Ayer conversaba con una amiga de mi mujer, muy creyente, sobre un tema que me inquieta actualmente... la necesidad de la inexistencia de dios.
Desde aproximadamente 5 años atrás soy oficialmente ateo. Antes fui católico, cristiano y agnóstico.
Hace, también alrededor de 5 años comencé a sentir que algo iba a pasar. Tenía una sensación de urgencia de irme a vivir al campo, pero no había nada racional que justificara esa necesidad, esa urgencia que cada vez se hacía más fuerte... la evidencia del calentamiento global no ameritaba tanta urgencia, hasta que encontré la respuesta: el Peak Oil, desde ese momento la sensación de urgencia pasó y mi vida se orientó a buscar una solución para mi familia y para los que pueda al gigante problema que se nos viene.
Mi solución práctica es buscar la forma de aprender a vivir en el campo y eso lo plasmo en mi página. Mi solución de negocios es ayudar a crear una empresa familiar que se oriente hacia estos nuevos valores. Y mi solución filosófica apunta a buscar los nuevos valores en los cuales construir una nueva cultura.
Este blog me permite ir escribiendo ideas de todos los frentes con más facilidad.
Bueno, retomando, en la conversación de ayer el tema era el concepto de dios-padre que yo considero una creencia clave de la cultura autodestructiva y que, por lo mismo, pienso que es necesario revisar.
El dios-padre tiene un pasado bastante fuerte en el viejo testamento. Hay escenas en que obliga al pueblo de Israel a que realice genocidios en su marcha a la tierra prometida o en que humilla a las mujeres obligándolas a que sean violadas y etc.
Ese figura de dios-padre es suavizada por la posterior figura de Jesús que incorpora el concepto del amor a la doctrina de dominación propulsada por el dios-padre.
Con ello, el dios-padre del viejo testamento se transforma en un dios-padre-amoroso.
Es decir, pasas del señor feudal al banquero.
En el fondo tenemos un dios-padre igual.
De donde viene ese dios-padre?
Desde mi perspectiva el principal valor de la cultura autodestructiva está en la idea del padre que luego se plasma en la idea de dios-padre y que, por lo mismo, valida y legitima a estos nuevos padres como el señor feudal y el banquero, quienes en su afán de ser más padres, de tener más "hijos", buscan aumentar su poder a toda costa, cosa que se transforma en un fin en sí mismo, los "hijos" (súbditos y cuenta habientes respectivamente) son sólo un instrumento para aumentar ese poder.
Del padre-banquero ya sabemos como ellos han aumentado su poder a través de las hipotecas-basura.
Si. El padre no puede controlar la complejidad. Y algo va mal en algún punto. Y se autodestruye.
Eso está pasando con nuestro padre-banquero, nuestro padre-iglesia y seguirá pasando con nuestros otros padres. De los cuales dependemos.
El valor del padre, al ser un núcleo concentrador de poder, no es capaz de manejar complejidad y en algún momento esa incapacidad le pasa la factura. Por que el padre sólo conoce una lógica, la de acumular poder. La de que su prole crezca.
Todos los dictadores, como metáforas de este valor del padre, terminan mal.
Pero, retomando la pregunta, de donde viene ese dios-padre?
Nuestro dios-padre es el reflejo de una cultura. La cultura de pastores del pueblo de Israel. En general, son las culturas pastoriles las que desarrollaron dioses-padres agresivos y dominadores, expansivos.
Por qué las culturas pastoriles son más agresivas que las de agricultores?
Por qué mantener una propiedad sobre un rebaño es, de hecho, una actividad mucho más violenta y agresiva que mantener una tierra de labor. Hay competencia violenta contra los depredadores, contra los lobos, los pumas, contra animales carnívoros mucho más feroces que los animales hervivoros con los cuales tenían que lidiar los agricultores.
Eso ha hecho que la figura del padre en las comunidades pastoriles del pasado haya cobrado fuerza como una solución a la supervivencia mucha más efectiva que la de una comunidad diversa deliberando cooperativamente sobre ¿qué hacer?
De esas comunidades pastoriles viene nuestra creencia en el dios-padre.
Ellas han sido más eficientes, violentamente más eficientes, que otras comunidades en la preservación de sus ideas.
El dios-padre que nos asola y que está oculto en ese dios-padre-amoroso iconiza el valor que nos autodestruye.
Y que nos viene autodestruyendo desde que domesticamos las semillas y los animales.
El dios-padre se transforma así en la justificación de la apropiación de, principalmente, los rebaños y la justificación de matar a otros en pro de esta apropiación (primero lobos y depredadores para, luego otros humanos).
La forma en que esta justificación se articula es en la figura de un dios-padre-creador que es dueño de su creación y que como tal, le entrega su creación a su hijo. Como legitima herencia. Lo que valida la apropiación que se hace de los bienes de la tierra, de otras criaturas que son pares y coparticipes del vivir.
La coyuntura en la que vivimos es probable que signifique el punto último de la autodestrucción producto de esta idea.
La idea del dios-padre.
Es necesario que cambiemos de idea.
Gustavo