viernes, agosto 01, 2014

Y bosque no está.

En estos meses, como he mostrado en los anteriores post, he estado un tanto ocupado redefiniendo algunas cosas en mi estar en el mundo y, por lo mismo, he estado bastante desconectado de todo. Pero me imagino que todo sigue su curso en pro del fin de la civilización en algunas décadas más adelante. Las señales sigue firmes y ajustándose, estamos viviendo los últimos estertores del progreso y el inicio del cartón piedra y el maquillaje mientras dure, estimo que en la década que va entre el 2020 y el 2030 el maquillaje ya debería dejar ver, con claridad, esto que les cuento sobre el fin de la civilización y, de hecho, ya debería estar más o menos claro el trazado de esta, pese a que ya David Holgren en Crash On Demand aventura ese futuro diferente que nos tocará vivir.

Pero, haciendo un alto en las cartas a mi hija, este post se adentrará, en forma liviana como siempre, en un tema que me ha surgido en este último mes a raiz, principalmente, da las declaraciones del Intendente Huenchumilla que reflejan un punto diferente del conflicto que mantiene el pueblo mapuche con el estado chileno.

Para mi este tema tiene varias aristas que son muy importantes. Vivo y "tengo", por ahora, propiedades, pequeñas parcelas, en la región de la Araucanía. Tengo conciencia, también, que nuestra idea occidental de propiedad es una idea autodestructiva, es claro que la tierra no nos pertenece sino todo lo contrario, nosotros pertenecemos a la tierra, cosa que los antiguos mapuches lo tenían muy claro -no sé si los actuales mapuches, infectados por el virus occidental. También, y por lo mismo, tengo vecinos a comunidades mapuches y conozco a algunos mapuches con los que a veces converso. Eso sumado a que buena parte de estos últimos años me he dedicado a mostrar la cultura autodestructiva y a buscar una nueva cultura que permita superar ese afán contenido en nuestra cultura que, como sabemos, arrastra irremediablemente al fin a su última civilización. Esta nueva cultura tiene afinidades con la ancestral cultura mapuche, principalmente en la visión sistémica de las relaciones y su relación profunda con la tierra.

Hace algunas semanas, y a partir de los dichos de Huenchumilla, tuve una conversación sobre el tema. Aquella conversación me permitió conectar algunos aspectos del conflicto que mantiene el pueblo mapuche con el estado chileno y, si profundizamos un poco más, como ese conflicto tiene su raíz en la cultura autodestructiva sembrada, principalmente pero no únicamente, por los europeos.

Es bien sabido que la corona española reconoció, en el Tratado de Quilin de 1643 que deriva del Parlamento de Quilin de 1641, un territorio mapuche que comenzaba a partir del río Bio Bio, donde uno de los puntos acordados, el principal, se refería a que "los mapuches conservarían su absoluta libertad, sin que nadie pudiera molestarlos en su territorio ni esclavizarlos o entregarlos a encomenderos".

Así, desde 1643 hasta la creación del estado chileno con la independencia de España, el pueblo mapuche pudo mantener más o menos intactas sus costumbres bajo el alero de este tratado. Digo que más o menos intactas ya que, como el mismo tratado sostiene, se permitía la presencia de misioneros y, además, los mapuches habían, probablemente, adoptado la ganadería de especies mayores -vacunos y caballos-, probado las bebidas alcohólicas y, también, el azúcar, tres o cuatro aspectos sutiles pero muy efectivos para ir introduciendo el virus autodestructivo en las culturas antiguas. Independiente de aquello, es probable que buena parte de la agricultura mapuche -más sostenible probablemente- y, sobre todo la importante relación con el bosque -que yo diría fundamental- se mantuvieron intactas todos esos años.

Por su parte, por esas mismas fechas, es decir los 200 años entre el Tratado de Quilín (1643) y la consolidación del Estado chileno (1843), las encomiendas y los territorios al norte de la frontera del río Bio Bio se habían ido empobreciendo más y más. En una charla a la que asistí en el CET ubicado en Yumbel uno de los aspectos que me resultó más significativo era cuando quién dictaba la charla, Agustín Infante L., estiraba su brazo por sobre su cabeza y decía algo como lo siguiente: "el suelo luego de la explotación del bosque nativo que aquí existía llegaba por sobre mi cabeza, estos dos metros de suelo es lo que se ha perdido con la agricultura tradicional en todo este tiempo".

