesitamos un yo y, junto a él, un modelo emocional que permita que ese yo exista amorosamente.

Desde el sentido común y apelando al modelo de apego seguro se puede inferir que un niño que tiene la base segura, un cuidador que le permite explorar libremente, podrá crear, vivir o, potencialmente, se encontrará en situaciones que lo enfrentarán tarde o temprano al conjunto de todas las emociones humanas; aquello, desde la perspectiva segura, no representará ninguna experiencia traumática o de sobrerreacción emocional, lo que permitirá que el modelo de apego seguro tenga un equilibrio emocional donde todas ellas, las emociones, estén presentes, sin alarmas, sobrerreacción o bloqueos. De mismo modo si asumimos que no hay necesidad de un ego, entonces es probable que aquellas emociones tampoco sean alimentadas por la psiquis generando, ahora, emociones desde "la cabeza a los pies" que extienden el ámbito de la emoción original al generar imágenes o situaciones psíquicas recurrentes que transforman un evento puntual, emocional, como un susto, por ejemplo, en un miedo, o algo similar, que se prolonga más allá de ocurrida la acción que lo propicia: el crujir de una rama en el bosque, que nos produce un sobresalto, no sería alimentada con la idea que un depredador anda tras nuestros pasos y está a punto de saltar sobre nosotros.

Gráficamente podemos representar este modelo emocional de una manera tal que, por una parte, describa una situación de equilibrio donde ninguna emoción está sobrerrepresentada y, por otra, ninguna emoción es alimentada por nuestro sistema psíquico extendiéndose y aumentando en el tiempo. La imagen que usualmente uso es la de una serie de flotadores de similar tamaño que pueden ser presionados, hundiéndose pero recobrando rápidamente su posición de reposo. Un esquema adecuado para describir que se puede experimentar todas las emociones y que ellas se experimentan por el instante de tiempo que corresponde a la situación que las gatilla pero que, pasado el evento, ellas vuelven gradualmente al estado original.

La imagen de flotador para las emociones también ilustra el líquido que permite que ésta respuesta emocional sea posible. Considero que la idea expuesta por H. Maturana para describir el amor como la emoción de aceptación del otro como un auténtico otro y que a lo largo de este post hemos llamado respeto y que hemos extendido a muchos otros, es un elemento clave en el manejo equilibrado de emociones y que puede ser adecuadamente representado por el líquido sobre el cual las emociones se expresan o flotan. El amor, o el respeto representado,  simbolizado, como un mar.

Otro aspecto importante del modelo emocional ideal es que la emoción de respeto, el amor, es permanente y está centrada en el yo. El yo vive en el respeto, se vive respetuosamente, se vive amorosamente independientemente que siempre hay un otro, o muchos, en relación con uno (por ejemplo: la mesa, la silla, el fuego del hogar, el teclado, la tablet son mis otros en este momento) el respeto es una emoción permanente del yo que puede ser representado en círculos concéntricos de intimidad. Con quién tengo más intimidad, más puntos de encuentro, está más cerca del centro del círculo, con quién menos más alejado hacia la periferia. Así, a diferencia del amor en la dinámica patriarcal que se organiza como una característica de la relación, en un modelo emocional ideal el respeto es una emoción permanente centrada en el yo. Es casi de sentido común plantear que el amor de nuestra vida es uno mismo, ya que si no tenemos autoestima, si no tenemos respeto por nosotros mismos entonces es imposible que tengamos amor o respeto por otro.

Teniendo a la vista el modelo emocional ideal que permitiría lograr la, supuesta, emergencia del yo podemos especular las características que tendría este yo ideal. Un punto de partida puede ser la caracterización que se hace de las personas con apego seguro y, sobre todo, de las personas que tienen autoestima. También podemos especular un poco más y asumir que nuestro yo es nuestra identidad sin identidad, es decir, a diferencia del ego un yo no necesita un "yo soy..." o un "yo no soy..." un yo sólo "es" y, con ello, puede "diluirse en el todo que contiene".

Pensaba que podría ser buena idea dar algunas recetas de cómo podemos "enfrentar" la sombra y su ego asociado pero, dada mi limitada experiencia, tengo la impresión que es mejor que cada persona a través de conversaciones y reflexiones desarrolle su propio proceso de transformación.


5.- Conclusiones

Si todo fuera como se propone en esta gran hipótesis la tarea de una transformación cultural sería "técnicamente" factible pero, sabemos, que aquí las dificultades no son, necesariamente, "técnicas".

