Suponiendo que el modelo Yo-Ego-Sombra es pertinente y, considerando la hipótesis que sí el par Sombra-Ego está desarrollado entonces el Yo estaría, notablemente, disminuido. Puede ser que haya, entonces, algunos problemas que sea necesario abordar.
Por la Teoría del Apego sabemos que el Apego Seguro excluye, de alguna manera, a los Apegos Inseguros y viceversa, lo que avala el considerar la exclusión mutua entre Yo y Ego, en nuestro modelo, como un aspecto posible. Así, ante la eventual inexistencia del Yo y su reemplazo por el Ego podemos hacer un par de preguntas: ¿es algo negativo tener como identidad un Ego? ¿Es posible reemplazar un Ego por un Yo en la vida adulta?
En el caso de la primera pregunta hemos, en general, asociado el Ego a Apegos Inseguros y, por lo tanto, este tipo de identidad tiene como trasfondo emocional problemas importantes de aspecto relacional que limitan y complican su estar en el mundo a partir de la premisa, errónea, que este mundo es una fuente infinita de inseguridades. Paradojalmente estas inseguridades no pueden ser eliminadas cambiando las condiciones relacionales en las que se está, dado que aquellas inseguridades ocurren, principalmente, sobre los sistemas que hemos identificado en los ensayos anteriores (bio-neuro-psico-social parafraseando a Edgar Morin) y que responden, cada uno, a lógicas autopoiéticas y, en conjunto, a una complejidad multidimensional cuya raíz está en la infancia y mas allá (a través de la epigenética) y no en el presente.
Si bien, como hemos postulado, la situación normal de nuestra cultura actualmente es una tal que la identidad basada en el Ego es propia de la mayoría donde tanto las relaciones como el entorno material aportan a la misma y, por lo tanto, es factible que tal identidad y sus problemas asociados no sea, finalmente, una carga insoportable en tanto las condiciones de atenuación de los problemas subyacentes se mantengan y respondan a la lógica de “lo normal”.
En escritos anteriores hicimos una referencia al declive de la producción de petróleo, que comienza en estos días, como la razón principal del declive de la civilización industrial; ello determinará, para la mayoría de las personas vivas actualmente, importantes cambios en las condiciones materiales y relacionales de existencia, ya no como crisis puntuales sino como un escenario permanente de declive y cambio; lo que reducirá la capacidad de la civilización de proveer las condiciones de atenuación de los problemas asociados al Ego lo que puede resultar difícil de llevar para algunos. Como ejemplo simple considere la dificultad de mantener y renovar un automóvil en un entorno cada vez mas desindustrializado, no dudamos que muchos Egos resuelven las carencias de la Sombra con este ícono de la industria.
Pero quizá lo mas singular de vivir con Ego es la dificultad de manejar complejidad. Si bien esta idea es una hipótesis que se agrega al stock de las mismas en estos ensayos no parece algo tan descabellado por dos razones: primero, el Ego, como lo hemos caracterizado, sería una respuesta principalmente neuro-psico-social y sabemos por los experimentos de George Miller en 1956 que nuestro cerebro puede manejar simultáneamente un máximo de 9 elementos independientes, más allá de ese número se comienza a agrupar los elementos individuales en conjuntos (realmente es nuestra memoria a corto plazo la que hace aquello, extenderlo a nuestro cerebro es una libertad, quizá inadecuada). Manejar como máximo 9 elementos esta lejos de ser considerado algo complejo. Así, desde la psicología individual, la complejidad es mas bien un problema, por lo cual el mecanismo usual es su reducción, ya sea por agrupación o por descarte lo que valida, desde ambas perspectivas, la incapacidad del Ego de manejarla. Suponiendo que las categorías que organizan al Ego cumplen estas restricciones ya tendríamos una evidencia de la dificultad para manejar complejidad, pero quizá el mayor problema radica en los pivotes emocionales de la Sombra que, como vimos en otros ensayos, organizarían el espacio emocional sobre, quizás, dos o tres “atractores” quitando, con ello, “sensibilidad a los detalles” y perdiendo, por lo mismo, capacidad de manejar escenarios complejos. En este escenario emocional (bio-neuro-psicológico), por otra parte, la complejidad se resolvería adecuadamente en el espacio emocional equilibrado del Yo usando lo que identificamos como intuiciones, que tienen un rastro evolutivo de millones de años. Sumado lo puntos anteriores entonces el cuadro de evidencia para la dificultad que presenta el Ego de resolver complejidad estaría adecuadamente configurado.
Como digresión es necesario hacer notar que las civilizaciones pueden manejar complejidad a nivel conceptual, es el individuo el que tiene dificultad en ello. Fin digresión.
Pero el principal problema del Ego es la dificultad de manejar adecuadamente las relaciones. Nuestra hipótesis es que hay una correlación entre la presencia de Ego y los Apegos Inseguros lo que determinaría que las relaciones sociales del Ego están enmarcadas por las dificultades asociadas a estos. Del mismo modo hemos establecido que la dupla emoción/amor (acción/reposo) no ocurría o era deficitaria ya que se ha debilitado el aspecto amoroso de la ecuación. Es importante detenerse en este punto ya que la definición de amor que usamos es la propuesta por Humberto Maturana y que él describe como: “El amor es la aceptación del otro como un auténtico otro en la convivencia”. Definición de amor que también podemos aplicarla como definición de aceptación o respeto.
El amor para Maturana es constitutivo de lo humano ya que las interacciones de aceptación recurrentes posibilitaron la emergencia del lenguaje y, con ello, lo que podemos identificar como humano. Es a través de la presencia del cuidador en el respeto que esa emoción base se desarrolla en el niño y a partir de ahí todo lo demás; sin un buen desarrollo del amor, identificado como la aceptación a sí mismo, el respeto de sí mismo, y de ahí al otro como un auténtico otro, no hay desarrollo equilibrado del espacio emocional y, con ello, llegamos a la situación actual donde el amor se confunde con necesidad del otro, con posesión o con dominio, entre otras emociones que son sólo diferentes interpretaciones de las carencias de la Sombra que hacen distintos Egos.
Es posible seguir enumerando dificultades asociadas a la interpretación que hace el Ego de los flujos naturales de la vida pero nuestra intensión es comenzar a resolver la pregunta de si es posible revertir, en la vida adulta, un proceso que ha derivado en la Sombra y el Ego. La respuesta es si, desde el sentido común es factible hacer esa transformación ya que todos los sistemas involucrados (biológico, nervioso, psíquico y social) en la formación de la Sombra y el Ego son plásticos y tienen capacidad de transformación, es decir, tienen capacidad de aprendizaje.
En el próximo ensayo profundizaremos en este aspecto de lo que llamo la Reconstrucción Amorosa del Yo.
(Publicado en gustavodonoso.substack.com, Apr 25, 2026)