Cultura
Como somos, los hijos e hijas del Ego
Gustavo Donoso
Jun 06, 2026
Al final del ensayo anterior, casi como post scriptum, citábamos el libro de Humberto Maturana y Gerda Verden-Zoller: “Amor y juego”. La referencia era sobre el trabajo de la Dra. Verden-Zoller donde a través del juego con los niños era posible lograr importantes transformaciones, lo que avala la idea propuesta con nuestro modelo en cuanto a la forma de intervención desde los extremos biológico y social. Si bien nos enfocamos en la dieta hay múltiples aspectos biológicos que pueden ser usados: la respiración, el ejercicio, el juego, el ritmo, la escritura manual, etc. Los cuales, como propusimos, deben tener un aspecto social que aporte el sentido dentro del marco del proceso de transformación. En futuros ensayos retomaremos este tema.
Ahora, volviendo al libro, en él existe una sección desarrollada por Humberto Maturana que se titula “Conversaciones Matrísticas y Patriarcales”, un ensayo en el cual contrasta la cultura Matrística donde “la mujer tiene una presencia mística que implica la coherencia sistémica acogedora y liberadora de lo maternal fuera de lo autoritario y lo jerárquico” haciendo la distinción de Matrística con Matriarcal que para él esta última, “... significa lo mismo que la palabra Patriarcal, en una cultura en la cual las mujeres tienen el rol dominante”. Dentro de las páginas de aquel ensayo se puede encontrar la definición que da para cultura: “... es una red cerrada de conversaciones que constituye y define una manera de convivir humano como una red de coordinaciones de emociones y acciones que se realiza como una configuración particular de entrelazamiento del actuar y el emocionar de la gente que vive esa cultura”.
Maturana establece que “... la pertenencia a una cultura es una condición operacional, no es una propiedad intrínseca de los seres humanos que la realizan y que... puede pertenecer a diferentes culturas en diferentes momentos de su vivir, según las conversaciones en las que participe... “.
En general el ensayo se desarrolla en torno a la diferencia entre las culturas matrística y patriarcal, definiendo ambas y estableciendo una hipótesis del sugimiento de esta última a partir de la primera en torno, probablemente, a una especial relación de apropiación que fue desarrollándose junto a la operación de pastoreo, volveremos a aquello.
Nuestros ensayos han girado alrededor de la identidad y hemos dicho que, en forma muy simplificada, hay una identidad basada en el Yo y otra, que probablemente excluye a la primera, basada en el par Sombra/Ego. También hemos señalado que esta identidad basada en el Yo estaría asociada a los Apegos Seguros y que, muy probablemente, era del todo predominante en tiempos prehistóricos hasta, haciéndonos eco de la hipótesis del Dryas Reciente, fue reemplazada mayoritariamente por la identidad basada en Sombra/Ego que nos acompaña hasta nuestros días. Lo que no es muy distinto, como ya vimos, a lo que sostiene Hamilton y tampoco es distinto a lo que sostiene Maturana a partir, probablemente, de la tesis de Marija Gimbutas sobre las invasiones kurgan a la Europa neolítica, siguiendo la línea de razonamiento de Riane Eisler en el libro “El cáliz y la espada” (que prologa Maturana) y que, de alguna manera, anticipa esta distinción cultural que, posteriormente, hace él desde su cosmovision que emerge, principalmente, de la autopoiesis y del rol preponderante de la biología de las emociones. Es en el cambio del emocionar donde Maturana centra, principalmente, su explicación del surgimiento de la Cultura Patriarcal Europea, no como endémica del continente sino como el resultado de invasiones de pueblos pastoriles patriarcales indo-europeos (la tesis de Gimbutas). Lo que propone es que estos pueblos Indo-Europeos no eran originalmente patriarcales, sino matrísticos, pero que producto de una serie de cambios que van mutando el emocionar matrístico original hasta llegar a conservar, en forma transgeneracional, el nuevo emocionar y la red de conversaciones asociadas que corresponde a lo que entendemos hoy por Cultura Patriarcal. Ello ocurriría, según Maturana, asociado a comunidades humanas originalmente vinculadas a migraciones anuales de manadas de animales silvestres, donde éstas no poseían estos animales, por lo tanto no restringían el acceso a otros depredadores, como las lobos. Maturana propone que estas comunidades se transformaron en pastoriles cuando comienzan a restringir el acceso a la manada a los otros comensales y, por lo mismo, comienzan a apropiarse del rebaño.
La apropiación es, según Maturana, el primer paso de este cambio emocional, “... creando un borde operacional que negó al lobo el acceso a su alimento natural que eran los animales de la misma manada de la que vivía la familia que comenzó la exclusión”. Y aquí centra el origen del cambio emocional en la distinción que ocurre en la acción de matar, hay un matar para proveerse alimento y un matar, emocionalmente distinto, para conservar una posesión “... que queda definida como posesión en ese mismo acto.”. Maturana, a partir de ese punto desarrolla una serie de argumentos interesantes que permiten consolidar su idea del surgimiento y evolución de la Cultura Patriarcal centrada en la apropiación, la dominación, el poder (y la gloria, agrego). Recomiendo su lectura.
