martes, octubre 30, 2012

Plan Chile II. Dimensión Familiar


Cómo cambiamos de paradigma desde una dimensión familiar?

Independiente que uno lleve adelante reformas personales y esté adecuadamente preparado para afrontar cualquier cambio, por grande que parezca, no estamos sólos. Somos miembros de una familia, una tribu, un conglomerado. Por lo tanto, resulta determinante contextualizarnos en ésta comunidad y plantearnos la pregunta qué puede hacer una familia, la nuestra, para prepararse para el cambio que impondrá este declive energético (y varios problemas más) a la nuestra civilización.

Cuanto antes comencemos a socializar en nuestra tribu los elementos conceptuales, los datos y al panorama de cambios que se aproximan, más posibilidades tenemos de poder preparar al entorno cercano para afrontar tales desafíos. Independiente de nuestra posición jerárquica en el clan familiar (aunque seas el más chico tu tribu como me ocurre a mi o el padre, como también me ocurre), siempre hay una o varias formas de ir socializando esta temática. Es probable que sea, por mucho tiempo más, una temática marginal ya que al no salir en la televisión y tampoco en los diarios, es decir, al no existir como realidad mediática, no es fácil instalarla como tema ya que se confunde con las teorías del fin del mundo, conspiraciones y reptilianos que abudan y, sobre todo, confunden del verdadero y real problema..

En términos concretos y no habiendo soluciones dentro del paradigma imperante de crecimiento económico, -de hecho es este crecimiento económico es el que produce el problema al presionar, cada vez en forma más violenta, por los recursos.

Vale en este punto una disgresión. He hecho alusión al crecimiento económico como el verdadero problema de fondo. El declive energético de la civilización no sería un problema realmente grave si nuestro sistema económico fuera diferente y, por lo tanto, no exigiera crecimiento. Es, principalmente, por el tema del crecimiento que este problema del declive energético es tan complejo y difícil de afrontar. Nuestro sistema económico actual necesita crecimiento para funcionar, para crear valor y, a través de esa creación de valor, permitir que las deudas sean pagadas y que tu dinero invertido en instrumentos financieros crezca. Si no hay crecimiento entonces las deudas no pueden ser pagadas y, por lo mismo, tu dinero no crece. Es simple y te compete. Lo he simplificado. Por ejemplo, nuestros fondos de pensiones está ligados a los rendimientos de las empresas, las AFPs invierten en acciones de esas empresas y, dichas acciones aumentan de valor en la medida que esa empresa tenga resultados positivos, es decir, por alguna razón crezca, y ese crecimiento, por temas de correlaciones muy claras, tiene impacto en la demanda de recursos y esa demanda, sobre bienes en declive productivo o ya escasos, generará problemas de disponibilidad para las empresas y mercados menos conpetitivos como es Chile lo que determinará una contracción significativa. Chile es un mercado muy, pero muy pequeño que está en una situación geográfica muy desmejorada con respecto a los grandes centros de consumo y de producción. Es significativa la distancia, -física, política y comercial- que tiene con respecto a las grandes reservas de petróleo, eso sin considerar otros muchos factores que están incidiendo en el mercado de la energía y que afectan a nuestro país y afectarán a la producción de nuestras industrias.

