Ya había hablado del tema de las empresas, de las grandes empresas, en relación al problema de la energía, específicamente del petróleo y su relación con Chile. En ese punto hice una relación del futuro dilema que va a comenzar a ocurrir con mayor profundidad en las empresas que tenderán a privilegiar la línea de producción por sobre otras menos importantes que generarían mayores externalidades, las cuales ya sabemos quienes las pagan: los contribuyentes. En ese punto revisamos las declaraciones de ex-ministra del trabajo y actual candidata a la presidencia, el análisis desde la perspectiva del empleo/desempleo y agregamos además un análisis desde una perspectiva ciudadana.
Otro ejemplo claro de la agudización de esta problemática asociada al empleo es el reciente tema de las heladas que afectaron a la zona centro-sur. La Asociación de Exportadores de Fruta pide la intervención del estado, del estado?... si, del estado para que les ayude a solucionar el problema producido por las heladas. En un entorno de cambio climático, probablemente propiciado en parte por la misma agricultura extractiva, las consecuencias -además de las externalidades- serán pagadas por todos. Y claro, el empleo se verá -con intervención del estado o sin él- afectado. El cambio climático generado por esta civilización determinará, probablemente con más frecuencia, eventos como el anterior que afectarán, sobre todo, a una agricultura extractiva y de monocultivos que no está preparada para lidiar con situaciones de este tipo sino que está diseñada para maximizar el margen del productor. De hecho, en este caso el problema es responsabilidad del empresario ya que habiendo buenos sistemas contra heladas este problema no debería haber pasado a mayores si se hubiesen hecho las inversiones necesarias. Otros problemas del cambio climático, como las altas temperaturas, la sequía, la rediación solar pueden exculpar al empresario pero las heladas... pero ese es otro tema.
Lo anterior está, entonces, esquematizando un conflicto incipiente entre las personas, los empleados, las empresas y el estado. Conflicto que se irá profundizando en la medida que las situaciones de deterioro de la producción y de las utilidades se vayan haciendo la norma, tanto desde la perspectiva de los eventos climáticos como, sobre todo, de la perspectiva de la merma de los recursos energéticos.
Quiero hacer en este post un ejercicio de análisis de las relaciones entre las personas y las empresas con objeto de entregar alguna guía o indicación respecto de como sobrellevar estas relaciones que se harán difíciles en el futuro y, por lo mismo, ir desde ya preparando estrategias que las superen. Que superen tanto el conflicto como, sobre todo, la relación trabajo/empleo.
Para ello usaré la perspectiva sistémica, principalmente aquella relacionada con los sistemas autoorganizados que son los que mejor modelan los procesos de pensamiento y de comunicación que están involucrados en esta relación persona-empresa.
Todos los sistemas vivos se autoorganizan en tanto sistemas y modifican su entorno. En muchos casos este entorno es, a su vez, un sistema autoorganizado, un ecosistema. Este ecosistema modificado repercute en el mismo sistema de manera en esta relación se va formando un nicho de sustentabilidad que establece una relación más o menos equilibrada entre el sistema y su nicho ecosistémico. En los ecosistemas naturales estas relaciones entre los distintos sistemas tienen una data de miles o millones de años y en ese proceso se ha equilibrado. Este equilibrio dinámico permite retrasar el equilibrio entrópico final a través de aportes energéticos, en el caso de nuestro ejemplo el aporte energético del sol y que es integrado a los ecosistemas a través de la fotosíntesis que hacen las plantas.
Si ahora analizamos, desde esta misma perspectiva sistémica, la relación entre las personas y las empresas, lo primero que debemos considerar es la distinción entre escalas, la humana y la empresarial. Vamos a postular la tesis que las empresas podrían ser equivalentes a los nichos ecológicos en una realidad de segundo orden -algo de aquella realidad he insinuado en el post anterior Es real la realidad?, aunque entendemos que hay importantes diferencias, pese a que la realidad de segundo orden permite una cierta libertad conceptual.
Desde a perspectiva de la realidad de primer orden, la supuesta realidad real, un nicho ecológico usualmente es un sistema diverso que corresponde más bien a una distinción del observador, por lo cual la frontera del mismo es también una distinción del observador. No es posible, desde la perspectiva de la realidad hacer una identificación fehaciente de la frontera de tal nicho. Por el contrario, en el caso de las empresas y los humanos la distinción de la frontera es más o menos clara.
La empresa no está formada únicamente por personas, hay más elementos -maquinarias, infraestructura, etc.- y, además, las personas no participan completamente en el sistema empresarial. Del mismo modo este sistema no necesariamente corresponde a un sistema autoorganizado, ya que en muchos casos es diseñado. Entonces lo anterior determina que haya una posibilidad de desacople importante entre las personas y las empresas -cosa que es imposible desde la perspectiva del nicho ecológico. Este desacople entre personas y empresas permite que uno pueda renunciar o ser despedido de su empleo, entre otras cosas.
