sábado, mayo 09, 2026

 Autopoiesis (El fenómeno de la vida)

Hace 3.500 millones de años se formaron las primeras células procariotas, sin núcleo. Luego pasarían 1.400 millones de años para el surgimiento de las primeras células eucariotas y todavía 1.000 millones de años más para la aparición de los primeros organismos multicelulares simples. Así, 2500 millones de años en soledad avalan que la vida sea un esfuerzo unicelular en marcha.

La existencia de la tierra tiene 4.500 millones de años y hace 3.800 millones de años aparecieron las primeras moléculas orgánicas, las cuales son la base de la vida y las responsables, en parte, del surgimiento de las primeras procariotas. El otro aspecto que contribuye al surgimiento de la vida es la dinámica que organiza estos aminoácidos en una unidad. La Teoría de la Autopoiesis dice que esa dinámica se caracteriza por la capacidad de auto producir los componentes que la sustentan como unidad y, también, como dinámica.

Formulada por Humberto Maturana y Francisco Varela a principios de la década de 1970, ella buscaba una una respuesta a la pregunta por la vida. Básicamente: ¿qué es lo que caracteriza a los seres vivos?

La Autopoiesis responde la pregunta anterior desde una perspectiva funcional y, por lo tanto, no es la estructura de los seres vivos lo que los define como tales. Es decir, la respiración, la reproducción, etc. no son características definitorias de lo vivo ya que aquellas sólo son el resultado de una dinámica única que sí los identifica como tales: su autoproducción.

La Teoría de la Autopoiesis significa un cambio importante en la comprensión del mundo ya que si bien identifica a los sistemas vivos como sistemas abiertos al intercambio de materia, los define, o determina, como sistemas cerrados a la información.

Desde la perspectiva de la autopoiesis como fenómeno, los seres vivos, independiente del orden de su organización autopoiética, son: (1) sistemas abiertos al intercambio de energía y materia con el medio ambiente y (2) cerrados al intercambio de información, donde esto último significa que no existen interacciones instructivas y por lo tanto los procesos de aprendizaje son determinados estructuralmente, es decir, dependen de la de estructura del ser vivo. Volveremos a este aspecto más adelante.

La Teoría de la Autopoiesis en su formulación original, biológica, busca explicar el fenómeno de lo vivo y distingue, para ello, tres órdenes de realización. El primer orden, sistemas autopoiéticos de 1er orden, corresponde a los sistemas unicelulares, mientras que los de segundo orden son aquellos sistemas formados por sistemas de primer orden; nosotros como sistemas metacelulares pertenecemos a esta categoría, mientras que una de nuestras neuronas es un sistema de primer orden. Los sistemas de tercer orden como los sociales, o una colmena, son, como se puede suponer, agregados de sistemas de segundo orden.

Retomando el tema sobre la inexistencia de interacciones instructivas con el medio, el aprendizaje en la Teoría de la Autopoiesis se entiende como un proceso de cambio estructural y adaptación del sistema vivo, que surge de la interacción con el entorno y se basa en la autoreferencia y la construcción de la propia realidad. Así, el determinismo estructural que nuestra especie provee a sus miembros refuerza los diversos aspectos que hemos desarrollado en los ensayos anteriores avalando la hipótesis que el evento del Dryas Reciente y el previo choque con el cometа, como соmenta Hamilton, son determinantes en el cambio emocional de parte de la humanidad y, este cambio, avalaría el modelo propuesto que diferencia Yo, Ego y Sombra como significativo a partir de ese punto.

Para poder describir la relación de la Sombra con el Ego debemos recurrir a la Autopoiesis ya no como fenómeno biológico sino como modelo.

La explicación, que propone la autopoiesis biológica, es una tal que invierte la lógica estructura/función de modo que la función, en este caso la organización autopoiética, resuelve la estructura, es decir, primero función y luego la estructura; la cual media, posteriormente, a la función, como veíamos anteriormente al referirnos al aprendizaje. Al plantearse desde la lógica funcional/estructural entonces es factible ver la autopoiesis como un modelo donde, si se puede identificar los componentes que se autoproducen, entonces es factible su aplicación en otras áreas, cosa que Niklas Luhmann hace en la sociología.

En términos simples Niklas Luhmann quita a los humanos del sistema social, poniéndolos en su entorno, y redefine a éste como un Sistema Autopiético de Comunicaciones con fronteras de Sentido, es decir, de la misma forma que una célula produce los elementos que la componen (proteínas) los sistemas sociales reducidos a dinámicas de comunicaciones producen los elementos que lo componen (comunicaciones), donde el selector clave de las que pertenecen al sistema, de las que no, es el Sentido

El desarrollo conceptual de Niklas Luhmann es interesante ya que nos permite revisar con la misma lógica autopoiética de 1er (y 2do) orden tanto los sistemas biológicos como los sistema simbólicos que los humanos construimos sobre ellos, de hecho, el mismo Luhmann hace referencia a los sistemas psíquicos usando el modelo de la autopoiesis donde los componentes son los pensamientos (que producen pensamientos), con un selector de sentido similar al de los sistemas sociales.

En la próxima entrega revisaremos como el Ego se puede articular sobre este último a partir de la negación (o no) de la Sombra


(Publicado originalmente en gustavodonoso.substack.com, Apr 11, 2026)