En términos concretos un buen ejemplo de cómo actúa el crecimiento está dado por los sistemas de comunicación de voz. Las compañías telefónicas han experimentado, en las últimas dos décadas un crecimiento desmesurado de la oferta de terminales de comunicación (teléfonos). El mercado se ha atomizado al punto de pasar de un grupo familiar como sujeto del mercado (1989 - Fijos: 5,3/100 hab. y móviles 0,04/100 hab.) a las personas como usuarios de varios teléfonos (2011: fijos: 19,43/100 hab.  móvil: 129/100 hab.). Qué ha ocurrido? Las empresas por la necesidad de crecimiento que impone el sistema económico han actuado atomizando la demanda, dividiéndola con distintas estrategias -desarrollo de la telefonía móvil personal, una tarifa inter-compañía artificialmente alta, la numeración cautiva, etc.- de modo que el mercado se ha ido ampliando y esta expansión ha permitido el crecimiento de cada compañía. Si no existiera la necesidad de crecimiento que impone el sistema económico es probable que ninguna de estas transformaciones que hemos vivido haya tenido lugar en tanto que la telefonía, bien mirado, es un bien suntuario -no es comparable a la alimentación, el abrigo o la vivienda. De hecho asociado a esta expansión del mercado producto de la necesidad de crecimiento de las empresas (que nosotros exigimos con nuestros ahorros, no somos inocentes) hay varios fenómenos que cristalizan y que resultan de sumo instructivos para entender por qué nuestra cultura es autodestructiva y, por que es casi inevitable el fin de nuestra cvilización. Uno de los aspectos relevantes es como el sistema económico ha ido atomisando el mercado y, con ello, ha ido estableciendo el individualismo como un valor. Al ir estableciendo el individualismo como un valor el nivel de protección que tienen las personas es precario, por muchos recursos que una persona tenga si no está asociada a una red de confianzas -una familia, una comunidad, una tribu- su nivel de seguridad es precario en cuanto depende sólo de los servicios que puede comprar o adquirir dentro de un proceso de transacción no voluntario y amistoso. Es claro en una mirada a vuelo de pájaro que los valores comunitarios se han ido debilitando y, por eso mismo, la sensación de inseguridad ha ido aumentando, por ejemplo.

Con el ejemplo anterior vemos cómo actúa el valor del crecimiento desde la perspectiva del sistema económico y, cómo ese crecimiento, además de requerir ingentes recursos tanto energéticos como materiales, condiciona los valores del sistema social. El crecimiento establece una dinámica que parece real pero, en el fondo, corresponde a una irrealidad en la que caemos involuntariamente, ilusión desde la cual es muy difícil de salir porque es normalmente invisible. El teléfono se ve como una necesidad cuando no lo es. Fin de la disgresión.

[1] Identificación. Ahora, a partir de lo establecido en la disgresión anterior, el valor del crecimiento condiciona los lazos de unidad de los grupos de personas -familias, comunidad, tribu- entonces una de las primeras actividades a realizar, dentro de un plan familiar, es poder ver claramente este fenómeno, ver la atomicidad a la que los grupos o conglomerados están sometidos en tanto consumidores y, por lo mismo, la disgregación forzada de dichos conglomerados estableciendo con ello la dinámica autodestructiva ya que el mismo sistema que consume los recursos es alimentado por las exigencias de los consumidores que, en el proceso, son atomizados generando condiciones que un ciclo de autodestrucción se materialice al quitarle poder a los consumidores. Al perder cohesión, los conglomerados dejan de ser sujetos políticos y, con ello, pierden poder que se hereda a los sujetos quienes resultan tener menos peso político que el conglomerado previo.

[2] Recomposición Familiar. Así, la segunda actividad que se puede realizar es recomponer el conglomerado -familia, comunidad, tribu- en la medida que se visualiza como atomizado. Es importante generar conversaciones, conversaciones maturanianas, que permitan reactivar o componer lazos que ayuden a superar el ciclo de autodestrucción a la cual lo somete. Conversaciones que comprometan emocionalmente a los participantes, activos, abiertos, conscientes.

[3] Conocer el problema. La tercera actividad familiar es conocer el problema. Lo que yo he expuesto en estos post es una pequeña fracción, mínima, muy mínima, de los ingentes datos y de la problemática que enfrenta nuestra civilización. La familia debería poner en relación de información clave los datos y las formas que describen adecuadamente el problema de declive energético de la civilización y las múltiples crisis relacionadas formando el contexto de dicho problema. Conversar, socializar, caracterizar, simplificar, explicar son algunas de las estrategias que deberían considerar las familias para enfrentar esta problemática. Es, también importante, que las familias desarrollen pensamiento estratégico, no es factible hacer un buen análisis o tener una buena conciencia si sólo se considera el corto o mediano plazo como horizontes de actividad. El problema es complejo por lo cual no se ve a corto y mediano plazo, sólo el largo plazo hace emerger las consecuencias del declive energético.