Vamos a profundizar el análisis, pero para aquello es necesario cambiar de perspectiva. Si usamos las fronteras de sentido porpuestas por Niklas Luhmann podemos analizar desde la perspectiva de los sistemas autoorganizados y en el contexto de la realidad de segundo orden lo que facilitará la tarea de comprender y de cambiar.
Como humanos hemos supeditado nuestra realización en tanto humanos a la realización de este sistema mayor que hemos fabricado: el organizacional. Y en términos generales, una organización es un constructo de la realidad de segundo orden que en el caso de nuestra civilización puede adquirir dimensiones fuera de toda norma. Con anterioridad he revisado de forma muy simple como esta realidad de segundo orden tiene, en nuestro caso, una complejidad que escapa a la escala humana, pese a que aquel post es antiguo sigue siendo tan vigente para analizar el problema de fondo que lo traigo nuevamente a colación. Como disgreción puedo decir que en esa época que escribí ese post no ocurrían todos los eventos que desencadenan, posteriormente, mi percepción actual sobre la alta probabilidad que nuestra civilización haya comenzado su declive.
Pero independiente que la realidad de segundo orden nos acompaña desde que usamos el pensamiento, no todas las organizaciones se escapan de la escala humana. Tenemos una historia de primates que así lo confirma. Además en nuestra especie homo y homo sapiens hay una buena muestra de ejemplos de organizaciones que están dentro de la escala: la familia, la tribu y la pequeña aldea.
Pero nos interesan las organizaciones que están en la realidad de segundo orden y que han escapado de la escala humana, es decir, que son mucho más complejas de lo que se puede manejar a nivel humano, generando, probablemente, un grado importante de inseguridad. Con lo anterior, la inseguridad, no estoy diciendo que en el contexto de las organizaciones primitivas no existía aquella idea de inseguridad -es una idea no te quepa duda- sino que digo que existe una inseguridad que la propia realidad de segundo orden provoca -y que Mario Hortón traduce como miedo. La realidad de primer orden también tiene sus propias fuentes de inseguridad pero son, probablemente inabordables desde esa misma realidad, como: la oscuridad, los terremotos, las amenazas de depredadores, etc.
Pero lo que me interesa analizar, livianamente como siempre, es la complejidad como constructo de la realidad de segundo orden y como esa complejidad que escapa de la escala humana produce inseguridad (miedo Hortoniano) y, más aún, como dice el libro de Ecología Humana de Gerald Marten (http://gerrymarten.com/ecologia-humana/indice.html) citado el el post anterior, cuando hay un punto de "proliferación azaroza de complejidad":
"La sociedad desarrolla valores culturales que fomentan la mayor complejidad. Esto puede llevar a una proliferación azarosa de complejidad careciente de estructura que aporte a la funcionalidad del sistema en conjunto"
En ese contexto las civilizaciones, entonces, supeditan lo humano (la escala humana, la realización de lo humano) a la escala de lo que articula a esa civilización ya sean estas: ciudades, templos, moais, empresas, etc. Por mucho que la misma civilización haya sido establecida por humanos, en algún punto adquiere vida propia y, dada su mayor magnitud, desplaza lo humano -y lo subyuga- para correr a su autodestrucción en el entendido que esta autodestrucción se articula sobre una lógica de complejidad creciente que consume los recursos a tasas que impiden su recuperación natural haciéndola en algún punto inviable como tal y, con ello, precipitar su caída.
Como hay ejemplos reiterados de civilizaciones que han pasado por este ciclo de surgimiento, desarrollo, decadencia y desaparición tengo que recordarte que hay una cultura detrás de aquellas, una cultura autodestructiva que funciona como un bajo continuo histórico que levanta y destruye civilizaciones. Yo digo que esta cultura autodestructiva se articula en los valores de: la dominación, la apropiación, el poder y la gloria ... no son valores "buenitos" pero son lo que la cultura valora y, por lo mismo, sus civilizaciones valoran -bueno Maturana dixit y él la llama cultura Patriarcal.
Así, la nuestra es una más entre todas las civilizaciones y, por lo mismo, su autodestrucción es inevitable. Por lo cual sólo nos cabe pilotar bien el aterrizaje y ajustar adecuadamente los tiempos. Estos últimos, dado el ritmo de autodestrucción creciente, es probable que eclosionen dentro de este siglo.