El suelo ya lo había considerado como un tema relevante en una charla que di, la única que voy a dar sobre este tema, en diciembre del 2012. En este link pueden encontrar la referencia donde está aquella presentación la cual pueden usar a su gusto y antojo. En las diapositivas 10-23 he dejado varios ejemplos de utilización autodestructiva del suelo, gracias a google maps es posible encontrar ejemplos de terrenos actuales que reflejan los resultados de una agricultura extractiva, como esta imagen de una cárcava en un terreno cercano a Nacimiento:


Ahora, si nos trasladamos, por ejemplo, a 1843 la diferencia entre los territorios al norte del Bio Bio y los al sur podría no haber sido tan dramática como la que hay entre Haití y República Dominicana y quizá no tenía el aspecto que tiene esta fotografía extractada del enlace anterior:


Pero si era factible que el bosque de al sur del Bio Bio haya sido muy apetitoso para las mentes autodetructivas que vivían en condiciones más duras, eventualmente sobreexplotadas, al norte de dicha frontera. En esta época la agricultura del pueblo mapuche debería haber estado muy ligada a la relación con el bosque. De hecho las reconstrucciones que actualmente hacen los mapuches de su cultura referencian al bosque como un aspecto importante en su buen vivir. Y no cabe duda que aquel, en aquella época, estaba lleno de avellanos, robles y otras especies que daba frutos suculentos o creaban las condiciones para que hongos, arbustos, animales, aves y peces medraran en ese ambiente protegido. Desde la perspectiva occidental no sabemos como las culturas originarias se relacionaban con su medio ambiente pese a que podemos imaginarnos algo de ese estrecho vínculo, hay indicios como aquel que traté de describir en este post.

Así, retomando este "análisis", tenemos una frontera y, con ella, al sur, un territorio que es exuberante en su bosque y sus recursos naturales mientras que, al norte de aquella frontera, existe un territorio, parte del Estado Chileno, que luego de trescientos años de colonización es bastante menos exuberante que el situado al sur. Todavía es posible percibir esa diferencia cuando uno transita cruzando el río Bio Bio. Independiente que haya habido otros territorios inexplorados y en proceso de colonización en esas fechas, como la zona alrededor del lago Llanquihue y al sur de Puerto Montt. Las condiciones naturales del territorio mapuche, en términos de su potencial capacidad de carga, eran notoriamente mejores que las de las tierras sureñas en proceso de colonización. Así, uno de los aspectos -hay otros que caen en el ámbito geopolítico, de seguridad, etc.- para que el Estado Chileno decidiera apropiarse de estos territorios era el valor agrícola de las tierras habitadas por los mapuches, además el bosque de maderas de alta calidad, a ojos autodestructivos, era un bien disponible que, claramente, los mapuches no habían sabido aprovechar.

El bosque, así como el modo de vida de los antiguos mapuches, fue destruido -explotado dirán los de siempre. Es probable que el PIB de aquella época, fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX se hubiese incrementado en varios puntos a partir de aquella explotación. El bosque desapareció para dar paso a la agricultura extractiva, autodestructiva, del colono europeo y del criollo aprovechador -emprendedor dirá muchos. El bosque desapareció bajo el incendio del colono, bajo los locomóviles que ahora se exhiben como piezas de museo en Carahue. Desapareció bajo la eterna marea autodestructiva que todavía todo lo consume y que todavía impulsamos, hasta que ya no haya más.

Así, cuando veo a las comunidades recuperar los territorios en que vivieron sus ancestros lo que normalmente veo es un campo eriazo, un pastizal degradado o una plantación de eucaliptos. Son territorios que nunca, en términos de la vida de quienes los reciben, podrán volver a tener el bosque que algunas vez tuvieron y permitieron la forma de vida ancestral mapuche. Pese a que hay iniciativas en ese sentido como esta de restitución del bosque nativo. El bosque nativo es un sistema complejo que requiere, con suerte, entre 100 a 200 años para constituirse como tal si es que las condiciones lo permiten -si hay un pequeño manchón de bosque desde el que comenzar a resurgir, si el clima lo permite, si un largo etcetera de condiciones que permiten que el primer árbol viejo caiga y del claro se levantes nuevos árboles jóvenes que autoproduzcan el mismo bosque. Traducir 200 años en términos de generaciones nos lleva a que se necesitan 8 generaciones para poder restituir la posibilidad, para los mapuches, de volver a vivir de la forma ancestral, eso considerando que las condiciones climáticas se mantengan, cosa que no ocurrirá, la disrrupción climática está dentro de ese plazo lo que, probablemente, pondrá en jaque cualquier intento de restitución del bosque nativo.