A lo anterior también resulta interesante agregarle una reflexión sobre el impacto que puede haber tenido, además, la naturaleza simplificada asociada al paisaje estepario y, en forma adicional, la dieta. Ello en referencia a los puntos que hemos revisado previamente.
Por otra parte, en el prefacio de una edición revisada del libro “De Máquinas y seres vivos”, Maturana analiza el uso que hace Luhmann de la Teoría de la Autopoiesis, si bien insiste en su crítica a lo que considera un uso inadecuado del concepto (que desde mi perspectiva surge por que lo invalidaría como explicación funcional de lo que es la vida) también avala la posibilidad de considerarlo útil como descripción de cultura.
Si nos detenemos y pensamos en las ventajas que tiene considerar la cultura como una variación de los Sistemas Sociales propuestos por Luhmann, la oportunidad reflexiva, y práctica, que entrega esta sugerencia de Maturana es muy interesante, de hecho, como ejemplo, nuestro modelo podría conectar directamente la inseguridad biológica del Apego Inseguro con el emocionar patriarcal de la inseguridad que, como dice Maturana: “... en la medida en que se empezó a perseguir al lobo para impedirle su acceso a su alimentación normal, surgió la inseguridad a través de la pérdida de confianza que traía consigo la continua atención que había que tener en las conductas de protección de la manada frente al lobo que había sido excluido como comensal natural... “. Así, independiente de la existencia de una inseguridad como emoción (o como Sombra) la Cultura Patriarcal hace de la Inseguridad un sentimento que puede ser fácilmente alimentado por comunicaciones en el ámbito de su Sentido.
A modo de digresión, podemos decir que nuestro modelo puede describir, y hacer, una distinción entre estos dos conceptos (lo que agrega una nueva hipótesis al stock). Una emoción es una dinámica corporal que va desde la biología hacia los otros subsistemas del modelo, abriéndose paso en las coherencias establecidas por las recurrencias hacia lo social (o no). Un sentimiento, por el contrario, puede ser visto como una interpretación finalmente emocional (o no) de un concepto social, es decir, dentro de nuestro contexto un sentimiento es un concepto, en rigor una comunicación, que se abre paso por las coherencias hasta llegar al nivel biológico. En otros ensayos retomaremos este tema clave con mayor profundidad.
Así, volviendo a la posibilidad de modelar la cultura como un Sistema Social de Luhman es necesario identificar el Sentido que estaría detrás de la selección de las comunicaciones de apropiación, dominación, poder, etc. que, según Maturana, caracterizan nuestra cultura. Por lo mismo, no está de más en este punto revisar la caracterización de la Cultura Patriarcal que hace Maturana desde “... la red de conversaciones que traen a la mano:
a) relaciones de apropiación y exclusión, enemistad y guerra, jerarquía y subordinación, poder y obediencia;
b) relaciones ... de desconfianza activa... Y un deseo por la dominación y el control;
c) relaciones con el vivir... en búsqueda ansiosa de la seguridad que trae consigo la abundancia unidireccional que se obtiene al valorar la procreación, la apropiación y el crecimiento sin límites,
d) relaciones de existencia mística ... en un deseo de abandonar la comunidad de lo viviente a través de una experiencia de pertenencia en una unidad cósmica que conforma un dominio de espiritualidad invisible que trasciende lo vivo. “
Nada muy esperanzador como se puede ver (y que se va haciendo más evidente en la medida que nuestra civilización se va quedando sin combustible y otros recursos).
Retomando, entonces, a Luhmann y su definición funcional de una cultura como equivalente a un Sistema Social, ella debería permitir, en su dinámica autopoiética a partir de un Sentido, generar la estructura de los puntos descrita por Maturana. Si bien no profundizaremos aquello aquí lo que se puede decir es que, desde mi perspectiva, un candidato muy adecuado es el sentido de la Competencia. Las comunicaciones que realizan el Sentido de la Competencia tienen “sentido” en la Cultura Patriarcal Europea. No esa competencia edulcorada de los Juegos Olímpicos sino una bastante mas violenta (como la que puedes ver incrementándose desde tu ventana en este año de 2026).
Ya tendremos tiempo mas adelante para profundizar las implicancias de esta nueva definición de Cultura Patriarcal. Ahora, para terminar, considerando la estructura de la cultura propuesta por Maturana, más la función de “producción autopoiética” centrada en el Sentido de la Competencia (violenta) que forzamos sobre la teoría de Luhmann podemos decir que la identidad que se adapta mejor a nuestra cultura es aquella que presenta rasgos psicopáticos. Es decir, nuestra Cultura de la Competencia (así la llamaremos en adelante para aliviarnos del escarnio público a nosotros: los patriarcas) y su conjunto de comunicaciones que producen comunicaciones (sobre los distintos Subsistemas Sociales que se crean bajo su influencia) presionan el ala social de nuestro modelo para transformar nuestra identidad en una con rasgos psicopáticos.
Un Ego psicopático.