Pero independiente que nuestra civilización desaparezca, el hecho que los valores autodestructivos residan en la cultura (la realidad de segundo orden pero sin complejidad asociada) y que esta cultura no requiera grandes volúmenes de energía para autoproducirse -sólo necesita la energía de escala humana, no como la civilización- es probable que, en el futuro, donde surjan nuevas condiciones de disponibilidad de recursos: tierra que ha recuperado su fertilidad, bosques, etc. una nueva civilización, más local, emerga nuevamente en el horizonte de nuestros descendientes.
La pregunta es qué hacemos hoy, en el contexto de esta civilización, para poder comenzar a construir una nueva cultura dentro de esta cultura autodestructiva que se mueve en el contexto de un sistema civilizatorio de complejidad creciente -e innecesaria- que nos subyuga y nos tiene aterrados -y maniatados, en muchos casos, a la misma complejidad.
Para ello retomamos a Luhmann. En forma muy simple Luhmann dice que los Sistemas Sociales son sistemas autopoiéticos de comunicaciones (Maturana, que discrepa, dice que la definición de Lumann es adecuada a la cultura no al sistema social, lo que para nuestro caso es equivalente). Según lo que recuerdo de mis lecturas, un sistema social luhmanniano es una función de autoproducción de comunicaciones de comunicaciones articuladas sobre un sentido intersubjetivo. Es decir, hay una función de sentido que permite establecer las fronteras dinámicas que seleccionan las comunicaciones que reproducen el sistema de las que no. El sentido actúa aquí como selector de las comunicaciones que lo realizan.
Si asumimos esto, entonces hay un conjunto de comunicaciones, -conversaciones basadas en emociones según Maturana- que se han reproducido, -hemos reproducido- desde el momento que ellas surgieron en la historia de interacciones de los humanos en el devenir de nuestra historia como especie. Maturana articula el surgimiento de aquellas comunicaciones dominantes y autodestructivas en tribus de pastores indoeuropeos en la que se dieron las condiciones que, según él, cambiaron el emocionar base de las interacciones de aceptación mutua en un emocionar de dominación (esto lo pueden leer en el libro "Amor y Juego. Fundamentos olvidados de lo humano"). Del mismo modo, estas comunicaciones de comunicaciones se pueden explicar también desde la perspectiva de Niklas Luhmann, con la diferencia que el proceso deja de lado a los humanos en cuanto a tales (y sus emociones) y se centra en las comunicaciones.
Así, a diferencia de Maturana que centra, adecuadamente a mi entender, su discurso en el emocionar, si ahora lo vemos desde Luhmann -que lo centra en el sentido- tenemos una articulación que me parece más asequible en el entendido que nuestro emocionar está capturado por la cultura -como ejemplo el miedo de Horton y la angustia de nosotros todos. Es decir, si ya hemos identificado que nuestra civilización es un constructo complejo de una realidad de segundo orden creada por el pensamiento en respuesta a un emocionar que surge dadas ciertas condiciones especiales de interacción -pastores indoeuropeos o actividad pastoril en general- entonces y dada la inminencia del pronto declive de la misma, tenemos al frente una oportunidad inmejorable de hacer dos cosas: (1) moderar el proceso de declive civilizatorio para evitar el colapso y (2) de paso, cambiar el trasfondo cultural autodestructivo.
Para ejemplificar como estos dos puntos los podemos poner en relación de forma que, dentro de este siglo, podamos obtener, como humanidad, los dos resultados, retomo entonces el análisis de nuestra relación con el constructo complejo propio de nuestra civilización: la empresa.
Para ello me centraré en sólo un concepto: dar trabajo.
El discurso público, el que se articula sobre el sentido del sistema social y, por lo mismo, sobre la cultura, asume que las empresas dan trabajo o, que es similar pero es diferente, dan empleo. Nuestra matriz económica se organiza en torno al trabajo y al empleo. Y nuestra realidad de segundo orden articula en el sentido que el trabajo y el empleo son aspectos que están indisolublemente asociados al concepto de empresa.
En el primer párrafo de este post hice una relación de como la cultura autodestructiva está forzando el sentido de forma que a partir de la lógica del empleo tenga sentido ciertas prácticas que derechamente están autoatentando, a la larga, a la sustentabilidad del mismo. Es un mecanismo que evidencia como la autodestrucción se está materializando y, en la medida que las condiciones para ciertas empresas se hagan más difíciles ese aspecto cobrará más sentido, hasta por último redefinir relaciones laborales que pueden, perfectamente, articularse como esclavitud -cosa que actualmente está comenzando a pasar cada vez con más frecuencia, no en Chile pero si en Bangladesh donde confeccionan la mayoría de la ropa que usamos.
