sábado, mayo 09, 2026

Reconstrucción amorosa del Yo (Nunca es tan tarde para una transformación)

(Publicado en gustavodonoso.substack.com, May 02, 2026)

En los anteriores ensayos hemos establecido una serie de hipótesis que se orientan a describir una deriva de nuestra especie que la hace singular y que, por lo mismo, la alejaría del patrón usual de las otras especies que, de una u otra forma viven en el respeto, con menos consciencia pero, naturalmente, suponemos mejor orientadas sobre los flujos de la vida.

Hemos considerado plausible la hipótesis que el choque con el cometa y el posterior evento del Dryas Reciente fueron fundamentales en el surgimiento individual (y colectivo) del par Sombra/Ego que todavía determinan la forma en que los humanos nos relacionamos entre nosotros y con el resto de los seres y el paisaje.

Junto a lo anterior propusimos un modelo simple de Yo vs. Sombra/Ego para trabajar esta diferencia entre la humanidad primitiva y la actual. De la misma forma planteamos un modelo bio-neuro-psico-social basado en la Teoría de la Autopoiesis para ir delimitando los alcances de la Sombra y el Ego en una perspectiva individual, tanto desde la doble necesidad de explicar como la de evaluar un camino de transformación entre una identidad basada en Ego a una basada en el Yo. Esto dado que, por una parte, la identidad basada en el Ego presenta algunas debilidades como la dificultad de manejar complejidad y la imposibilidad de acceder al amor y, por otra, evaluamos que es factible esa transformación debido, en principio, a la plasticidad estructural de todos los subsistemas involucrados.

Normalmente cuando se emprende un camino es adecuado saber o tener una idea del destino al que se quiere llegar, independiente de disfrutar del paisaje y de los naturales desvíos, el destino sigue siendo un punto importante. En nuestro caso aquel destino es el Yo, que de alguna manera describe aquel poema original aunque en este punto es posible mejorar esa descripción señalando algunas características mas concretas. En primer lugar está la descripción del Apego Seguro, que da señales de su comportamiento relacional. En segundo lugar, complementario a lo anterior, es el concepto de Autoestima, por lo cual una serie de características asociadas a las personas con autoestima son asimilables a un Yo. También está el modelo de equilibrio emocional que insinuamos anteriormente y que podemos describir como “emociones que flotan en un mar de amor” dando forma metafórica al funcionamiento interno del modelo acción/reposo adaptado del método Fartlek de Gosta Holmer.

En el fondo un Yo es una dinámica de identidad transparente, flexible, amorosa y coherente que puede disfrutar “con todo y con nada” como decía Antony de Mello.

Aquí cualquier Ego bien temperado dirá que también puede disfrutar “con todo y con nada”, cosa que sabemos que es un imposible ya que la Sombra dicta y determina la “Zona de Confort” donde aquel Ego puede moverse.

El proceso de transformación propuesto como una “Reconstrucción amorosa del Yo” no es trivial, por varias razones. La más simple de abordar es la dificultad de activar el parametro “amorosa”; el proceso original, básico, estándar, contempla, para el niño humano, un ambiente protegido de amor incondicional y tranquilidad, donde el cuidador principal desarrolla la emocionalidad de aceptación que permite al niño la necesaria libertad de exploración en un ambiente seguro. Con ello el aprendizaje y el desarrollo de la base emocional equilibrada y, sobre todo, de la emoción clave del amor se lograrían adecuadamente, lo que daría origen al desarrollo de un Yo. En cambio, para un Ego, el proceso anterior ha sido deficitario por lo tanto la base amorosa es débil o inexistente.

Así, el primer paso de cualquier proceso de reconstrucción es comprender aquello.

En segundo lugar, es probable que haya sombra y mecanismos psicológicos que la alimenten, haciéndola, quizá, mas oscura e inmanejable por el Ego. Por lo cual la posibilidad de crear las condiciones de transformación en este escenario endurecido se hacen más improbables.

Ambos temas, relacionadas con nuestro espacio emocional, son complejos y, en la realidad, son indiferenciables ya que, por supuesto, no existen como tales, del mismo modo que ninguno de los conceptos aquí vertidos escapan al necesario reduccionismo que nuestra naturaleza humana determina. Son modelos hipotéticos de una realidad extremadamente compleja e ignota. Para un ejemplo simple de la complejidad subyacente a todo nuestro entramado bio-neuro-psico-social basta con averiguar el número de mitocondrias de una neurona: que va de cientos hasta más de dos millones. Donde nuestro cuerpo tiene mas de 80 mil millones de neuronas.

¿Por qué ejemplifico esta complejidad con una mitocondria? Porque la mitocondria es un orgánulo descendiente de una bacteria procariota y sin mitocondrias no existirían animales, plantas ni hongos. Fue el paso clave para que la vida se volviera compleja a través, principalmente, de surgimiento de bacterias eucariotas. Y, también, por que una mitocondria, en el pasado remoto, fue el único tipo de habitante vivo en este planeta por millones de años.

Asi es como nuestra psicología, vemos, no tiene remoto acceso a nuestra complejidad y tampoco nuestra psicología colectiva relacional, que llamamos sistema social, lo tiene, entonces estamos frente a un tema que funciona necesariamente en el ámbito del respeto. ¿Qué significa lo anterior? En los ensayos previos nos hemos tomado la libertad de hacer una equivalencia semántica implicita entre amor, aceptación y respeto, hemos, también, usado la definición de H. Matnana para el amor y, finalmente, en este ensayo hicimos notar que el aspecto “amoroso” de la reconstrucción de Yo es problemático ya que para el Ego es deficitario. Así, cuando hacemos notar la extrema complejidad biológica de los sistemas a la base del Ego o del Yo estamos articulando una característica fundamental de los procesos de conocimiento: la ignorancia. Aceptar nuestra ignorancia individual y, también, colectiva de estos procesos es, por cierto, un punto de partida que valida planterse las hipótesis y los modelos que hemos definidos pero, también, al aceptarla estamos dando un ejemplo de como funciona el amor/aceptación/respeto habilitando la posibilidad de conocimiento al permitir que la realidad se aproxime, así como se aproxima a aquel niño que explora en círculos cada vez mas lejanos a su cuidador.

No hay posibilidad de reconstrucción del Yo sin esta consideración. Dentro del proceso de reconstrucción, buena parte de los esfuerzos estarán centrados en la autoaceptación, es decir, en aceptarmos a nosotros mismos como “auténticos otros” y aquello puede ser una tarea muy difícil para alguien que tiene Sombra como una vulnerabilidad afectiva. El neuropsiquiatra Boris Cyrulnik nos dice: “... un niño que ha adquirido una vulnerabilidad afectiva se orienta hacia cualquier adulto, aunque no le sonría, a pesar de que lo rechace. Se queda a su lado porque lo necesita, aunque el adulto lo desprecie...”. En la edad adulta ese niño tendrá una autoestina muy débil y su necesidad de un Yo como el propuesto será adecuadamente satisfecha por un Ego, probablemente sin cuestionamientos, dado que toda la realidad social a su alrededor le asegura que esa es la forma en que la humanidad “es”.

Frente a ese escenario la reconstrucción del Yo es un proceso que plantea interesantes desafios.

Profundizaremos, en el próximo ensayo, este concepto central del amor como aceptación y, también, como respeto.