[4] Reciclaje y energía. Las tribus familiares deberían comenzar y profundizar los procesos de reciclaje. En ese sentido el verbo que debería evitarse es el de comprar. La compra es un mecanismo hipertrofiado de solución de problemas que, a la larga, creará problemas más complejos e insolubles que los que ella misma soluciona. Así, incentivar el reciclaje, el ingenio por sobre ese mecanismo de hipertrofia que es la compra es un buen mecanismo para aceitar la capacidad familiar de solución de problemas, de cambio de hábitos y valores -valorar la basura no es menor. En ese sentido, la construcción de una compostera para el reciclaje de residuos orgánicos es un proyecto clave en la redefinición de los paradigmas autodestructivos, ver la conversión de la basura orgánica en tierra es comparable a la conversión del agua en vino de las bodas de Canaan. Lo mismo para el uso de la energía. El desarrollo e investigación familiar en sistemas de energía alternativos, simples, de escala humana. Por ejemplo, el uso de estufas de barro o de ladrillos -como las estufas rusas- construidas por la misma familia en obra puede ser un mecanismo más eficiente de calefacción y coción de los alimentos que una cara estufa industrial que debe cumplir con una serie de características -la movilidad entre todas- para que pueda ser comercializada. Un horno de barro es un interesante proyecto que permitirá a la familia disfrutar de las mejores pizzas que hayan cocinado jamás. 

[5] Reruralización. Una de las estrategias más factibles de resilencia familiar (y personal) es la de reruralización. Mientras no se hagan profundos cambios al sistema económico o que ocurra un milagro de encontrar una fuente de energía con una altisima TRE y disponibilidad ilimitada -una fuente de energía quimérica que permita el crecimiento exponencial que requiere nuestro sistema económico. La reruralización es, entonces, una estrategia que debería ser uno de los primeros temas de conversación de las familias conscientes de este gran problema que enfrentamos. Y cuando hablo de reruralización me refiero principalmente a generar el conocimiento que permita la sustentabilidad alimentaria y energética de una familia. 

Idealmente tener un tozo de tierra proporcional al tamaño del colectivo considerando una relación de 1000 m2 por individuo permitiría que ese aprendizaje se materializara adecuadamente sobre un proyecto real de sustentabilidad, pero es poco probable que dadas las condiciones actuales de dependencia de los haceres familiares a las ciudades eso sea factible a corto plazo. Entonces es recomendable que esta reruralización se materialice, principalmente, en la relación con la siembra, cosecha, procesado y conservación de alimentos -lo que se puede hacer en unos metros cuadrados de jardín. En algún momento, más adelante (20 a 30 años), hay una probabilidad que la reruralización sea una política de estado y, en ese caso, estas pequeñas habilidades tendrán mucho valor.

No descarte, en todo caso, transformar su segunda vivienda en un centro de experimentación permacultural. O la primera si no tiene de las segundas, terceras o cuartas.

[6] Aprovechar la vocación de los hijos (o hermanos o parientes o amigos). En toda familia, y más en estos tiempos de antesala de la gran migración que viviremos este siglo, algunos miembros del clan familiar tienen una especial predisposición a lo rural. Hace unos días me contaban que una pareja de  unos amigos de mi hermana estaban consternados por que una de sus hijas lo único que quería era irse a vivir al sur y cultivar un campo, lo consideraban terrible, que la niña no tuviera una profesión tradicional era uno de los peores escenarios para la tranquilidad familiar. Y es todo lo contrario, un hijo con vocación de agricultor es una bendición en estos tiempos. Comprar una parcela y habilitarla corresponde a un gasto equivalente a una carrera universitaria -con probablemente mucho mejor retorno al mediano plazo- por lo cual esa vocación extraña del hijo o hija hippie es, con mucho, una muy buena inversión para la familia toda, no la desaproveche pensando tonteras autodestructivas, apoyelo! ese hippie es su tabla de salvación familiar.    

[7] Difusión. Una familia en un proceso de transición es un difusor tanto de la problemática como de las soluciones. Por lo cual tu familia, consciente es un canal que permitirá a otras familias integrarse a este proceso y, con ello, ayudar a que esta transición pueda ir generando redes de seguridad que permitan contener quizá escenarios más complejos que se vayan dando a futuro. Entre más personas participen de la conciencia en la problemática y de la existencia de soluciones entonces esta transición será menos traumática.

Es probable que se pueda hacer un plan más detallado, pero eso es responsabilidad de cada familia, tribu o conglomerado.

Suerte
Gustavo