En la medida que tu realidad sea más dependiente de la realidad de segundo orden, donde el empleo es la forma en que el trabajo se articula, es probable que te veas forzado a aceptar estas redefiniciones de sentido, tanto como empleado que como consumidor. Claro, por que en la medida que participas de la realidad de segundo orden propuesta por la civilización y la cultura, entonces tu realización como miembro de la civilización y de la cultura pasa por que tu sistema psíquico realice las comunicaciones que tiene sentido dentro de esa civilización y de esa cultura: es decir, que seas un empleado (o un empresario, únicas dos alternativas al trabajo) y, sobre todo, que seas un consumidor.
Pero el concepto de "dar trabajo" subyacente a la empresa es sólo una idea que sólo existe en la realidad de segundo orden. El trabajo es independiente de las empresas (y los emprendedores) y, por lo mismo, es independiente de la civilización y de la cultura. Es posible rearticular el sentido del trabajo como algo más amplio que no necesariamente está asociado al empleo o al emprendimiento, sino que puede ser asociado a una actividad de relación distinta articulada sobre una realidad de primer orden.
Si, como te he aconsejado en este post, comenzamos a realizar un conjunto de conversaciones que se orienten a recuperar la escala humana y, al mismo tiempo, comenzar a preparar una inevitable transición familiar hacia este futuro diferente que viviremos, entonces es posible establecer un mecanismo que nos permita hacer transitar el sentido que realiza la civilización, y de su cultura autodestructiva subyacente, hacia un nuevo sentido para una nueva cultura.
Por ejemplo, en este otro post usé el concepto clave del sistema económico actual: la inversión y lo reformulé sobre un escenario de transición sin que aquel pierda sentido dentro de la civilización y, por lo mismo, dentro de la cultura, pero a su vez abro una puerta para comenzar la migración del sentido hacia un escenario de transición, donde el trabajo y el empleo se disocian para rearticularse sobre sentidos diferentes. El empleo queda asociado al sentido de la civilización mientras que el trabajo podría comenzar a articular un nuevo sentido, el de la nueva cultura. Esa rearticulación con sentido tiene la ventaja de no convertirte en un paria ya que tus comunicaciones pueden fácilmente ser coherentes con la realización de ambos sistemas.
Cuando en este último post digo:
"Además, otras importantes inversiones que debemos hacer son: a nivel personal, desarrollar la capacidad de cambiar. Y, a nivel de sociedad, la democracia."
Te estoy diciendo que hay dos mecanismos que permiten conciliar este cambio de sentido desde la cultura autodestructiva a la nueva cultura: la reflexión, a nivel personal, y la conversación a nivel social. Esta última conversación se traduce en la democracia a nivel estatal pero que puede ser expresada en distintos subniveles de complejidad ya que la conversación es el mecanismo clave de la constitución de la sociedad humana. Ambos mecanismos permiten ir haciendo navegar el sentido que realiza una cultura hacia el sentido que realiza otra.
En términos concretos, a modo de resumen de lo anterior, cuando uno hace pan en casa, uno está realizando un trabajo pero no está siendo empleado y, tampoco, está siendo un consumidor de productos de una realidad de segundo orden (el pan) sino que estás quitándole complejidad civilizatoria, al menos, a un aspecto del proceso (el hacer pan). Este ejemplo, que es casi trivial, es un principio de un cambio sistémico de proporciones que te puede abrir espacios de entendimiento de procesos que, desde la civilización, son innecesariamente complejos pero que desde la perspectiva de la escala humana son simples. Además el proceso de procurarse los ingredientes comienza a abrir puertas de la realidad de primer orden que, desde la perspectiva de su realización por la civilización están cerradas, es decir, es factible encadenar la producción de pan a la producción de los ingredientes (siembra, cuidado y cosecha de semillas) y de los otros insumos que participan (mantención de masa fermentada, obtención de agua, uso de leña). Por último, esta pequeña actividad se puede expandir a generar conocimiento sobre los métodos y sistemas de cocción sustentables basados en combustibles renovables (leña) y al diseño y construcción de cocinas y hornos también sustentables y a escala humana los cuales, desde la perspectiva de la civilización son, nuevamente, innecesariamente complejos.
Cuando comezamos a articular comunicaciones sobre un nuevo sentido, cada vez más necesario, las emociones vienen detrás. De la misma forma que hace 10 mil años fue la emoción la que cambió y, con ello, se comenzó a articular un conjunto de conversaciones que determinaron el sentido de la nueva cultura autodestructiva. Ahora es posible comenzar a articular nuevas comunicaciones para, con ello hacer cambiar el sentido hacia una nueva cultura que permita, por lo mismo, lograr el proceso inverso, generar nuevas emociones sobre las cuales la realización de lo humano en una realidad de primer orden y en una escala humana sean la norma y no la excepción.
Detrás de esa reconversión emocional está, sin lugar a dudas, la felicidad.
Suerte
Gus