El bosque ya no está y no volverá a estar nunca como lo conocieron los ancestros del pueblo mapuche.

Y ese es un problema y no sólo para el pueblo mapuche que, de a poco, se va reorganizando como tal. Es también un problema para los no mapuche y te explicaré por qué es un problema para todos.

Los mapuche están recuperando las tierras que el estado chileno les quitó en pro de su lógica autodestructiva mal heredada de nuestro ancestros europeos. Ese proceso de recuperación de tierras se irá acelerando en la medida que la crisis terminal de la civilización se acelere, no puedo anticipar si el mecanismo de recuperación será como el actual, a través de la Conadi o se desarrollará otro de distinta índole; tengo la impresión que el tema debería derivar a procesos de toma de tierras más violentos dado que la capacidad del estado chileno de resolver el conflicto con el pueblo mapuche debería irse deteriorando, ya que, en el fondo y pese a lo poco amable, el estado chileno, y Chile en general, es un importador neto de combustibles fósiles y el Estado debe manejar un territorio largo y estrecho, un tema para el cual los gobiernos, cortoplacistas, no lo han preparado. Tengo un post que habla sobre el transporte y otro sobre el estado por si hay algo de interés en profundizar estos temas.

Las tierras que el pueblo mapuche recupera actualmente son tierras sobreexplotadas, sin bosque, difíciles de hacer productivas a corto plazo si no es mediante agroquímicos -de ahí que la Conadi las pueda comprar- agroquímicos que sólo mal parchan el verdadero problema para los mapuches: la tierra ya no es como la tierra de sus ancestros.

Tampoco la tierra puede seguir explotándose de la forma en que la agricultura industrial lo hace. La agricultura industrial -heredera de la agricultura tradicional autodestructiva- usa la tierra como un sustrato que sólo produce mediante agroquímicos. Seguir ese proceso es profundizar la autodestrucción. Lo mismo la crianza de animales, una crianza de animales que no sea autodestructiva es difícil de conseguir, el que los animales sean productivo significa una presión inmensa dado que el rendimiento por hectárea de un animal vacuno es en orden de 10 veces menor que si esa misma hectárea se dedicara a la horticultura.

En resumen, los mapuches están frente a un desafío mayor, y los no mapuches aún más, ninguno de los dos caminos disponibles para el pueblo mapuche se ven como factibles a corto plazo.

A modo de disgresión. Para los no mapuche el espectro de posibilidades es aún menor. Nuestra dependencia de la agricultura industrial como proveedora de alimentos es extremadamente alta, el proceso en que los alimentos llegan a nuestra mesa es, para nosotros consumidores del supermercado, totalmente transparente pero en el fondo es un proceso complejo que, por lo mismo, es altamente vulnerable ya que es la misma complejidad el punto débil. Puede que esta complejidad sea posible mantenerla por un par de décadas, pero en la medida que aquello ocurra todas las previsiones apuntan a que la curva del colapso será más pronunciada y dramática. Fin de la disgreción.

Así, no se trata sólo de que los mapuche recuperen las tierras sino que lo realmente importante es el bosque que en aquellas tierras había y que no es posible recuperar. Eso debe llamar a la reflexión, los mapuche deben plantearse en ese escenario y, por una parte, exigir que el Estado se haga cargo, creativamente, también de ese aspecto pero, por otra, hay que volver escuchar a esta tierra herida, abrir el corazón y sentir cual es el camino de curación correcto.

En lo personal no siento que la restitución del bosque nativo original sea el camino correcto, así como tampoco su reemplazo por plantaciones de eucaliptus o continuar con la ganadería extractiva. Siento que el camino es la búsqueda de un nuevo bosque. Los pájaros, que son el bosque, ya me habían sorprendido creando uno a su imagen y semejanza en una parcela, a la que pertenezco, en la comuna de Chol Chol, un bosque de maitenes, boldos y maqui. Aquí, en Carrucura, ellos han comenzado a crear uno que integra coigües y cerezos:





Por ahí siento que está el camino que la tierra nos muestra: bosques mixtos de alimentos.

Un abrazo.
Gus