Hace 12.800 años la tierra fue impactada por la cola de un cometa. Con ello se dió origen a una de las extinciones más recientes y, también, a un profundo cambio en la humanidad. Aquel fenómeno generó incendios gigantescos alrededor del globo, cambiando por varios años las condiciones de vida en los distintos continentes, tanto es así que aquel evento se considera una de las principales causas de la extinción de la mega fauna con la cual nuestros ancestros humanos y homos habían convivido por siglos. Esa es, también, la razón principal por la cual Adán y Eva fueron expulsados del paraíso.
Reflexionemos por un momento. Si en la tierra, previa al choque con la cola del cometa, habitaban sin problemas mamíferos de un tamaño descomunal eso nos dice, o nos intenta decir, que aquella tierra tenía características que permitían, quizá fácilmente, soportar tal carga y, por lo mismo, nuestros ancestros cazadores/recolectores, contemporáneos a la misma, prácticamente vivían en la abundancia. Es decir: la tierra era un paraíso.
Hasta que cayó fuego del cielo y ese paraiso se transformó en un infierno.
Independiente de las interesantes implicaciones teológicas que tiene aquel fenómeno, nuestros esfuerzos actuales en estos post se relacionan con buscarle continuidad a la explicación sobre la cuestión de identidad del ensayo anterior - dejaremos pendiente las apetitosas implicaciones teológicas. Si recuerdan, en él analizabamos un poema que planteaba, en lo central, que la cuestión de identidad era un tema sin importancia para las otras especies y que, por el contrario, eran muy relevante para la nuestra en el entendido que la pregunta por el Ser es fundamental, y central, en lo que entendemos por conocimiento. Basta revisar la literatura filosófica para encontrar importantes esfuerzos en responder una pregunta que para la mayoría de las especies está debidamente resuelta con el sólo hecho de existir.
Así, sin mucho esfuerzo intelectual, es posible unir algunos puntos.
Si nuestros ancestros, previo al choque de la tierra con el cometa, vivían en el paraíso, es muy probable que los problemas de apego inseguro, de los cuales hablamos en el ensayo previo, no hayan sido relevantes en aquellas sociedades paradisiacas. De hecho es posible inferir que probablemente las relaciones de cuidado y la existencia tribal, de aquellos tiempos, hayan provisto fácilmente el amor incondicional y la tranquilidad necesarias para que el desarrollo de los niños permitiera apegos seguros y, por lo mismo, un Yo sano y la ausencia de Ego.
Pero la vida paradisiaca termina con la llegada del cometa y aquí es posible inferir, como lo hace James Hamilton en el libro Homo Exul, que las condiciones de vida de nuestros ancestros cambiaron radicalmente y la supervivencia extrema se hizo la norma. Es probable que la dieta rica y variada se haya perdido, sustituyéndose por cereales resistentes a las duras condiciones de esas años. Para inferir lo anterior basta comprender que parte importante de la dieta de aquel paraíso se basaba en frutos de árboles y arbustos que fueron arrasados por los incendios, quedando sólo disponibles, por años, los frutos de plantas anuales, que, curiosamente, es la base de la actual alimentación. La crianza sufre el impacto de la necesidad, el destete es temprano, no más de un año probablemente, ya que el alimento escasea, permitiendo el embarazo continuo de la mujer, aumentando las poblaciones y la presión por los pocos alimentos disponibles. La tranquilidad se ha perdido, es difícil sostener ambientes amables para la crianza y el apego seguro da paso a una serie de inseguridades que debilitan al Yo y, probablemente, definen el surgimiento del Ego de la mano de los apegos inseguros.
Como una disgresión interesante, es factible imaginar, también, que tal evento funcionó como catalizador de las domesticaciones de plantas, animales y, probablemente, de la mujer; dando origen, respectivamente, a la agricultura, la ganadería y a la cultura autodestructiva que conocemos actualmente con el equivoco nombre de patriarcado. Fin de la disgresión.
Volviendo, entonces, a lo que nos interesa debemos detenernos por un momento y preguntarnos: ¿qué es el Ego? o ¿cúal es la proposición para eso que llamamos Ego? Básicamente, dentro del contexto definido por la Teoría del Apego, podemos inferir que en los apegos inseguros es altamente probable que se desarrolle el Ego como una forma de resolver los vacíos emocionales que se producen en la crianza. Un Yo, como apego seguro, estaría articulado sobre un espacio emocional equilibrado que, si lo imaginamos, se articula en torno a la emoción del amor como el “bajo continuo” vital, (amor entendido como aceptación o respeto) y sobre esa emoción vital se organiza todo el resto de emociones, las cuales se expresarían con total libertad por un instante de tiempo limitado para luego retornar al estado de reposo sobre la emoción del amor (aceptación/respeto). No es distinto a la imagen que ocurre en la naturaleza cuando aquel impala huye del chita en una persecución intensa de algunos minutos, que, concluida, pasa a un estado posterior de reposo. Actividad intensa seguida de reposo fue uno de los aspectos que observó Goste Holmer al desarrollar el exitoso método de entrenamiento de corredores llamado Fartlek en la Suecia de la década de 1930.
Así, es probable que la expresión de una emoción solo debería tomar algunos minutos, intensos probablemente, para luego retornar al estado de reposo amoroso.
Cuando hay un desequilibrio emocional producto de la dificultad del niño de obtener un cuidado en amor incondicional y tranquilidad, entonces esta combinación entre emoción/amar (acción/reposo) no ocurre o no se expresa adecuadamente ya que se ha debilitado el aspecto amoroso de la ecuación. No habría aquí un estado de reposo válido y la expresión de la emoción se extiende, probablemente, mas de la cuenta. Entonces el Ego es o sería una respuesta psíquica, probablemente inconsciente, que permite al niño manejar esa situación donde el estado de reposo emocional está debilitado o no existe.
Asi el fin de aquel paraíso prehistórico determina, probablemente, el inicio de la historia del Ego.
En los próximos ensayos veremos las implicancias emocionales, psíquicas y culturales que aquello ha acarreado a la humanidad.
(Publicado originalmente en gustavodonoso.substack.com,Mar 27, 2026)