Hace un par de semanas una antigua amiga me pidió que le explicara el porqué de mi poema “Cuestión de identidad” (que gracias a Suno tiene una versión musical):
Después de enredarme en algunas propuestas algo obtusas y potencialmente aburridas sobre la historia de reflexiones que dieron origen a los conceptos que subyacen al poema, opté por este ensayo.
Mi profesión es de Ingeniero, con especialidad en Ingeniería de Software que, bien mirado, está bastante lejos de cualquier tema relacionado con la identidad, el yo, la consciencia, o todos y cada uno de los conceptos de los cuales habla el poema. Lo que vale, por supuesto, como excusa de la falta de rigurosidad y referencias aquí a estos temas.
Pero, por mi profesión, también, pude interesarme en la Teoría de Sistemas Autopoiéticos y, curiosamente, en aquella teoría estaba lo que presumo era lo que podría ser una respuesta a un gran dilema que presentaba el desarrollo de software, en aquella época de inicios de los 90s, y de cualquier intervención organizacional, en general.
Independiente de lo que ocurre en los sistemas de software y las organizaciones, (que con algún matiz puede ser aplicado a Sistemas Sociales) la Teoría de la Autopoiesis puede ser, entre otros, un buen elemento teórico para intentar profundizar esta cuestión de identidad.
El poema habla de mi propia vivencia de observación casual de la vida salvaje en mi país. Si bien la experiencia con el puma corresponde a un par de encuentros nerviosos, la observación de las bandadas de choroyes, así como de los peces era una situación habitual en la precordillera que, por aquel entonces, me contenía. Asumo, por tal observación, que todas las especies salvajes no presentan problemas de identidad: son. El puma es un puma, así como los demás también son.
Quizá el único matiz a esta forma natural del ser, a la expresión natural de la identidad, está en que todo individuo de cualquier especie tiene una línea de desarrollo que cuando se quiebra puede afectar la expresión de aquel ser.
Por ejemplo, hay observaciones documentadas que validan que el quiebre de un proceso natural de “inducción” a la vida ejercida por la madre puede determinar comportamientos asociales, no “normales”, en los indivíduos adultos.
Así habría, por tanto, un proceso natural asociado a la especie que permite que la expresión del Yo se logre en plenitud. Los individuos que presentan dificultades son, probablemente, raros en la naturaleza.
Nuestra especie no es ajena al proceso anterior, como bien lo documenta la Teoría del Apego, donde la relación de amor incondicional y tranqilidad entre el cuidador y el niño determina la clase de apego que éste último desarrollará como adulto.
El poema anterior busca retratar, en la segunda parte, las características de un Yo seguro, principalmente desde la perspectiva de la identidad, la cual no está en juego independiente que puede diluirse en el todo. Por el contrario, el apego seguro habilita al Yo para ser parte del todo, de un todo que contiene, amable, respetuoso. No existe así, en esas condiciones, la pregunta por el “¿quién soy?”, ya que se hace innecesaria del mismo modo que para el puma, el ave o el pez.
En contraste, es válido proponer que apegos inseguros debilitan el Yo al punto de hacer emerger un Ego como respuesta inconsciente, probablemente, al problema que plantea, para el niño, la inseguridad. Un apego inseguro impacta en el espacio emocional del niño, desequilibrando y, de cierta forma, obligando a éste, posteriormente, a construir, en forma inconsciente la mayoría de las veces, un Ego que le permita o le ayude a intentar reequilibrar la dinámica emocional distorsionada por el apego inseguro. Es en el Ego y no en el Yo donde reside, entonces, la pregunta por el Ser.
Un niño, o un adulto, con un espacio emocional equilibrado no ve, no siente, el mundo como un entorno amenazante dado que está provisto de una identidad segura, de un Yo que le permite, sin conflictos, ser parte de un todo. Por el contrario, para alguien cuyo espacio emocional es fuente de inseguridad entonces la pregunta por el Ser es existencial en el entendido que es la misma idea del Ser la fuente de conflicto. Así, el Ego como construcción psíquica, requiere en forma permanente volver a la cuestión por el Ser que, además, extiende, en forma natural, al “Tener” como mecanismo externo de seguridad.
Pero la búsqueda de la seguridad perdida y, por lo mismo, del Yo no es trivial ya que tanto el espacio emocional (biológico) como el espacio psíquico son ambos, probablemente, autopoiéticos y, por lo mismo, cerrados a la información.
En un siguiente ensayo profundizaré en este aspecto.