Ya hemos visto que la religión del dios-padre es un subproducto de una cultura que autoaniquila a su enésima cumbre civilizatoria. Si, por que antes de nuestra civilización industrial ha existido por lo menos 27 civilizaciones que han surgido y decaído como señala Jared Diamond en el libro "Colapso"; incluida la civilización Maya que nos resulta tan significativa en este año 2012. Así, es inevitable que dentro del curso de este siglo nuestra civilización industrial que comienza a surgir hace 250 años a partir del uso del carbón en la producción de bienes, se desmorone producto que la fuente de energía primaria (los combustibles fósiles) se está agotando rápidamente y no hay otra fuente energética con las mismas características que la reemplace. No hay milagros.
Pero, independiente que esta cumbre civilizatoria que ahora vivimos se autodestruye como lo hace, la cultura del padre, que sustenta los valores de la apropiación, la dominación, el poder y la gloria, esa cultura permanecerá y, en el futuro, en algún lugar por ahí volverá a generar civilizaciones, más pobres, mas locales, menos espectaculares y tecnológicas que la actual, pero civilizaciones al fin y al cabo, con forma de pirámide, donde muchos sostienen a unos pocos que, probablemente, detentan algún tipo de poder.
Es así como la religión del dios-padre, igual que las civilizaciones, es un subproducto de la cultura autodestructiva, violenta, que nos somete y, lo que es peor, que reproducimos. Si, nosotros reproducimos en forma constante esta cultura autodestructiva, somos un ladrillo que conforma este muro de autodestrucción que determinará que la vida de miles de seres de aquí a fin de siglo termine en forma anticipada en un mega ajuste que la misma naturaleza está poniendo en marcha más rápida como evidencian los acontecimientos del verano boreal.
Pero, independiente de los detalles, la religión del dios-padre al parecer también está siendo fuertemente cuestionada por los jóvenes (no soy el único). Esta noticia habla de aquello. Y estoy a la espera de los datos del censo en Chile para tener más información sobre lo mismo. Desde mi perspectiva es normal que este aumento del ateísmo ocurra, sobre todo en paíces católicos, ya que la autodestrucción acelerada de la Iglesia Católica propicia este tipo de incredulidades. Aunque, vale reconocer, también propicia el proceso contrario.
La autodestrucción de la Iglesia Católica es un hecho. Yo no tengo ningún problema con la iglesia, por muchos años fui creyente, con una pequeña vocación sacerdotal que no concreté (este poema la evidencia). Y, además, muy agradecido de haberme permitido trabajar por diez años en una universidad dependiente de ella. Luego de reirarme de aquel trabajo, en parte por mi ateismo, comencé a escribir este blog en que cuestiono la existencia de dios en el marco del análisis de nuestra cultura autodestructiva. La autodestucción de la Iglesia Católica comenzó hace muchos años pero se aceleró en el papado de Juan Pablo II donde se propició la pirotecnia por sobre los principios, el caso de Marcial Maciel -que el papa Juan Pablo II ponía como ejemplo- es emblemático de cómo esta autodestrucción se articula. En el futuro seguiremos viendo como la Iglesia Católica se deteriora para, estimo, alrededor 2030 dejar de existir como la conocemos.
El proceso de alejarse o de perder la fe en el dios-padre lleva a un periodo que puede resultar complejo para una persona religiosa, como me asumo. Pero en la medida que ese proceso de deriva al ateísmo tomaba cuerpo la lógica de la independencia entre dios y la divinidad que describo en este post reciente. En ese mismo post señalaba que probablemente la nueva religión debería ir surgiendo al unísono que la nueva cultura, en nuestros corazones a partir de las certezas emocionales que reflejen la adecuada articulación de los nuevos valores subyacentes a la misma.
A esa nueva religión la llamo la religión de la tierra con el objetivo, más bien práctico, de poder resolver los aspectos del lenguaje que, por años y años, usamos asociados a la idea de dios. "Si dios quiere" muta a "Si la tierra quiere". El "gracias a dios" se expresa ahora como "gracias a la tierra" y así. Las expresiones cotidianas en que dios participa no requiere que sean desechadas y negadas. Una divinidad puede ser materializada en la tierra, ya no como madre, como la diosa-madre del pasado sino como lo que es: nuestro espacio de convivencia universal como especies que coconstruimos este nicho biológico del vivir.
Es un necesario reconocimiento a la divinidad de la tierra y de la naturaleza.
Gustavo