Las creencias, explícitas y ocultas, en las comunicaciones que se autoreproducen detrás de lo que identificamos como el sentido de la competencia, el arraigo de la aproximación estructural a los temas culturales, sociales, psíquicos y biológicos en desmedro del enfoque funcional, la probable raíz biológica que facilita la reproducción intergeneracional de la cultura dominante, entre otros miles de factores, hacen que la factibilidad real, cotidiana, de una transformación cultural sea muy improbable.

También soy consciente que un proceso como la "reconstrucción amorosa del yo" trae de la mano dificultades prácticamente insuperables frente al peso neto aportado por la sombra y el ego, tan reales en un contexto que difícilmente los cuestiona adecuadamente y que, al contrario premia esas caracterísicas. Además y, en particular, la sombra que es tan emocionalmente inaccesible.

No diré mucho mas. Queda en tus manos "la verdadera revolución que es revolucionarse", pero antes una pequeña referencia, por si es útil, a un fragmento del documental del año 2003 del cineasta alemán Werner Herzog. Wheel of Time trata sobre un importante rito del budismo tibetano llamado Kalachakra. En medio del metraje aparece una escena que muestra a un monje comprando unas aves enjauladas y, luego de retenerlas en sus manos, las libera, con lo cual aquellas alzan el vuelo, alejándose. Herzog le pregunta ¿porqué lo hace? El monje responde con tres frases:

"Todos los seres vivos son iguales. Todas las criaturas tienen derecho a llegar a ser Buda. Para llegar a ser Buda tienes que ser libre."

Como expresa el monje del documental, para ser Buda es necesario ser libre y para ser libre es necesario ser, es decir, necesitamos, como primer paso, reconstruir amorosamente nuestro yo. El camino de lo correcto sólo es posible si podemos distinguir adecuadamente entre lo correcto y lo incorrecto y la forma de lograrlo es disolviendo la sombra, el ego y haciendo emerger el yo y su equilibrio emocional que es el que, finalmente, nos permitirá trascenderlo.

La religión budista, y todas las otras religiones, así como todos los sistemas de creencias e ideologías existen en un espacio de respeto y, por lo tanto, son, de alguna forma, auténticos otros que nos permiten conversaciones, reflexiones y experiencias en el espacio relacional.

Y, no lo olvides, puede que quizás algunos auténticos otros no quieren que estés aqui; entonces siempre estará la fórmula "inche kay che", cuando sea necesario, para recordarte que "yo, la persona, permanece".

Finalmente agradecimientos a Eva, la hermosa mujer real y su imposiblilidad, y a todas las Evas que están ahí, en el mundo, reconstruyendo amorosamente su yo.

Suerte

Gus


Algunos Post Scriptum:

1.- Una canción generada por SUNO IA con letra mía que describe "poéticamente" el yo.




2.- Aprendí que el "che" mapuche es bastante más complejo que la idea que podemos desprender del concepto de "persona", transcribo parte de un correo reciente que lo aclara:

"... el itrofill mogen es parte de la filosofía del azmapu y que tiene por propósito el küme mogen, el buen vivir. Esto requiere comprender otra ontología, la de todos los seres: humano, no humanos, espirituales en igualdad, y para ello el ser humano, el che, debe ser poyenche (cariñoso) newenche (con fuerza espiritual), norche (justo) y kimche (sabio) por lo menos, es decir ser che, no es ser cualquier cosa. Iñche kay che, literalmente, es yo también soy gente, ..., claro exige ser considerado igual al otro. El che no es un ser aislado, ni tampoco el río, el sol, etc. todos estamos conectados... necesitamos de los otros seres"

Lo que, además, da pistas de la complejidad de la cultura mapuche y, por lo mismo, validaría, en parte, la hipótesis que las Culturas del Respeto son bastante más complejas que la Cultura de la Competencia.

3.- Hay una "ilusión" que nuestra civilización es producto de nuestra "inteligencia superior" como especie, lo que podemos generalizar a la mayoría de todas las civilizaciones pasadas, con algunas excepciones. Desde la perspectiva de este post, por el contrario, la "idea fuerza", "el motor", "el impulso" detrás de las civilizaciones no es la inteligencia sino el ego. Se requiere mucha inteligencia para observar y entender procesos naturales complejos y, a partir de ellos, adecuar modos de vivir humanos a aquellos procesos. A partir de lo anterior nos queda claro que la frase fundacional de la civilización occidental: "Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra", es de una ingenuidad manifiesta por decirlo de modo "políticamente correcto"; de hecho, aún hoy, no es una frase que se aleje mucho de las pronunciadas actualmente en alguna reunión de directorio o de gabinete.