lunes, junio 03, 2013

Mi vida en el Yurt. Frío.


En el mes de mayo finalmente dejé de vivir en el Yurt. La principal razón de aquello fue que el frío en la precordillera hizo su aparición en forma constante. Por la mala ubicación del Yurt el periodo de sol otoñal que le llega es sumamente corto y en un horario inapropiado, a partir de las 15:00 hrs. se hace presente un sol escuálido que finalmente muere a los pocos minutos. Ha sido una suerte haber instalado un Yurt y no haber construido una cabaña en ese lugar. Al menos el Yurt todavía nos da posibilidades de moverlo.

Para el frío, y esto vale para las tecnologías de ese futuro distinto que nuestros descendientes tendrán que vivir, nos hemos procurado, finalmente, dos kilos de plumas de ganso con las cuales he fabricado un plumón que ha significado un cambio radical en mi relación con el frio nocturno. Las plumas de ganso son especialmente adecuadas para la fabricación de plumones que nos ayuden a resistir bajas temperaturas. Su capacidad de atrapar el calor que se desprende de nuestro cuerpo usando las "burbujas" aire tibio que pueden retener en su estructura son la solución ideal para resistir las bajas temperaturas que ocurren al interior de un Yurt. Buena parte de la información que usé para la construcción del plumón la extraje de internet, tanto de sitios chilenos como este como de alemanes. Especialmente significativo es la diferencia de tamaño de los plumones alemanes con respecto a los chilenos. Según mi novel experiencia basta que el plumón cubra la superficie horizontal de la cama para que sea efectivo, que un plumón caiga bajo los laterales se me antoja poco eficiente.

La capacidad de aislamiento térmico de una lona de PVC es nula. La menor temperatura que viví en ese periodo fue de -7 C° en una noche especialmente despejada en que la temperatura descendió rápidamente y se mantuvo bajo los -5 C° por varias horas congelando al interior del Yurt todos los restos de agua a su disposición. Pese a que había logrado instalar una estufa pequeña tipo salamandra siguiendo las instrucciones detalladas que hay en este sitio, la poca capacidad de aislamiento térmico del Yurt hacía que el uso de la estufa sólo fuese circunstancial. En noches de frío resultaba casi infructuoso su encendido, pero en días de lluvia era una gran ayuda.

Finalmente, el problema más complicado de resolver fue el del colchón. En verano el uso de un colchón inflable permitía un comodidad suficiente para tener un buen dormir. Pero entrando a periodos de menores temperaturas ese colchón era un mecanismo muy eficiente de transferencia de calor, desde mi cuerpo al mundo. Como me iba a resultar imposible calentar el mundo opté por buscar una solución para evitar que esa transferencia siguiera ocurriendo. Probé muchas soluciones locales como usar mantas sobre el colchón, hacer una cama de fardos, usar un colchón más delgado sobre los fardos, etc. varias variaciones sobre lo mismo. Finalmente una payasa o colchón de paja o straw mattress se perfiló como una alternativa plausible. Usando unas sábanas viejas que llegaron de regalo construí un par de versiones de payasas (con menos y más amarras) que, finalmente, combinadas con el colchón inflable fueron la solución para la transferencia de calor que se producía por bajo de la cama. Es un work in progress que requiere, para el próximo periodo de vida en el Yurt, de unas mejoras.

En todo caso, comprobar en carne propia la capacidad aislante de estos dos materiales naturales como las plumas o la paja me ha resultado una experiencia impresionante. Como impresionante, también, es nuestra incapacidad de valorarlos. 

A veces espero que la pirotecnia se acabe luego (que seguro que se acaba) para que todos podamos comenzar a valorar lo que sí tiene valor.

Suerte con sus Yurt
Gustavo